Luis entra al ejército porque desde ahí conseguirá un seguro médico para su madre enferma. No sabe que, con este ingreso, también se someterá a duras experiencias de disciplina, fortaleza, aprendizaje de jerarquías y de sistemas éticos que se desquebrajan.
Ha vivido entre contrastes. Disciplinado con rigor por un colegio jesuita, desde niño también se acostumbró a la fiesta y los excesos. De su madre heredó el gusto de leer lo mismo obras cumbre de la literatura que best-sellers y novelas policiacas. Antes de publicar su primera novela fue redactor publicitario y argumentista de telenovelas.
Llegó un momento hace relativamente poco en que Natalia Lafourcade, la veracruzana hija de un exiliado chileno, se miró al espejo con detenimiento. Después de muchos años, le gustó la imagen que observó. Jovencita prodigio, cantante con un vasto arsenal de recursos musicales (su madre es pianista y su padre clavecinista), Natalia ha llegado a un entendimiento consigo misma. Ya no añora ser Shakira ni Whitney Houston, ni siquiera Billie Holiday.
Su carrera prosperó cuando él ya estaba en el cuarto piso. Hijo de campesinos, campesino él mismo, creció entre milpas y matas de frijoles en su natal Atitalaquia, Hidalgo. Estudió arte dramático y llegó a la Ciudad de México a luchar y tratar de ganar prestigio como actor de cine. Pero no conocía a nadie que le echara la mano y desertó. Regresó al campo, pero su vocación no lo soltó. Tiempo después volvió a la capital: vendió jugos, lavó automóviles, fue viene-viene. Por las tardes hacía teatro.
Es un día apacible, pero José Agustín, ese desmadroso que rompió en los setenta el convencionalismo cultural, ya no es el mismo. Un accidente en 2009 delineó al que sería al escritor de antes y al de ahora. A partir de entonces, su esposa Margarita Bermúdez se convirtió en su alter ego durante los fragmentos de vida en que José Agustín extravía su memoria. Símbolo de una época en las letras del país, libra cada día una batalla, la de mantener sus recuerdos tanto como pueda, tanto como lo deje esta vida suya. Porque la muerte ha tumbado a sus amigos, por eso él se conforma con pequeños placeres: un cigarro, una copa, un toque. Eso es un día en su vida. Y él se siente a gusto con eso. Qué más.
La participación activa de las zapatistas en los diferentes ámbitos de la organización del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y en la Ley Revolucionaria de Mujeres, publicada en diciembre de 1993, han sido fundamentales para el zapatismo.
Hace exactamente 30 años, un grupo de indígenas salió de las montañas de Chiapas y se levantó en armas. Acompañados de un carismático Subcomandante Marcos, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) rompió la pax priista mantenida a fuerza de opresión. Luego de 500 años de sometimiento, dijeron ¡basta! Los zapatistas llegan a su 30 aniversario acosados por la violencia del narcotráfico, los mares de migración de la frontera con Guatemala y la pobreza que no logra sacudirse el resto de la población indígena y no indígena de Chiapas.
Ángeles Cruz es una mujer mixteca, actriz y directora de cine, reconocida por un trabajo que cuestiona los clichés y las violencias contras comunidades indígenas, como la que acaba de quitarle la vida a su hermano José Román.
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