Por qué la ciencia forense no siempre puede dar respuestas inmediatas y concluyentes: el caso de México
Lejos de la idea de certezas inmediatas, el trabajo forense en México está condicionado por la calidad de las muestras, los tiempos científicos y el contexto legal. Entender estos límites no debilita a la ciencia: la hace más rigurosa y confiable.
Durante años, la ciencia forense se ha presentado ante el público como una herramienta casi infalible. Series de televisión, documentales y titulares periodísticos han reforzado la idea de que basta una prueba de laboratorio para resolver cualquier caso de forma rápida y concluyente. En ese relato, el análisis químico aparece como una especie de árbitro final: objetivo, inmediato y definitivo. La realidad del trabajo forense, sin embargo, es mucho más compleja.
Quienes trabajamos en laboratorios forenses sabemos que los resultados no dependen únicamente de la técnica utilizada o del equipo disponible. Cada análisis está condicionado por una cadena de factores que comienza en el lugar de los hechos, continúa con la recolección y conservación de la muestra, y culmina con la interpretación de los resultados dentro de un marco legal específico. La ciencia forense no es lenta por falta de capacidad, sino porque su rigor exige tiempo y cautela.
El tiempo no es un lujo, es una necesidad
Uno de los principales malentendidos tiene que ver con los tiempos de análisis. Existen pruebas rápidas, como los ensayos colorimétricos utilizados para la detección preliminar de drogas o ciertas sustancias químicas, pero su función es orientativa. Un cambio de color puede sugerir la presencia de un compuesto, pero no confirma su identidad ni su pureza.
Las técnicas confirmatorias –como la cromatografía de gases o la espectroscopía infrarroja– requieren preparación de la muestra, controles de calidad, calibraciones y, en muchos casos, análisis comparativos con patrones certificados. Este proceso no puede acelerarse sin comprometer la confiabilidad del resultado. En contextos judiciales, donde la presión por obtener respuestas es alta, esta diferencia entre urgencia institucional y tiempos científicos suele generar tensiones.
Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) del gobierno de México, existen en la actualidad 132,135 desaparecidos en el país. Solo en el estado de Jalisco se han encontrado 186 lugares de inhumación clandestina entre diciembre de 2018 y febrero de 2025. Las cifras oficiales contabilizaron, además, 20,674 homicidios dolosos durante el pasado año.
Estas cifras ilustran la complejidad a la que se enfrenta los servicios que hacen de puente necesario entre la ciencia forense y la impartición de justicia. A la saturación de los Semefo (Servicio Médico Forense) o Incifo (Instituto Científico Forense), se suma la presión política y mediática que desencadenan los hallazgos de fosas y otras circunstancias relacionadas con el crimen organizado.
La calidad de la muestra condiciona el resultado
Otro límite poco visible para el público es la calidad de la evidencia analizada. A diferencia de la investigación académica, donde las condiciones pueden controlarse, el laboratorio forense trabaja con muestras reales: pequeñas, degradadas, contaminadas o mal conservadas. En ocasiones, la cantidad disponible es mínima o el material ha sufrido alteraciones por factores ambientales, manipulación previa o almacenamiento inadecuado.
Un análisis químico solo puede ser tan sólido como la muestra que lo sustenta. Cuando esta presenta interferencias o no cumple condiciones mínimas, el resultado puede ser inconcluso o limitado. Esto no implica una falla del laboratorio, sino una consecuencia directa de trabajar con evidencias que no siempre llegan en condiciones ideales.
Precisión técnica no equivale a certeza absoluta
También existe la idea de que un resultado instrumental es, por definición, incuestionable. Sin embargo, toda técnica analítica tiene límites de detección, márgenes de error y criterios de validación. Un espectro bien definido o un cromatograma claro no eliminan la necesidad de interpretación experta.
Muchas sustancias comparten estructuras químicas similares o generan productos de degradación que pueden inducir a conclusiones erróneas si no se analizan con cuidado. Por eso, el dictamen forense no es un simple reporte automático del equipo, sino una evaluación técnica que integra datos analíticos, controles de calidad y contexto del caso.
El peso del contexto legal y social
La ciencia forense no opera en el vacío. Sus conclusiones influyen en decisiones judiciales, administrativas y sociales que pueden afectar directamente la vida de las personas. Esta responsabilidad obliga a los peritos a ser especialmente prudentes en el alcance de sus afirmaciones.
En algunos casos, la conclusión más honesta es reconocer que no es posible determinar algo con certeza. Lejos de ser una debilidad, esta postura refleja un compromiso con el método científico. Sin embargo, en un entorno que espera respuestas claras y rápidas, las conclusiones condicionadas o negativas suelen generar frustración y desconfianza.
Reconocer que la ciencia forense tiene límites no la debilita; al contrario, la fortalece. La transparencia sobre lo que un análisis puede y no puede resolver protege tanto a los profesionales como a las instituciones, y reduce el riesgo de decisiones basadas en expectativas irreales.
Rafael Uriel González Lozano, Perito profesional de Química Forense, Universidad Autónoma del Estado de Morelos
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.





