
La estrategia del gobierno mexicano tenía un frente fundamental: lanzar una ofensiva en los medios nacionales y extranjeros para neutralizar la influencia del EZLN y la diócesis de San Cristóbal ante gobiernos e instancias internacionales. Sabían que el zapatismo había ganado ya varias batallas. Por eso, la urgencia de desplegar todos los recursos para conseguir una opinión pública internacional favorable. “Es tiempo de detener el desgaste que el gobierno de la República está pagando por el conflicto”.








