Tras 50 años de ausencia, vuelve el lobo mexicano a Durango
En un proceso histórico, el lobo mexicano regresó a la vida silvestre en Durango, segundo estado del país donde es reintroducido.
Los aullidos del lobo mexicano (Canis lupus baileyi) se escuchan de nuevo en Durango, al sur de la Sierra Madre Occidental, tras cincuenta años de silencio. El pasado viernes, una manada fue reintroducida, después de un periodo de adaptación y monitoreo, en la comunidad forestal El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, en el municipio de Santa Catarina de Tepehuanes.
Se trata de un macho nombrado Jhon, una hembra llamada Miranda, y sus dos crías Elías y Chuy (machos de ocho meses), quienes el 25 de marzo llegaron a México desde Estados Unidos, como parte de un proyecto entre ambos países para recuperar la especie.
“Binevenidos a casa”, escribió en sus redes sociales el doctor Jorge Servín, investigador de la UAM que trabaja en la conservación de los lobos, refiriéndose a la llegada de estos cánidos al país, el mes pasado.
No ha sido una labor fácil. Los esfuerzos para reintroducir en Durango al lobo mexicano, especie en peligro de extinción, datan al menos desde la década de los ochenta, cuando los dos países involucrados llegaron al acuerdo de capturar lobos para reubicarlos y crear programas de reproducción en cautiverio con el objetivo de evitar su desaparición.
Investigadores de la UAM y la UNAM trabajan en conjunto con instituciones como la Semarnat, y esperan que en 15 años exista una población más grande de lobos silvestres capaz de extenderse a lo largo de la Sierra Madre Occidental de Durango y al norte de Chihuahua, primer estado donde se reintrodujo la especie.
Trabajo en conjunto con comunidades
El involucramiento de las comunidades de Durango, agrupadas en la Asamblea de El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar, fue vital para avanzar en la reintroducción de los lobos en vida silvestre. “Es la primera ocasión que se trabaja en tierras comunales selváticas; la participación y apoyo de la población ha sido de gran importancia”, mencionó el doctor Servín.

Parte de los esfuerzos para conservar al lobo mexicano apuntan a desestigmatizarlo: la especie se ha asociado con la depredación de ganado, por lo que durante los cincuenta y los sesenta del siglo pasado se impulsaron campañas de exterminio desde Estados Unidos, con respaldo gubernamental tanto en países europeos como latinoamericanos. Además, a este animal se le vinculó con la transmisión de rabia.
Ahora, la manada de lobos reintroducida a la vida silvestre podrá aullar libremente por las 73 mil hectáreas que conforman El Tarahumar y Bajíos del Tarahumar. El 70 % de esta área está cubierta por terrenos de vocación arbolada que posibilitan un hábitat adecuado para los nuevos integrantes.
Dentro de sus aportes al equilibrio ecológico, la dieta del lobo aullador es clave para regular poblaciones de presas y mantener sanas las especies, lo que permite que se regeneren los bosques y pastizales.





