
Fernando Bonilla
Está cerca de cumplir 41 años y se encuentra en una etapa de euforia creativa. Su estruendosa irrupción como actor principal en la adaptación mexicana de La Oficina le ha dado una exposición que no conoció durante los 15 o 20 años en que estuvo concentrado en el teatro no comercial, a donde su corazón pertenece. Fernando Bonilla es heredero de una familia con dos lenguajes naturales: la actuación y una postura política crítica, cargada a la izquierda y teñida de rojo, que no teme discutir de los temas que afectan al país.
Durante años quiso alejarse de la sombra de su padre, el primer actor Héctor Bonilla, por lo que se negaba a pisar foros y escenarios en que la imagen paterna era imposible de borrar. No lo necesitaba. Su trabajo como director y dramaturgo eran reconocido y eso le bastaba. O eso es lo que entonces pensaba. Hasta que el fin de año de 2018 se dio cuenta de que el teatro exigía demasiado pero retribuía poco. Tan poco que no le alcanzó para solventar las vacaciones de sus dos pequeños hijos. Y en ese momento todo cambió. De eso y más habla en entrevista.









