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La Manada de Marcial Maciel acecha
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La Manada de Marcial Maciel acecha

Los discípulos del pedófilo serial eligen al nuevo jefe de los Legionarios de Cristo

Publicado el 18 de enero 2026
  • Derechos Humanos
  • México

Una de las congregaciones con mayor influencia económica y política dentro de la Iglesia católica, los Legionarios de Cristo elegirán en unos días al nuevo jefe del clan fundado por Marcial Maciel.

Muerto en enero de 2008 en su mansión de Florida, la densa sombra de su fundador no desapareció con su cuerpo. Una manada de al menos 14 de los más duros discípulos de Maciel se alistan para elegir a partir del 20 de enero al nuevo líder de una congregación que sólo ha mudado de piel.


A Marcial Maciel le gustaba la merluza del mar cantábrico: un pescado tradicional del norte de España que se prepara rebosado. Maciel llegaba a Roma y la cúpula de los Legionarios de Cristo activaba un protocolo: un asistente tomaba el avión de las 04:50 de la mañana con destino a Madrid, iba al mercado a comprar pescado fresco y volvía a Roma en el vuelo más próximo. Su cocinero personal —originario de Michoacán, igual que Maciel— le cocinaba la merluza y le tenía listo su whisky favorito. 

La historia me la cuenta un testigo directo, un ex legionario de Cristo que –como muchos en esta trama– prefiere hablar desde el anonimato. Pero se puede hacer una lista de los pecados y excesos similares del fundador de los Legionarios de Cristo: adquirir un Mercedes Benz deportivo; mirar pornografía en televisión; acudir a la ópera -vestido de civil- acompañado de alguna mujer, o comprar lencería para sus amantes. Eso sin enumerar las acciones francamente delictivas como abusar sexualmente de menores de edad, viajar con pasaportes falsos, o encubrir a otros legionarios pederastas cambiándolos de ciudad y a veces de país.

Ese pedófilo serial, que fundó una de las congregaciones más poderosas de la Iglesia católica, ¿pudo haber hecho esas cosas absolutamente solo, sin la complicidad de decenas de personas dentro y fuera de la Legión de Cristo?

La pregunta es retórica: no lo hizo solo y contó siempre con cómplices y encubridores. 

Marcial Maciel Emilio Azcárraga
El cardenal Norberto Rivera, Girolamo Prigione (embajador de El Vaticano en México) y Marcial Maciel, posiblemente en el funeral de Emilio Azcárraga Milmo.

Algunos de estos cómplices están ahora en Roma a punto de iniciar el “Capítulo General” de la Legión de Cristo. Esta es la suprema instancia de decisión de la congregación que fundó Marcial Maciel en 1941. El Capítulo General –un cónclave interno– trazará las líneas de la Legión para los siguientes seis años y elegirá al cuerpo directivo para ese mismo periodo. 

A partir del 20 de enero y durante dos o tres semanas, los padres capitulares –como se conoce a los 60 legionarios que lo integran— tratarán de darle respuesta a una nueva crisis de reputación en Los Legionarios de Cristo. Entre ellos hay una mayoría de sacerdotes relativamente jóvenes que no tuvieron mayor vínculo con Maciel. Al mismo tiempo, hay por lo menos 14 padres capitulares que aún representan la línea dura macielista; algunos de ellos son señalados de haber cometido abusos sexuales o abusosde autoridad contra sus compañeros.

Marcial Maciel, el lobo de Dios se convirtió en la serie documental más vista en América Latina en la historia de HBO-MAx. Pero Algunos ex legionarios cuestionan que la serie se enfoque en Maciel y omita señalar a la manada de lobos que lo encubrieron o lo imitaron.


El lobo de Dios y su manada

El Capítulo General de 2026 se celebrará en un momento de intensa presión social a los Legionarios de Cristo para que respondan por el sistema de abusos y encubrimiento que fundó Marcial Maciel y que –al menos en lo que se observa públicamente– no ha sido reformado por sus herederos. 

