“Miedo y luto de perder otra vez a una compañera”, en Morelos las alumnas estudian con temor e inseguridad
A una semana del asesinato de Claudia Tacoronte, el clima en la universidad es de duelo. Las y los estudiantes cursan sus carreras en un estado marcado por feminicidios y desapariciones.
En el campus central de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), ubicado en Cuernavaca, existen murales que conmemoran las vidas de sus estudiantes asesinadas y desaparecidas. El nombre y el rostro de Claudia Tacoronte, una joven española de 21 años, se sumó a los murales pintados en los edificios del plantel.
En el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE), la imagen de Claudia acariciando un gato blanco y rodeada de flores moradas lleva la fecha de su asesinato, cometido el 12 de septiembre pasado en Cuautla, Morelos.
En el edificio de la Facultad de Psicología, está pintado el rostro de Viridiana Morales, alumna desaparecida en el 2012; en el mismo edificio hay un mural dedicado a Ailyn Rodríguez, localizada sin vida el 4 de abril de 2025.
En Contaduría, un mural de Kimberly Ramos Beltrán consigna la fecha de su desaparición, el 20 de febrero de 2026; mientras que en Derecho, el rostro sonriente de Karol Toledo —estudiante de la Escuela de Estudios Superiores de Mazatepec— también marca la fecha de su desaparición, el 2 de marzo de 2026. Ambas fueron localizadas sin vida en la misma semana.

“Estudiamos con mucho miedo, también muy abandonadas las compañeras universitarias. No solamente de la UAEM, sino de las universidades que hay en nuestro estado”, dice Zayra Hernández en entrevista con Fábrica de Periodismo.
Zayra se dio de baja de la UAEM hace cinco años, tras ser víctima de una agresión sexual por parte de un compañero de clases. Desde entonces integra la colectiva Morras contra la Violencia Institucional y desde marzo de este año el Centro Comandanta Ramona, un espacio estudiantil surgido a raíz de la racha de feminicidios con la que arrancó el 2026.
El sentir de las y los estudiantes de la UAEM, a una semana del asesinato de Claudia es de duelo: “Seguimos en esta tensión constante por la violencia, este miedo y también el luto de perder otra vez a una compañera”, agrega la activista.
Los agresores también toman clases
Aylin Rodríguez Fernández tenía 20 años, estudiaba Psicología en el campus central, también llamado Chamilpa. La joven fue reportada como desaparecida el 2 de abril de 2025 y localizada sin vida dos días después, en un domicilio de la colonia El Porvenir. Su pareja sentimental Uriel N —otro estudiante de la UAEM— la golpeó brutalmente y la asesinó.
La violencia cimbró a los estudiantes de la UAEM casi un año después, con las desapariciones y feminicidios de Kimberly Ramos y Karol Toledo, estudiantes del campus Cuernavaca y de Mazatepec respectivamente, cuyos cuerpos fueron encontrados en la misma semana de marzo. En mayo, la adolescente Michelle Itzayana, estudiante de un bachillerato de la UAEM, también fue desaparecida y asesinada con violencia en Tepoztlán.
En el caso de Kimberly, las autoridades detuvieron a Jared N, expareja y estudiante de la UAEM, por el feminicidio. En el resto de los casos, las investigaciones continúan sin que se hayan reportado detenciones.
Para Zayra, sobreviviente de una situación similar, de poco sirven las promesas del gobierno estatal si los agresores están al interior del campus: “Muchos de los agresores de las compañeras se encuentran al interior de clases. Muchos son profesores, estudiantes… esas medidas de seguridad no nos sirven de nada para garantizar la vida”.
Según los datos reportados por la Fiscalía de Morelos, en la última década se han abierto 400 carpetas de investigación por feminicidios. Cuernavaca, Cuautla y Temixco, encabezan el listado de incidencia en este delito.
El fenómeno de las desapariciones también ha impactado en la comunidad universitaria. Un primer caso remite a más de una década: Viridiana Morales estudiaba en la Facultad de Psicología del campus Chamilpa, quien desapareció en el Estado de México tras acudir a un campamento junto con su esposo Roberto Altamirano, él fue encontrado sin vida y ella sigue desaparecida, los testimonios recabados por su mamá Angélica Rodríguez, que apuntan a un probable caso de trata sexual.
En Morelos, Dorian Ali Olivo —estudiante de Nutrición— desapareció junto con Marisol Chávez en julio de este año. Las pesquisas de la Fiscalía de Morelos los ubican saliendo de Cuautla rumbo a Huitzilac en motocicleta para cobrar un dinero. Luz Fernanda N, una mujer detenida durante un cateo, fue vinculada a proceso por desaparición forzada.
Protestar contra la violencia feminicida en Morelos
Las activistas suman más de 200 días con el auditorio Emiliano Zapata de la UAEM tomado. Lo renombraron Centro Comandanta Ramona, en honor a la comandanta tzotzila que lideró la insurrección el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en San Cristóbal de las Casas, el 1 de enero de 1994.
La toma busca presionar a las autoridades para garantizar la seguridad de sus estudiantes en Morelos, una tarea incumplida a la luz del último asesinato, el de Claudia Tacoronte.
Resistir con las instalaciones tomadas ha sido titánico. “En esta persecución y criminalización por parte de las autoridades universitarias se nos ha cortado la luz y también el agua del mismo auditorio”, señala la activista.
Como parte de sus actividades, han acompañado a las familias de víctimas de feminicidio en Morelos, entre ellas la de Andrea Maylin Chino Ramos, activista asesinada en Yautepec el año pasado presuntamente por Ricardo N, su expareja.
El pasado 16 de septiembre, las estudiantes de Morras contra la Violencia Institucional se manifestaron en el desfile cívico-militar en Cuernavaca, donde se tiraron al suelo y desplegaron pancartas. Jóvenes conscriptos del Servicio Militar Nacional (SMN) las jalonearon tratando de impedir la protesta.
“Lo vivimos con mucho enojo, con mucha rabia”, recordó Zayra Hernández sobre el intento de censura y los gritos de la ciudadanía, que exigían sacarlas con violencia.
Aunque las activistas fueron recibidas en una mesa de diálogo con el gobierno de Margarita González Saravia, para las integrantes del Centro Comandanta Ramona. En la reunión, sin embargo, mostraron cifras que dan cuenta de la violencia feminicida en el estado.
“Desde hace muchos años hemos solicitado la comunicación con nuestras autoridades. No ha habido posibilidad de esos diálogos y solo existen cuando ocurren cosas como las que están ocurriendo en este momento, cuando tienen este nivel de exposición”, lamenta la activista.





