“La Guardia Nacional me fracturó tres costillas”, denuncia Leonardo Escobar, el profesor de la Ibero Puebla desaparecido durante 14 días
El profesor Leonardo Escobar de la Ibero Puebla denunció detención violenta por parte de la Guardia Nacional, fracturas y abandono en NL.
Leonardo Ariel Escobar Barrios, el profesor de la Ibero Puebla desaparecido durante 14 días, afirmó haber sido víctima de una detención irregular, golpizas por parte de autoridades de Nuevo León y elementos de la Guardia Nacional y un abandono que lo dejó al borde de la muerte.
El relato del académico de origen colombiano describe una cadena de fallas institucionales graves y pone el foco en la actuación tanto de la Guardia Nacional como la policía municipal de Apodaca a partir del 31 de diciembre de 2025, cuando su escala en el Aeropuerto Internacional de Monterrey derivó en una pesadilla.
La Fiscalía de Nuevo León confirmó el pasado viernes 16 de enero la localización con vida del profesor de la Ibero –Leonardo Ariel Escobar Barrios, de 42 años–, quien había sido detenido por la Guardia Nacional y llevaba más de dos semanas desaparecido. Fue encontrado en la clínica de rehabilitación “Fénix”, en el municipio de Juárez, tras una intensa búsqueda impulsada por la comunidad universitaria y sus familiares.

«Estuve 4 días deambulando. sin poder comer, sin poder tomar agua y sin recibir asistencia de la población civil».
Sin embargo, las circunstancias de su desaparición permanecieron oscuras hasta que el propio docente las narró esta mañana desde la sede en Puebla de la Universidad Iberoamericana. “Terminé casi muerto en las calles”, declaró a través de un video mensaje.
El profesor, quien viajaba de regreso a México tras visitar a su padre en Barranquilla, Colombia, detalló una secuencia de eventos que comenzó el 31 de diciembre de 2025, cuando elementos de la Guardia Nacional lo detuvieron en el aeropuerto de Monterrey, presuntamente por una falta administrativa.
Según su versión, fue golpeado severamente. “Fui golpeado por la Guardia Nacional, lo que me generó una fractura de tres costillas”, afirmó.
Fue trasladado a una celda en Apodaca, donde permaneció tres días. Allí, denuncia, estuvo en condiciones inhumanas: sin comida adecuada, bebiendo agua de un grifo oxidado y sin recibir atención médica a pesar de sus lesiones.
«Hubo una falta de registro de mi detención. a pesar de que estuve 3 días en esta sala de Apodaca, nunca aparecí en el registro nacional de detenidos, lo cual es una irregularidad. nunca se me informó sobre los derechos de mi detención».
La detención fantasma
Uno de los puntos centrales de su denuncia es que su privación de la libertad nunca fue registrada en el sistema oficial. “Nunca aparecí en el Registro Nacional de Detenciones”, señaló. Esta omisión lo volvió invisible para el sistema y le impidió ejercer derechos básicos, como comunicarse con su familia o acceder a asistencia consular.

Foto: FB Yuli Escobar
También le fue negado el contacto con sus seres queridos. Las autoridades asentaron en registros que él se había negado a llamar, algo que el docente desmintió categóricamente. “Nunca se me dio la oportunidad de sostener comunicación”, reveló.
El 2 de enero fue liberado, pero su calvario estaba lejos de terminar. Al intentar regresar al aeropuerto para tomar su vuelo a la Ciudad de México, fue despojado de sus pertenencias y documentos. “De alguna manera fui despojado de mis pertenencias”, relató.
Se le impidió el acceso al recinto aeroportuario. Forzado a alejarse de la zona, pasó cuatro días en situación de calle, sin comer ni beber, refugiándose en la maleza para protegerse del sol. “Estuve en la calle, sin comer ni tomar agua y sin ningún tipo de apoyo”, explicó.
El rescate al borde de la muerte
Su estado de vulnerabilidad extrema llamó la atención de una patrulla de la clínica Fénix. “Me recogieron porque me vieron al borde de la muerte”, afirmó. Su ingreso al centro de rehabilitación no fue voluntario, sino una medida de emergencia.
En el anexo permaneció 10 días, la mayor parte del tiempo inconsciente y sin hablar. No fue hasta el 15 de enero que logró recordar su identidad, lo que permitió a los responsables del lugar notificar a las autoridades.
Mientras esto ocurría, la desaparición del profesor había generado una creciente alarma. La Universidad Iberoamericana Puebla, al notar su ausencia al reiniciar clases el 6 de enero, inició una campaña de presión pública.
El rector Alejandro Guevara Sanginés denunció públicamente inconsistencias en la información oficial y amenazó con acudir a organismos internacionales. Estudiantes y colegas realizaron manifestaciones y una intensa campaña en redes sociales. El 16 de enero, un día antes de su localización, alumnos y docentes se movilizaron en Puebla para exigir respuestas.
«Se ha dicho que mi asistencia a dicho albergue fue voluntaria. nunca lo fue. ellos me recogen a la orilla de la carretera y me llevan A este centro de asistencia para drogadictos. lo hacen porque me ven al borde de la muerte».
En opinión del profesor Leonardo Escobar, su nacionalidad jugó un papel en el trato recibido. “Somos discriminados”, sentenció, refiriéndose a los ciudadanos colombianos y sugiriendo que su origen pudo ser un factor. Hizo un llamado para que su caso no se vea como un hecho aislado, sino como un reflejo de vulnerabilidades sistémicas que enfrentan muchos migrantes.
La Universidad Iberoamericana Puebla exigió a las autoridades un esclarecimiento total de los hechos. “La aparición con vida no es sinónimo de justicia. Es apenas el primer paso para el esclarecimiento de los hechos”.
La Fiscalía de Nuevo León tiene ahora ante sí la tarea de investigar las acusaciones de tortura, detención ilegal y abandono, mientras la Guardia Nacional no se ha manifestado oficialmente sobre la acusación del académico universitario.