La serie de televisión Marcial Maciel, el lobo de Dios, estrenada el 14 de agosto de 2025, generó una nueva crisis en la congregación de ultraderecha. La serie documental de HBO-MAX muestra la vida de simulación de Maciel: venerado como un santo en vida, abusaba sexualmente de decenas de niños –incluidos sus propios hijos–; estafaba viudas millonarias y viajaba con pasaportes falsos.

La Legión de Cristo, además, invertía millones de pesos en paraísos fiscales y en sectores poco cristianos, como la pornografía y el comercio de armas. La historia criminal de Maciel se exhibía por primera vez a un público masivo y El lobo de Dios se convirtió en la serie documental más vista en América Latina en la historia de HBO-MAX.

Marcial Maciel con el papa Pío XII

Algunos ex legionarios cuestionaron que la serie se enfocara en Marcial Maciel y omitiera las redes de encubrimiento que hicieron posible la cadena de crímenes. Varios han señalado a la manada de lobos dentro de la propia Legión de Cristo que encubrieron al fundador. También, a aquellos imitadores de Maciel acusados de diversos abusos. 

“En orden de macielismo y que van al Capítulo General: Luis Garza, José Cárdenas, Eloy Bedia, Florencio Sánchez, Emilio Díaz-Torre, Roberto Aspe, Ramón Lucas, Kevin Meehan”, afirma en entrevista el ex legionario Cristian Borgoño, uno de los fundadores de la página de Facebook Legioleaks, foro de difusión de ex seminaristas, sacerdotes y consagradas que salieron de la congregación.

Alberto Lesso –un ex legionario que se ha vuelto viral en TikTok por sus videos sobre Maciel y la Legión— añade otros nombres: Alberto Simán, Sylvester Heereman, Miguel Cavallé, Rodolfo Mayagoitia y Benjamín Clariond como representantes del status quo macielista dentro de la congregación.


El cerebro financiero

“Tenemos tanto dinero que no sabemos qué hacer con él”. Esa fue la confesión que el sacerdote Faustino Pardo hizo a dos amigos suyos, ex legionarios ambos. Faustino Pardo fue el primer rector de la Universidad Anáhuac y se sinceraba respecto de la fortuna que había acumulado la Legión de Cristo. Maciel no sólo era un experto en sacarle dinero a los ricos. La Legión de Cristo era, en sí misma, un emporio educativo que construía colegios para las élites de México, España, Estados Unidos. Hasta la década de los noventa, el problema de los legionarios no era obtener más dinero, sino dónde ponerlo

Ese problema lo solucionó Luis Garza Medina, un hombre que provenía de una de las familias más ricas de Monterrey y de México: los fundadores de la cervecería Cuauhtémoc. Su hermano, Dionisio Garza, llegaría a presidente del Grupo Alfa. 

Marcial Maciel
Luis Garza, el cerebro financiero de la Legión de Cristo, en el lecho de muerte de Marcial Maciel.

corre la leyenda de que Luis Garza contrató detectives para documentar la vida de Maciel. Con esa información lo chantajeó y le quitó el control de la organización.

Marcial Maciel había llegado a Monterrey en la década de los 70: cultivó a las familias más ricas, fundó colegios para las élites y reclutó entre ellos a muchachos como sacerdotes y a mujeres como “consagradas” del Regnum Christi. Uno de esos jóvenes fue Luis Garza quien, antes de entrar al seminario, estudió ingeniería en Stanford.

Luis Garza ingresó a la Legión de Cristo en 1978 y en 1985 se ordenó sacerdote. Ascendió con velocidad y para 1992 ya era el vicario general de la Legión de Cristo: el número dos después de Maciel. Su función fue convertir a la congregación católica en una gran empresa trasnacional. Para ello, Garza promovió la creación del consorcio empresarial Integer; contrató a la consultoría Deloitte para ordenar la contabilidad y manejó dinero en paraísos fiscales, como lo revelaría después la filtración de los Pandora Papers. 

