Ministro israelí, Ben-Gvir, llama a asesinar 40 palestinos cada noche
Itamar Ben-Gvir propone asesinar 40 palestinos cada noche en Gaza y promueve su expulsión masiva: "Ni siquiera son personas", dice.
En una entrevista publicada este domingo, el titular del Ministerio de Seguridad Nacional de Israel, Ben-Gvir, defendió el asesinato sistemático de civiles en Gaza y la expulsión forzada de la población palestina, a menos de dos semanas después de un ataque incendiario por parte de colonos isrealíes en la región de Masafer Yatta, al sur de Cisjordania, el cual dejó niños y a una mujer embarazada hospitalizados.
Itamar Ben-Gvir, responsable de la Policía y el sistema penitenciario israelí, durante su participación en el pódcast “8 de Octubre” —presentado por el exrehén de Hamas, Rom Braslavski—, detalló sus discrepancias con el primer ministro Benjamín Netanyahu en torno a los ataques a Gaza y al puebo palestino. Según el político ultraderechista, deberían ejecutarse operaciones de eliminación selectiva en el enclave costero con un saldo estimado de entre tres y cuatro decenas de fallecidos por jornada. El criterio para elegir objetivos, añadió, no debería limitarse a quienes supongan una amenaza inminente, ya que, en su opinión, amplios sectores de la población gazatí carecen de derecho a la existencia:
“Hay gente allí que no merece vivir. Ni siquiera son personas, no los quiero llamar personas”, declaró.
El ministro abogó además por el restablecimiento de asentamientos judíos en todo el territorio de la Franja y respaldó explícitamente una política de expulsión masiva de la población palestina. “Lo más posible, echarlos a sus tierras”, sostuvo, en referencia a la idea, ampliamente extendida en sectores de la derecha israelí, que niega la existencia de Palestina como país y atribuye a los judíos el derecho exclusivo a habitar la región. Expertos en derecho internacional han advertido que estas iniciativas constituyen prácticas de depuración demográfica.
Aumenta la violencia en Cisjordania contra población palestina
Este discurso se produce en paralelo a una intensificación de los ataques de colonos en Cisjordania. La noche del pasado miércoles 5 de agosto, un grupo aproximado de cuatro decenas de individuos que ocultaban sus rostros tras máscaras y portaban armamento irrumpió en la aldea de Al Tuba, situada en la región de Masafer Yatta. Los asaltantes causaron daños mediante el lanzamiento de proyectiles pétreos, la rotura de cristales y la ignición de hogares, acciones desarrolladas en presencia de menores de edad, según los testimonios recogidos por The Independent.
Hamza Abu Jundeya, residente de la localidad, relató a The Independent que su primo Radwan y su familia se hallaban en el interior de su vivienda cuando esta comenzó a arder. “Resulta imposible transmitir con palabras el miedo que vivimos”, declaró. “Esa noche quedará grabada en la memoria de todos nosotros como una de las más atroces que hemos padecido”.

El saldo del ataque incluyó la hospitalización de dos niños y una mujer embarazada. Entre los afectados figuran Razan, de ocho años, hija de Radwan, que sufrió un impacto en la nariz a causa de una piedra, y Joud Mahmoud Awad, de diez años, a quien testigos señalaron como víctima de estrangulamiento y patadas.
Mohammad Hesham, activista y habitante de Al Tuba —que ya había visto su vivienda reducida a cenizas en julio en un incidente separado— describió el suceso como una “pesadilla”. “Presenciar las llamas devorando el hogar de uno mientras se teme por la vida de los seres queridos en su interior es una experiencia que escapa a toda comprensión”, afirmó.
El ejército israelí informó de la apertura de una investigación policial y aseguró que efectivos ingresaron en la zona “bajo protección” para recoger declaraciones y pruebas. Las autoridades no confirmaron si se han practicado detenciones ni respondieron a las consultas sobre las amenazas de arresto cursadas contra residentes palestinos tras la agresión.
Los incidentes de este tipo han registrado un aumento significativo en 2026. La emisora pública Kan difundió estadísticas oficiales que reflejan un incremento del 63% en los casos calificados como “delitos nacionalistas” durante el primer semestre del año, con 660 episodios documentados. Organismos de derechos humanos y vecinos de las comunidades afectadas señalan que estas cifras no reflejan la totalidad de las agresiones cotidianas, muchas de las cuales no se denuncian, y denuncian que algunas tropas israelíes han respaldado estos actos.
Un pastel decorado con una horca
Es en este contexto de violencia extrema que resuenan las declaraciones de Ben Gvir como una forma de azuzar los ataques de colonos israelíes más extremistas contra la población civil de Gaza e impulsar la ocupación ilegal de sus tierras, violando de nuevo el derecho internaconal.
La relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, sostuvo que el gobierno israelí ha delegado en los colonos la tarea de ejercer presión sobre la población cisjordana, empleándolos como instrumento para avanzar en un proceso de homogeneización demográfica.
“Esto es terrorismo puro y duro”, afirmó la relatora y exigió la investigación y el enjuiciamiento de los responsables. El papa León XIV, por su parte, renovó su llamado a detener “la violencia reiterada contra la población civil palestina en Cisjordania reocupada”.
Por otra parte, el Parlamento israelí aprobó el 30 de marzo pasado una norma que establece la horca como pena por defecto para palestinos condenados por el asesinato de israelíes, cuando un tribunal militar determine que el acto constituye “terrorismo” o está motivado por el rechazo a la existencia del Estado de Israel. Ben-Gvir, que acumula ocho condenas por incitación al racismo y apoyo a organizaciones terroristas, celebró la medida e intentó descorchar una botella de champán, mientras que en su fiesta de cumpleaños número 50 exhibió una tarta decorada con el dibujo de una horca.

En medio de este escenario, el enviado estadounidense Jared Kushner mantuvo en El Cairo un encuentro con el líder de Hamás, Jalil al Haya, en un intento por desbloquear el alto el fuego en Gaza. Fuentes cercanas a la reunión citadas por Al Arabiya indicaron que Kushner transmitió a la delegación islamista, así como a los mediadores turcos y cataríes presentes, que el plan de paz no admite renegociación: “El objetivo es implementarlo”, explicaron. Sin embargo, Hamás instó a los facilitadores a presionar a Israel para que acepte la hoja de ruta correspondiente a la segunda fase del acuerdo.
Los ministerios de Asuntos Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Jordania, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudita y Egipto firmaron un comunicado conjunto en el que condenan la negativa israelí al pacto supervisado por la junta de paz. El texto sostiene que esa postura “confirma que Israel ahora es responsable de obstaculizar los esfuerzos para lograr la paz en Gaza y el resto del territorio palestino ocupado” y subraya que la hoja de ruta fue aceptada por las distintas facciones palestinas.





