Sheinbaum envía la iniciativa de reforma electoral; no cambia los puntos objetados por los aliados de Morena
La presidenta Claudia Sheinbaum envió a la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma electoral, que prevé cambios de fondo en el financiamiento a los partidos, la forma de asignar diputaciones de representación proporcional, lo que le resta poder a las cúpulas de los partidos; la eliminación de senadurías plurinominales y la transformación del funcionamiento de los órganos electorales, que tendrán menos recursos para organizar las elecciones.
Elaborada por una comisión presidencial encabezada por el varias veces legislador plurinominal Pablo Gómez, y en cuyos ajustes finales participó la propia presidenta, la iniciativa de reforma constitucional mantiene sin cambios varios de los puntos objetados por el Partido del Trabajo y el Partido Verde, cuyos votos son claves para conseguir su aprobación.
Entregada esta tarde en la Cámara de Diputados, la iniciativa fue entregada después de varias semanas en que Sheinbaum y la titular de Gobernación trataron de llegar a un acuerdo con las dirigencias de los partidos aliados del gobierno.
Ante la resistencia de ambos partidos, la presidenta Sheinbaum se vio forzada a enviar la iniciativa a sabiendas de que podría sufrir un revés significativo en materia legislativa. Sería la primera ocasión desde 2021, cuando Morena y sus aliados consiguieron una mayoría en la Cámara de Diputados, en que una inicitiva presidencial es rechazada.
En su conferencia de prensa de este martes, la presidenta comentó que los principios de la reforma “no son negociables”: la desaparición de senadores plurinominales, la reducción del financiamiento a partidos políticos, el fin del nepotismo y la reelección, y el derecho de los mexicanos en el extranjero a votar por sus propios diputados de representación proporcional.
“Yo la voy a presentar. Si no se aprueba, no se aprobó, pero yo cumplí con la gente”, remarcó Sheinbaum.








Las diferencias con sus aliados coloca en riesgo la mayoría calificada de Morena en el Congreso. En la Cámara de Diputados, la coalición oficialista requiere 81 votos de sus aliados para alcanzar las dos terceras partes necesarias para reformar la Constitución. En el Senado, necesita 19.
Sin el respaldo del PT y el PVEM, Sheinbaum no puede garantizar la aprobación de su reforma electoral. La oposición —PAN, PRI y Movimiento Ciudadano— ya ha anunciado su voto en contra.
Pretende restituir el partido hegemónico, alega el PT
Alberto Anaya, dirigente vitalicio del PT, fijó el fin de semana pasado la postura de su partido al respecto. “Decimos ‘no’ al regreso del viejo partido de Estado que dominó México de 1929 a 2018”, advirtió el líder petista.
El PT ha mostrado ya que no acompañará la iniciativa y lo ha hecho más allá de las declaraciones. En un documento interno, revelado por el diario El País, la dirigencia petista desmenuza lo que considera “debilidades estructurales” de la propuesta de reforma electoral de Sheinbaum.

Además de rechazar el proyecto, el partido sostiene que se trata de una iniciativa orientada por “prejuicios presidenciales” y por la intención de mantener un partido hegemónico, alterando las bases del sistema democrático mexicano para favorecer a la fuerza en el poder.
El texto identifica cuatro focos de alarma. El primero es el federalismo: para el PT, la reforma avanza hacia la centralización del poder electoral, lo cual contradice el ideal del sistema democrático instaurado en 1824. La iniciativa permitiría que desde la capital se decidan aspectos que deberían corresponder a los estados: el tamaño de los congresos locales o los métodos de selección de candidaturas.
El segundo punto preocupante es la intención de eliminar el sistema de representación proporcional, que el PT considera uno de los pilares de la pluralidad política mexicana desde la reforma de 1978. Para el partido, sustituirlo por mecanismos basados en candidaturas individuales implicaría un “retroceso histórico” que privilegia campañas personalistas sobre plataformas ideológicas.
La reforma, advierte el PT, convertiría a los partidos en simples “franquicias electorales”. Si la competencia se basa en candidaturas individuales, argumentan, el sistema perdería coherencia ideológica y favorecería dinámicas de supervivencia política personal, no debates de fondo. El resultado, según el diagnóstico petista, sería “fragmentación y simulación”.
Por último, los petistas cuestionan una de las banderas principales del gobierno: la reducción de costos electorales. Lejos de generar ahorros, el PT sostiene que la propuesta podría aumentar el gasto. Al multiplicar las campañas de 300 a 400 y obligar a candidatos de listas a promoverse individualmente, se incrementarían los costos operativos y de fiscalización. Además, señalan, el verdadero gasto está en las campañas de mayoría relativa y en el financiamiento público asignado con la fórmula vigente, la cual beneficia al partido con mayor votación: Morena.
Las resistencias del Verde
“Hemos hecho planteamientos en el ‘cómo’. Lo dijimos con claridad: estábamos a favor de que los que tuvieran mejor desempeño en el proceso electoral, es decir, los mejores segundos lugares, fueran los que accedieran a los cargos legislativos”, explicó Velasco, quien participó en las mesas de negociación para redactar la propuesta.
Sin embargo, el senador Luis Armando Melgar reveló que dentro de su bancada hay más de siete legisladores en contra de la reforma en los términos actuales. “Si la reforma viene en los términos como los anunció la señora presidenta, mi voto, como el de varios del PVEM, va a ser en contra”, declaró Melgar, advirtiendo que hay votos suficientes para que la propuesta no prospere.
Aunque el Partido Verde, por su parte, ha mantenido un perfil más moderado, su alianza con Morena también comienza a agrietarse. Su coordinador en el Senado, Manuel Velasco, aseguró quesu bancada apoya en un 95% la propuesta presidencial. El cinco por ciento restante, explicó, corresponde al método para elegir a los diputados plurinominales.





