El Niño: especialistas advierten riesgos alimentarios para 2026
"La diferencia entre gestionar un riesgo y gestionar un desastre se encuentra en la capacidad de actuar antes de que los impactos se materialicen”, concluyen expertos.
Aunque el fenómeno conocido como El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático, el episodio previsto para los próximos meses del 2026 y los primeros del 2027, ocurre en un planeta considerablemente más cálido. Esta combinación puede hacer que El Niño genere una aguda crisis de agua lo cual conlleva riesgos alimentarios, además de incendios, inundaciones y otros eventos extremos.
Por ello, especialistas de la Iniciativa Climática de México (ICM) y del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, hicieron un llamado a las autoridades para activar respuestas institucionales.
Durante el seminario El Niño 2026: la liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos, los expertos propusieron cinco pasos clave para amortiguar los impactos de este fenómeno climático: que las instituciones establezcan un mecanismo de coordinación; que los sistemas de alerta temprana se activen y lleguen directamente a cada zona según sus necesidades; que se protejan servicios básicos como el agua, la energía y la comida; que se ayude primero a las regiones más vulnerables y, sobre todo, que esta preparación sea un plan permanente para el futuro y no sólo una reacción de momento.

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, pos sus siglas en inglés) ya anunció oficialmente la formación de El Niño en el Pacífico tropical. Se prevé que se intensifique durante el otoño y alcance su punto máximo en el invierno, con un 63 % de probabilidad de que las temperaturas de la superficie del mar superen los 2.0 °C en la región monitoreada, lo que lo clasificaría como un evento “muy fuerte”.
“La preparación no comienza con el impacto, sino con la toma de decisiones a partir del día de hoy. Tenemos que conocer los factores de riesgo, la exposición, la vulnerabilidad y las capacidades para anticipar qué podría suceder y tomar decisiones en cada territorio”, señaló Enrique Guevara, director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres.
Restauración ecológica: una estrategia de adaptación urgente
Los especialistas especificaron que El Niño no producirá efectos homogéneos en el país, pues sus impactos dependerán de la temporada, la región y las condiciones previas.
“La pregunta no es sólo si va a llover más o menos, sino dónde y cuándo se esperan los impactos. En un evento de El Niño fuerte, la influencia del fenómeno puede volverse dominante y modificar patrones de precipitación, temperatura, ciclones, nortes y ondas de calor. Por eso, la preparación tiene que ser territorial y anticipada”, señaló Jorge Zavala, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Se prevé que El Niño 2026 ponga a prueba la seguridad hídrica y alimentaria de México debido a los impactos acumulados de sequías anteriores y la sobreexplotación.

“El Niño incide en todo el ciclo del agua: no sólo en la precipitación, sino también en la evaporación, la humedad de los suelos, el escurrimiento superficial y la recarga de los acuíferos. Por eso, depender de más extracción subterránea o de trasvases no es una estrategia que garantice acceso al agua en el mediano y largo plazo”, señaló Fabiola Sosa, jefa del Área de Crecimiento Económico y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana.
La prevención para las consecuencias de El Niño en los siguientes años, explican los especialistas, requiere una planeación real basada en la disponibilidad real del agua y el respaldo prioritario a los pequeños productores agrícolas para disminuir los riesgos hídricos o alimentarios,quienes son los más vulnerables ante estos desequilibrios climáticos.
Para frenar estos riesgos, la Iniciativa Climática de México (ICM) destaca la urgencia de apelar a los ecosistemas como un escudo protector: la conservación y restauración de bosques, cuencas, manglares y humedales no es sólo un asunto de agenda ambiental, sino una estrategia vital de adaptación para amortiguar desastres.