Luis Garza Medina era un CEO con sotana. 

Eran los años de esplendor de Maciel, cuando se daba vida de millonario: los mejores hoteles y restaurantes del mundo; vacaciones con sus familias secretas; aviones y helicópteros privados. Gastos que pasaban, todos, por el escritorio de Luis Garza. 

Luis Garza con el cadáver de Maciel

Entre los ex legionarios de Cristo corre la leyenda de que Luis Garza contrató detectives privados para documentar la doble vida de su jefe. Con esa información lo chantajeó: le quitó el control de la organización a cambio de silencio. 

“Luis Garza gobernó de facto la Legión desde el Capítulo General de 1992 hasta el 2005: la firma de Marcial Maciel era una pura formalidad. Eso lo puede confirmar cualquiera que haya vivido en la Dirección General con un cargo de cierta responsabilidad en esos años”, afirma Alberto Lesso, ex legionario de 41 años que entonces colaboraba en la sede central de la Legión en Roma.

En 2005, ya con una investigación abierta en El Vaticano por pederastia y abuso de drogas, Maciel se vio forzado a dimitir del cargo de director al Capítulo General celebrado en enero de ese año. Y aunque se esperaba que Luis Garza asumiera el timón, Maciel operó para que los padres capitulares eligieran otro sacerdote: Álvaro Corcuera, un hombre dócil y apocado, que no modificó las estructuras de encubrimiento en la Legión de Cristo, y falleció de cáncer cerebral en 2014.

Luis Garza nunca denunció a Marcial Maciel, ni en público ni ante autoridades civiles o religiosas. A cambio, negoció un retiro dorado a partir de 2011, cuando dejó el cargo de vicario general. Primero fue director territorial en Estados Unidos y después se fue como superior a las Filipinas. 

Actualmente Garza reside en México. Los legionarios mexicanos lo eligieron como padre capitular. De acuerdo con versiones recabadas por Fábrica de Periodismo, fue el candidato más votado. Ahora ese antiguo cómplice y competidor de Maciel será uno de los que definan el futuro de la Legión. 


Los amigos de las Normas

El 19 de mayo de 2006 el Vaticano emitió un comunicado de prensa con dos mensajes importantes: el primero, que cancelaba someter a Maciel a un juicio canónico, en consideración a su avanzada edad y estado de salud. Y el segundo: invitaba a Maciel “a una vida de oración y penitencia, alejada de todo ministerio público”. 

El fundador de los Legionarios de Cristo se burló de la invitación del Vaticano. Los dos últimos años de su vida los dedicó a darse una vida de rey acompañado de una de sus familias: su esposa Norma Baños y su hija Norma Rivas Baños. Estuvieron en Londres y Polonia. Pararon en Capri, en donde decenas de sacerdotes legionarios de Cristo los agasajaron con comilonas y partidas de dominó; un conjunto de seminaristas les cantaba canciones rancheras (a Maciel no le gustaba el canto gregoriano o la música religiosa sino las rancheras mexicanas). Luego pasaron por Cotija, Michoacán, y recalaron en la lujosa mansión de Jacksonville, Florida, en Estados Unidos. La casona tenía su propia capilla y acceso a un lago artificial. 

Faustino Pardo y Marcial Maciel
Faustino Pardo y Marcial Maciel

En esa gira -en donde no hubo ni oración ni penitencia-, un grupo de sacerdotes legionarios estuvo presente. Aunque atestiguaron que Maciel tenía esposa e hija, optaron por guardar silencio y, en público, sostener la versión de que Maciel era un hombre santo.

