Recolectores de sargazo en Quintana Roo enfrentan altos riesgos a la salud
Un estudio de la UNAM y la Universidad de São Paulo documenta los efectos nocivos en la salud de los trabajadores que se dedican a recolectar sargazo en el Caribe Mexicano. Ahora mismo, Quintana Roo enfrenta una de sus temporadas más críticas.
Algunos recolectores de sargazo en Quintana Roo han comenzado a perder las uñas. Otros han perdido el vello de sus piernas y su piel se ha llenado de ronchas. Algunos más pasan la noche vomitando, sin poder dormir o con fuertes dolores de cabeza.
La llegada masiva de sargazo a las costas de la Riviera Maya en las últimas semanas no solo ha deteriorado la imagen del destino y generado una crisis económica en una región que depende de la industria turística. Además, ha dejado al descubierto la falta de una respuesta efectiva ante la emergencia y las condiciones de riesgo que enfrentan los recolectores responsables de recolectar el sargazo en las playas de Quintana Roo.
El estudio “Evaluación de la exposición a sulfuro de hidrógeno en trabajadores de limpieza costera durante la floración de sargazo del Atlántico en 2025”, publicado en abril pasado en la revista científica Harmful Algae, documentó los efectos de la sobreexposición al sargazo en las playas de Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual.
Cuando el sargazo está fuera del mar y se acumula en la playa, entra en un estado de descomposición en el cual libera sulfuro de hidrógeno (H₂S) –un gas con olor a huevo podrido, altamente tóxico e inflamable–. En 2025, los recolectores de sargazo estuvieron expuestos durante casi la mitad de su jornada laboral a una concentración de este gas que excede el límite permitido por la normativa mexicana.
Los efectos son devastadores: la mitad de los trabajadores estudiados reportaron una sensación de quemazón en la piel, entre otras afecciones cutáneas. Lo más preocupante son los efectos neurológicos cuyos síntomas incluyen dolores de cabeza, fatiga extrema, mareos, además de distintas afectaciones respiratorias y gastrointestinales.
Deterioro de la salud
La investigación fue realizada por la UNAM, la Universidad de São Paulo, Brasil, y el fondo canadiense New Frontiers in Research Fund. Para monitorear las condiciones de trabajo de los recolectores, se colocaron sensores portátiles a 35 trabajadores durante la temporada de sargazo de 2025. Los aparatos registraron altísimas concentraciones de H₂S, que oscilaron entre 1 y 50.8 partes por millón.

El límite máximo permitido por la norma mexicana NOM-010-STPS-2014 para una jornada de ocho horas es de 1 ppm. Sin embargo, el 46.3% de las mediciones superaron ese umbral. Además, el 11.3% de los registros excedieron el límite de exposición de corto plazo de 5 ppm (15 minutos), y el 1.7% rebasaron las 10 ppm. En varios casos se detectaron picos superiores a 50 ppm, un nivel que es considerado potencialmente peligroso para la vida.
Más de la mitad de los trabajadores percibió un deterioro en su salud tras comenzar las labores de limpieza, incluso cuando en promedio tenían poco más de un año en esa labor.
Una temporada agresiva
Por si fuera poco, la temporada de sargazo de 2026 se perfila como una de las más agresivas de los últimos años en el Caribe mexicano. La Secretaría de Marina (Semar) estima que existen unas 90 mil 538 toneladas de esta macroalga flotando en el Mar Caribe: la cifra más alta en estas fechas desde 2018.
Este volumen supera incluso la cantidad observada en el verano pasado, meses que históricamente registran el mayor recale en las costas de Quintana Roo. Las imágenes de la península muestran enormes montañas de sargazo acumuladas y grupos de trabajadores intentando removerla de la playa.
Al menos cuatro destinos turísticos están afectados: Playa Coral, Punta Cancún, Chacmol y Gaviota Azul. Las playas Marlín y Ballenas se mantienen en semáforo naranja, lo que indica también abundante presencia y afectaciones para actividades recreativas.

La Semar advierte una alta probabilidad de que más sargazo llegue y se acumule en prácticamente toda la franja turística del Caribe Mexicano, desde Cozumel y Playa del Carmen hasta Tulum y la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an.
La Marina desplegó ya una flotilla especializada que incluye un buque sargacero oceánico, once buques sargaceros costeros, una sargacera anfibia, trece unidades de superficie y dieciocho embarcaciones menores de apoyo. Además, se instalaron más de 7,600 metros de barreras de contención marinas, supervisadas constantemente por personal especializado en trabajos submarinos.
Según el último balance de la Semar, en lo que va del año se han recolectado más de 39,500 toneladas de sargazo en Quintana Roo. En apenas quince días se acumularon 11 mil toneladas adicionales, lo que ha obligado a redoblar los esfuerzos de limpieza en las costas.
Pero para que las playas de la Riviera Maya vuelvan a lucir prístinas y el turismo pueda disfrutarlas, los trabajadores rasos son los que sufren las principales consecuencias en su salud.
Síntomas y protocolos necesarios
Al exponerse al sulfuro de hidrógeno liberado por el sargazo, los recolectores de Quintana Roo padecen todo tipo de secuelas en múltiples sistemas del cuerpo. El 46.9% de los trabajadores, por ejemplo, refirió comezón y sensación de ardor en la piel; el 43.8%, cefaleas; el 37.5%, dermatitis y fatiga; el 28.1%, irritación ocular y náuseas; el 25%, mareos; el 21.9%, urticaria y congestión nasal; y el 18.8%, irritación faríngea y dificultad para respirar.
En los casos de mayor gravedad, los recolectores reportaron vómitos, ansiedad, trastornos del sueño, infecciones cutáneas, caída localizada de vello en piernas y pérdida de uñas. Los trabajadores que realizaban la recolección dentro del agua o en zonas con acumulaciones muy densas presentaron síntomas dermatológicos más severos.

La investigadora que encabezó el estudio, Rosa Elisa Rodríguez, señaló que los datos del cuestionario muestran efectos agudos en la salud incluso cuando las concentraciones de H₂S son inferiores a 5 ppm.
Ante este panorama, los investigadores recomiendan medidas urgentes: monitoreo continuo del H₂S, uso de sensores personales con alarma, equipo de protección que incluya respiradores adecuados, gafas, guantes y ropa impermeable para quienes trabajan dentro del agua. También proponen limitar el tiempo de exposición mediante rotación de personal, evitar que personas con asma o enfermedades respiratorias participen en estas labores, y realizar jornadas en horarios de menor calor para facilitar el uso del equipo de protección.
El estudio concluye que se requieren protocolos más estrictos y vigilancia constante para disminuir el riesgo de miles de personas que realizan una actividad considerada esencial para sostener la economía turística de la región.




