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“Escribir en sí mismo<br> es una forma de libertad”

“Escribir en sí mismo
es una forma de libertad”

59 líneas de José Revueltas al ingresar a Lecumberri

Publicado el 14 de abril 2026

    Hace exactamente 50 años, el escritor, filósofo, guionista, reportero y militante de izquierda José Revueltas Sánchez murió. Su corazón no resistió.

    Nacido en una familia marcada por un excepcional talento -sus hermanos Rosaura, Consuelo, Fermín y Silvestre destacaron en la actuación, las artes plásticas y la música-, José mantuvo una férrea búsqueda de la libertad a costa de la suya propia y los enormes costos personales y familiares.

    Hombre con una convicción política a prueba de todo, ingresó varias veces a prisión por sus ideas. En la última de ellas, en noviembre de 1968, escribió de inmediato cuatro cuartillas: 59 líneas que permanecieron recluidas e inéditas durante 35 años hasta que el autor de este texto las encontró en el Archivo General de la Nación y las publicó en 2004 en La Revista de El Universal, medio que desapareció un año después y cuyos contenidos nunca fueron digitalizados.

    El aniversario del fallecimiento de Revueltas es una buena razón para rescatar el texto y compartirlo de nuevo.


    A mediados de noviembre los gélidos muros de la antigua cárcel de Lecumberri anuncian lo que será el intenso y crudo invierno. Seguramente hacía frío cuando el escritor José Revueltas, aquel 18 de noviembre de 1968, dejó andar la tinta azul sobre una hoja doblada por la mitad:

    “Escribir ya en sí mismo es una forma de libertad, que aun sin papel ni pluma nadie nos podrá arrebatar de la cabeza a menos que nos aloje dentro de ella una buena bala con la que termine todo… Escribo estas notas como quien arroja un mensaje al mar dentro de una botella… ¿A manos de quién llegarán (estas líneas) si llegan a manos de alguien?”

    No lo sabría jamás. Es posible, incluso, que al paso de los días de prisión que terminaron convirtiéndose en años, el escritor José Revueltas olvidara que ese 18 de noviembre había doblado un par de hojas tamaño carta y escrito en ellas 59 líneas. Acaso imaginó que esas letras de la cárcel irían a la basura del director del penal o, sencillamente, quedarían perdidas para nadie.

    Aunque el destino, pues qué otra herramienta tiene el ser humano para explicar lo inexplicable, llevaría por rutas inimaginables esas cuatro partes de un texto hasta ahora inédito. Han pasado 35 años desde que José Revueltas escribiera esas 59 líneas y de que formulara una pregunta, “¿a manos de quién llegarán (estas líneas) si llegan a manos de alguien?”. Hasta hoy tiene respuesta.


    En la mira de la Dirección Federal de Seguridad

    El Archivo General de la Nación, antes cárcel de Lecumberri, es una hoguera de historias, un espacio donde hay cartas de sus múltiples moradores que nunca llegaron a sus remitentes o bien de misivas que los padres enviaron sus hijos, cuando éstos estaban ya, seguramente, metidos en la oscuridad de las balas.

    Inédito de José Revueltas
    Inédito de José Revueltas
    Inédito de José Revueltas
    Inédito de José Revueltas
    Las cuatro cuartillas escritas por José Revueltas el día en que ingresó a la cárcel de Lecumberri, el 18 de noviembre de 1968.

    Así empieza este texto perdido, más bien extraviado, habitante permanente en una de las crujías.

    “Noviembre 18-1968. Escribo estos apuntes en la ignorancia completa de cuál podrá ser su destino ulterior. Desde mi aprehensión el sábado 16, cerca de las 12 hs. se me ha dado un trato respetuoso y atento, del que en realidad no puedo quejarme. Se me ha dejado leer los periódicos y gracias a ello me entero de la muerte de VLT (Vicente Lombardo Toledano, dirigente del Partido Popular Socialista).”

    Al escribir esto, Revueltas no imaginaba que con ese día comenzaría un encierro que se prolongaría dos años y medio. El mismo día de su detención, Fernando Gutiérrez Barrios, titular de la Dirección Federal de Seguridad, envió una ficha a Luis Echeverría Álvarez, en ese entonces secretario de Gobernación, donde le explicaba las causas de la aprehensión:

    “Revueltas se ha significado por una actividad francamente subversiva desde el principio del conflicto estudiantil, a través de la citada “Coalición de Profesores” y del Consejo Nacional de Huelga por medio de los estudiantes Roberto Escudero Castellanos y Rufino Perdomo, miembros del citado Consejo y que pertenecen a la llamada línea dura, los cuales se han opuesto a la reanudación de clases”.