Dos de esos hombres están hoy en prisión: Antonio Cabrera, acusado de abuso sexual de un menor, habita el penal de Barrientos en prisión preventiva mientras aguarda su juicio. Marcelo de Andrés está en prisión domiciliaria en España, acusado de abusar de ocho niñas en el Colegio Highlands School El Encinar, uno de los más exclusivos de Madrid. 

 Pero otros legionarios que acompañaron a Maciel y a sus mujeres en su gira del adiós son ahora padres capitulares. No hay registro, al menos no público, que ninguno de ellos haya reconocido una relación de complicidad con Maciel ni que haya pedido perdón por haber encubierto al fundador. Ellos son el estadunidense Kevin Meehan, el mexicano Emilio Díaz-Torre y el español Eloy Bedia. Éste último tiene su propia historia de encubrimiento.


El encubridor de Cancún

El modus operandi era siempre el mismo: la prefecta de disciplina, Aurora Morales, sacaba a la pequeña Analú del salón de clases y se la entregaba al director de la escuela, el sacerdote legionario Fernando Martínez. Él la conducía a la sacristía y ahí, ante las hostias consagradas, abusaba de la niña de ocho años. “Dios nos está viendo”, le decía para tranquilizarla. Estos hechos ocurrieron entre los años 1991 y 1992 en el Instituto del Caribe de Cancún, propiedad de los Legionarios de Cristo, y que luego cambiaría de nombre a Instituto Cumbres de Cancún.

El sacerdote legionario hizo lo mismo con más niñas, que denunciaron los abusos primero con maestras y luego con sus mamás. El padre de Analú Salazar –una de las víctimas- encaró al sacerdote y estuvo a punto de golpearlo. Luego acudió con el obispo Jorge Bernal, también legionario, que estaba al frente de la diócesis de Cancún. Y ahí se activó el mecanismo de encubrimiento. Primero Bernal disuadió a Efraín Salazar –el padre de la víctima— de acudir al Ministerio Público. Los hechos se cuentan en la entrada “Participación de los superiores en el encubrimiento de Fernando Martínez” del blog Veritas Liberabit Vos, que publica denuncias sobre diversos tipos de abusos legionarios.

Eloy Bedia, afirma este blog escrito por ex legionarios, era el director territorial de los Legionarios de Cristo en México. Siguiendo instrucciones de Maciel, viajó a Cancún a “controlar los daños” y mandó comprar un boleto de avión para Fernando Martínez. En lugar de dar aviso a la policía, Eloy Bedia se reunió con las mamás de las niñas para evitar que denunciaran y sacó a Martínez del país. Luis Garza Medina se estrenaba como vicario general, por lo que también estuvo al tanto de la operación. Ambos tenían la autoridad para remover al abusador y entregarlo a las autoridades pero prefirieron encubrirlo.

Norberto Ribera
Norberto Rivera, agasajado por Legionarios.

Fernando Martínez huyó a Europa. Muchos años después, el 2 de mayo de 2019, Analú Salazar reveló públicamente el abuso que sufrió de Martínez y el Vaticano lo retiró del sacerdocio. Cuatro años después, Martínez falleció en la impunidad el 3 de julio de 2023 en una casa de los Legionarios de Cristo al sur de Italia. 

“La responsabilidad tanto de Luis Garza como de Eloy Bedia es inexcusable; ambos procedieron ofreciendo un salvoconducto al depredador en lugar de actuar por la justicia y la verdad”, afirma el artículo sin firma del blog. 

Curiosamente, esta entrada de blog se publicó en noviembre de 2019, porque tanto Luis Garza como Bedia estaban por participar en el Capítulo General de enero de 2020 y estuvieron entre los candidatos más votados. 

“El gobierno general de los legionarios debe declarar la incapacidad de ocupar cualquier puesto o cargo de gobierno a todo aquel religioso que haya participado en actos de encubrimiento, revictimización y/o desprecio de las víctimas. El hecho de que entre los más votados para participar en el Capítulo se encuentren personas que han sido cómplices de graves delitos eclesiásticos y civiles habla del nivel moral de la Congregación”.

