Samanta Schweblin, escritora argentina, gana premio Aena con libro de cuentos
La escritora argentina Samanta Schweblin gana la primera edición del premio Aena con el único libro de cuentos en la competencia.
El Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana celebró ayer su primera edición en el Museo Marítimo de Barcelona. Resultó ganador el volumen de seis cuentos El buen mal, en el que la escritora argentina Samanta Schweblin despliega una serie de estrategias narrativas para contar “la frontera entre lo posible y lo imposible”, en palabras de la escritora Rosa Montero, quien presidió el jurado.
Además de Montero, el jurado estuvo integrado por figuras del medio literario como Pilar Andón, Leila Guerriero, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop y el mexicano Élmer Mendoza, los cuales fueron responsables de declarar ganadora a Schweblin entre un grupo de finalistas que también incluyó al colombiano Héctor Abad Faciolince, por su crónica testimonial Ahora y en la hora (Alfaguara); a la chilena Nona Fernández, por su nueva indagación literaria Marciano (Random House); y a los españoles Marcos Giralt Torrente y Enrique Vila-Matas, por sus novelas Los ilusionistas (Anagrama) y Canon de cámara oscura (Seix Barral), respectivamente.
Los cuatro libros finalistas y el libro ganador fueron publicados a lo largo del 2025.

Cabe señalar que el Premio Aena, dotado de un millón de euros para la ganadora y 30 mil euros para cada uno de los cuatro finalistas, se ha visto envuelto en críticas —como las agrupadas por la Revista WMagazín— desde su presentación, el pasado 26 de febrero.
Las razones de la polémica en el ámbito cultural hispanoamericano surgen, en gran medida, porque la empresa responsable de otorgar el abultado premio monetario, Aena (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea), es en parte una empresa pública, con la participación del Estado español en el 51% de las acciones. Aena se comprometió, además, a destinar 1.4 millones de euros extra en la compra de ejemplares de los cinco libros finalistas para distribuirlos entre trabajadores de su empresa, aeropuertos donde operan y bibliotecas, aunque los detalles de dicho compromiso aún están por determinarse.
El buen mal de Samanta Schweblin
Nacida en Buenos Aires, Argentina (1978), la escritora Samanta Schweblin ha revitalizado el género del cuento, continuando una tradición sólida –la literatura fantástica– que en su país cuenta con escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, autores que destacaron principalmente en el género del cuento. En su discurso de aceptación del premio Aena, Samanta Schweblin no perdió la oportunidad de reivindicar dicho género: “Me encanta que este premio incluya otros géneros más allá de la novela. Hoy este premio da su primer paso premiando la excepción. Y me emociona, de verdad, pensar que estoy recibiendo un premio que es también un reconocimiento al género del cuento”.
Parece que el mundo se cae a pedazos y nosotros insistimos en seguir celebrando la literatura y la importancia de las historias que nos contamos. Creo que no hay ser humano circulando por este mundo que no esté cruzado y comandado por las fuerzas de las historias.
Schweblin al recibir el premio Aena
Autora también de novelas –la breve Distancia de rescate (2014) y Kentukis (2018)–, es sin embargo su obra cuentística la que fundamentalmente le ha dado a Samanta Schweblin el brillo internacional que ayer sumó su más reciente joya en el Primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, que se enmarca en una serie de reconocimientos literarios ganados por escritoras argentinas –Mariana Enríquez, Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara y Leila Guerriero– en años recientes.
Samanta Schweblin cerró su discurso de aceptación al premio con un recordatorio del poder de las historias en el contexto actual:
“Lo que celebramos hoy, de cara a un mundo quebrado y violentado por unos pocos, es la contrafuerza, la conexión con los otros, la empatía, el sentido común. Parafraseando a la poeta polaca Wislawa Szymborska, peor que ponerse a leer y escribir en un momento como este, sería no ponerse a leer y escribir en un momento como este”, sostuvo.