    Gutiérrez Barrios agregó otros datos que perseguía la DFS al detener a Revueltas:

    “Esta dirección trata de precisar de qué panfletos subversivos es autor, entre los que se han distribuido durante el movimiento estudiantil”.

    Al final, el rosario de delitos que se le imputaron fue largo. Sobraban las causas que habían justificado su detención: invitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones.

    Otro reporte de la DFS, el más duro aparato de seguridad mexicano, responsable de la desaparición de cientos de miembros de la guerrilla en los años 70, dice de la detención de Revueltas:

    “Era un lugar especial”, agentes de la Dirección recién habían interrogado durante el sábado en la noche y el domingo por la mañana a José Revueltas… confiesa sus actividades subversivas y participación directa para agravar el conflicto estudiantil. Se le presentaron los manifiestos titulados ¿Ahora qué hacer? y El Próximo Paso, que recientemente aparecieron suscritos por el Comité de Lucha Estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras. Los firmó aceptando haberlos redactado. “Continuará su declaración durante la tarde y la noche de hoy”.

    Apenas un mes antes, en octubre, había ocurrido la matanza de Tlatelolco. Estaba fresca en la memoria y la furia del Estado contra quienes, a su juicio, eran los autores intelectuales de todo el movimiento estudiantil. En noviembre de 1968 dos prisiones se llenaban de estudiantes e intelectuales, los enemigos del poder: una era la cárcel del Campo Militar Número 1 y la otra Lecumberri, donde llegó Revueltas y donde dejó el texto.

    Tras convivir con cientos de expedientes confidenciales no clasificados de las viejas oficinas de la Secretaría de Gobernación, ahora depositados en el Archivo General de la Nación, uno puede imaginar cuál fue la ruta que siguió este texto:

    Tras recorrer las oficinas del secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, del presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, o del todopoderoso hombre de la temida Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios, las letras de Revueltas pasaron por las manos de algún funcionario o un burócrata, y el destino las traería de regreso encerradas esta vez en una caja de cartón, a Lecumberri, donde nació en 1968.


    Lecturas para atemperar el encierro

    En sus primeras horas en prisión a Revueltas lo sorprende la muerte de Vicente Lombardo Toledano. El autor de El luto humano parece estar en un momento de calma, al grado que dedica varias líneas a reflexionar sobre las diferencias ideológicas que mantuvo con Lombardo Toledano y los debates que quedaron pendientes. En esta parte de su escrito, Revueltas hace una clasificación precisa del lugar que ocupa, como neomarxista, en el mosaico ideológico de su época:

    “Se me ha permitido leer los periódicos y gracias a ello me entero de la muerte de VLT. Lo lamento desde un punto de vista que podría parecer casi monstruoso: el hecho de que perdimos la oportunidad de polemizar con él en vida. En forma exhaustiva y hasta no devolver una a una sus posiciones ideológicas. Muere VLT —de pie y combativo— lanzando su último dardo ideológico contra el neomarxismo, la corriente —en la que yo me siento como pez en el agua— que VLT era ya incapaz de comprender en absoluto desde la expulsión de la Liga de los Comunistas Yugoslavos de la Cominform. Parece que el trabajo de VLT sobre marxismo, será publicado próximamente.”

    José Revueltas en la cárcel de Lecumberri. Foto: INEHRM

    “Me propongo escribir un especie de Obituarium político e ideológico sobre VLT en el cual hago yo un balance de las posiciones políticas y del significado de Lombardo en el proceso de la enajenación de la clase obrera. En caso de que esto sea posible —pues ignoro qué será de mí en el más próximo futuro y si esto puede terminar definitivamente mal—, ese trabajo sobre Vicente lo tendré que escribir de memoria, sin ninguna clase de documentos a la mano. Repito que no tengo nada de que quejarme en el lugar donde me encuentro, salvo, desde luego, la pérdida de la libertad.