Y ahí están, de nuevo, seis años después, Luis Garza y Eloy Bedia como padres capitulares en el nuevo cónclave legionario.


A juicio en Chile

José Cárdenas, originario de Monterrey, es hoy uno de los hombres más poderosos de la Legión de Cristo: desde su cargo de administrador general, maneja recursos que –de acuerdo con cálculos del periodista Raúl Olmos— rondan los 600 millones de dólares al año.

“Es uno de los que más participó en manejos económicos turbios después de Luis Garza, y encubrió a Maciel descaradamente”, resume Cristian Borgoño, que renunció a la Legión de Cristo y ahora es sacerdote de la arquidiócesis de Santiago de Chile y académico en la Universidad Católica de Chile.

Cárdenas es administrador general desde 2014. Entre 2002 y 2012 fue director territorial de los Legionarios en Chile y Argentina. De acuerdo con una denuncia civil interpuesta por Rosario NN (se reservan sus apellidos por respeto a su privacidad), Cárdenas participó en violaciones y torturas contra Rosario cuando ella era menor de edad y residía en el Centro Estudiantil, la casa de las consagradas en Santiago, entre 2008 y 2010.

Por el tiempo transcurrido, las autoridades chilenas optaron por no presentar el caso ante un juez penal, pero permanece abierto el litigio civil.  

Cárdenas también participará en este Capítulo General. 


Sin esperanza

Marcial Maciel nació en 1920. En 1941 fundó la congregación de los Legionarios de Cristo: tres años después llegaron al Vaticano las primeras denuncias de abuso sexual a menores. Pero gracias a su minuciosa habilidad para corromper autoridades, Maciel pudo construir un emporio religioso en una impunidad que duró casi 50 años.

La verdad sobre su doble vida empezó a revelarse el 21 de febrero de 1997. Ese día, ocho ex legionarios hicieron públicos sus testimonios sobre la violencia sexual que ejerció Marcial Maciel cuando eran seminaristas y menores de edad. Unos meses después, su denuncia se transmitió por televisión, en CNI-Canal 40.

La respuesta de la congregación fue contundente: presionaron a los principales anunciantes para retirar su publicidad y asfixiar financieramente al canal hasta que terminó en bancarrota.

Alberto Lesso le pone nombre y apellido a quien ejecutó esa venganza: Jesús Villagrasa. En su lista de padres capitulares señalados, lo califica como “esbirro de Maciel”. Y añade: “se encargó de presionar a empresarios para cerrar Canal 40”.

Uno de aquellos primeros ocho denunciantes de Maciel es José Barba, quien sufrió abusos del fundador de los legionarios de Cristo desde 1955. Profesor retirado del ITAM, a José Barba los legionarios lo acusaron durante 10 años de calumniador y conspirador. Después, los crímenes de Maciel se volvieron inocultables y los Legionarios optaron por hacerse los sorprendidos: dijeron que ellos mismos habían sido engañados por el hombre al que llamaban “Nuestro Padre”.

En los últimos días de 2019 y los primeros de 2020, el entoncesdirector general de los legionarios, Eduardo Robles-Gil —quien también acudirá a este Capítulo General— se sentó a dialogar con José Barba. En esas reuniones había un testigo de calidad: un ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Unos días después concluyeron las conversaciones y, de acuerdo con Barba, los legionarios nunca emprendieron actos reparatorios de verdad y de justicia.

Hoy, seis años después, José Barba […] expresa su valoración del Capítulo General:

“No quiero emitir un juicio que parezca preventivo, omnímodo de desconfianza, pero puedo decir que no tengo esperanza basándome en las observaciones que durante varias décadas he tenido de la institución, no solo de Marcial Maciel: no tengo esperanza de que haya una forma de arrepentimiento, de voluntad, de ofrecer desagravio ni tampoco de una reparación de diversa índole”.

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