    “Dejaré para más adelante la descripción de las incidencias y detalles de mi captura y traslado “a un lugar del Valle de México”. Nunca faltan en la vida las notas de buen humor: Ayer, que pedí “algún” libro para entretenerme (aunque no ha faltado trabajo con los interrogatorios ni a mí ni a mis investigadores) me fue amablemente proporcionado un pequeño libro rojo que jamás debí imaginarme fuera a tratarse de las citas de Mao Tse Tung. Me reí con todas mis ganas.”

    “Hoy (18 de Nov) una de las personas a mi cuidado trajo algunos libros no sólo aceptables sino que recibo con verdadera felicidad: Teatro completo de Chéjov; Cuentos de Italia, de Gorki; la Ruta Cruel, de Maillart (no lo conozco) y un libro sobre Cervantes y el Quijote de Mauro Olmeda. Si los dioses no me son del todo adversos en esta última e incierta aventura, aprovecharé el tiempo para escribir algún ensayo sobre el teatro de Chéjov, que intenté hace no sé cuánto a propósito de una conferencia que fui invitado a dar sobre el Teatro Universitario”.


    “Continuaremos la lucha sin importar las penas”

    Un año después de este escrito, José Revueltas era sentenciado. Hay un texto de lo que dijo ante Eduardo Ferrer MacGregor, el juez que condenó a cientos de estudiantes, durante y después del movimiento estudiantil de 1968.

    El 12 de noviembre de 1970, en diligencia que transcurre entre las 14:35 y las 15:30, el juez Eduardo Ferrer Macgregor dictó sentencia dentro del penal de Lecumberri contra 46 procesados recluidos y 22 en libertad provisional o bajo protesta. Hubo una asistencia de unas 20 personas entre familiares y periodistas.

    José Revueltas habló en nombre de todos. Así lo reportó Fernando Gutiérrez Barrios:

    “Aceptada la lectura de la sentencia, me dirijo a los actores y en especial a las autoridades judiciales; nuestras sentencias impuestas por la dictadura del gobierno son el reflejo de la inconsciencia de los colaboradores judiciales en este falso proceso político; a ustedes jueces que funcionan como tales y que tratan de castigarnos en nuestro físico, mas no en nuestro espíritu, como sucedió el día primero de enero del presente año, hubiera sido mejor mandarnos al paredón.”

    “Me dirijo a las autoridades judiciales y al Presidente de la República Díaz Ordaz para decirles que seguiremos luchando con las armas en la mano (sic) y así mientras nuestros cerebros tengan vida continuaremos en la lucha sin importar que las penas sean de 20 o de 40 años; y si ahora ustedes están allí, con el tiempo habrá quien les juzgue, tal vez las generaciones futuras lo harán y si no a sus hijos o a los hijos de sus hijos, o a los hijos de sus hijos de sus hijos, lo que hago extensivo a todos los funcionarios judiciales”.


    Una bala en la cabeza

    José Revueltas abandonaría la cárcel en 1971. Dejaba atrás lo que llamó, con sombrío humor, “la beca” que le dio el gobierno para ponerse a estudiar sistemáticamente, escribir sin interrupciones y sin preocuparse por el “maldito dinero”, como refiere su biógrafo, Álvaro Ruiz Abreu, en el libro Los muros de la utopía.

    En realidad, la cárcel de Lecumberri no es más que reflejo condensado de la sociedad entera, un entorno que comparte cielo, pero donde sobran las tormentas. “Son las mismas pasiones elevadas al cubo: se pelea por un plato, un zapato, una cama o un petate. En ambas, uno está desnudo total y moralmente”, escribió José Revueltas, quien agregó: “La cárcel es un símbolo, es un compendio de la sociedad; las rejas del apando son las rejas de la ciudad, las del país, las del mundo”.

    El escritor pasó en Lecumberri dos inviernos antes de su muerte, ocurrida el 14 de abril de 1976. Quien visita ahora la cárcel de Lecumberri, convertido en depósito de la historia, sabe del frío con que las bajas temperaturas se clavan en la piel en esos días.

    Revueltas plasmó, al final de su escrito, esa gris mirada sobre el futuro de las cosas y de los sujetos que recorren toda su literatura:

    “Escribo estas notas como quien arroja un mensaje al mar dentro de una botella. ¿A manos de quién llegarán si llegan a manos de alguien? Bueno, escribir ya en sí mismo es un forma de libertad, que aun sin papel ni pluma nadie nos podrá arrebatar de la cabeza a menos que nos aloje dentro de ella una buena bala con la que termine todo.”

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    Por Jacinto Rodríguez Munguía

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