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Los nuevos ricos de la clase política
Los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador: José Ramón, Gonzalo y Andrés Manuel López Beltrán, en momentos previos previos a la sesión solemne en la Cámara de Diputados en la que se tomó protesta a Claudia Sheinbaum como presidenta de México. Foto: Galo Cañas | Cuartoscuro.com
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Los nuevos ricos de la clase política

Publicado el 1 de febrero 2026
EL PERSEGUIDOR

Mientras los rostros de los viejos y nuevos ricos de la clase política, plenos de soberbia y fuerza, ocupan los espacios públicos y las redes sociales, recuerdo una conversación que mantuve hace varios años, en pleno ascenso de la llamada Cuarta Transformación, con el hijo de un expresidente de la República en los años 70, esa época en que los priistas se sentían infinitos, igual que ocurre con muchos de los personajes que actualmente detentan el poder.

Le pedí a Benito Echeverría Zuno que me contara cómo había vivido él, en ese momento un adolescente, el ascenso de su padre al máximo poder en México, y cuáles eran los signos y símbolos que existían entonces y ahora en la nueva clase dorada política.

¿Qué pasa con alguien que, de pronto, amanece siendo el hijo del presidente de la república y encuentra un universo desconocido, el del poder real, con sus lenguajes, extraños para cualquiera que no pertenezca a esa casta? ¿Cómo veía el mundo ese joven que vivía, literalmente, en donde se tomaban decisiones que afectan a millones de personas?

Comenté que una de las expresiones más representativas de los relevos sexenales era la manera en cómo se formaban y desplazaban entre sí los grupos o familias políticas. Era una forma casi natural, orgánica, de las sucesiones en México. Hablamos de los grupos. Por, ejemplo, del de Atlacomulco y de que su lugar era ocupado, en los últimos tiempos, por los López o los Monreal.

No, dijo, eso es un efecto evidente de las sucesiones. Y lo mismo pasa en esto que han llamado la Cuarta Transformación. Ahí, lo que se manifiesta es, en el mejor de los casos, la evolución de las familias políticas.

Lo explicó con un juego simple de palabras: el poder político en México no se crea ni se destruye, solamente cambia de nombres. La mayoría de esas familias que ahora ocupan los principales puestos del poder tienen su origen en los 70, en los años dorados del PRI. No es, como sí suele ocurrir en una revolución, que quienes llegan a los máximos mandos sean personas que no tienen conexiones con quienes detentaban el poder político, económico o militar anterior.

Entonces, comenté sobre la “nueva” clase empresarial, aquella que comienza a recibir los grandes contratos de las obras insignia del gobernante en turno. Obras como el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, etcétera. “Ahí sí hay un signo, creo yo, inequívoco”.

¿Pero, pregunté, habrá algo que una a todos los otros signos? Uno que sea común en las clase política, económica, militar, etc. a tal grado que alcance el nivel de símbolo.

Lo que diré, advirtió, es resultado de lo que recuerdo y que luego, con los años, fui confirmando. De ninguna manera es resultado de una teoría política, sino de lo que aprendí desde la experiencia, más allá de las teorías que luego conocería en la universidad.

“Ser y sentirse ricos es una experiencia que casi nadie con un poco de poder político se quiere perder”.

“Cuando mi padre llegó a la Presidencia de la República, yo era un adolescente, lejos de las grandes decisiones nacionales. Al tiempo, alcancé a ver un poco lo que significaba. Pero en esos años, lejos de cualquier elucubración teórica sobre el poder, me dediqué a vivir casi como se me daba la gana. Eso provocó varios enojos a mi padre, que, en eso de la imagen pública, sí era muy riguroso. Pero a mí me gustaba el rock y andar en moto. Y con el tiempo me di cuenta de que eso, que pareciera no tener nada que ver con lo que preguntas, era uno de los fenómenos más simbólicos de las sucesiones presidenciales, algo que yo bauticé después como la ‘clase social’ de los nuevos ricos”.

Contra mi voluntad, contó Benito, me movía entre las familias políticas y comencé a percibir cómo iban arribando al círculo de poder, por ejemplo, los hijos (as) de los nuevos hombres en el poder. “No necesariamente me refiero a las familias ricas, a los empresarios que siempre tendrán un lugar preferente junto a los políticos. Lo que hoy recuerdo como un fenómeno que me llamó la atención es que fueron apareciendo en las reuniones familiares los hijos de los funcionarios de Banobras, de Hacienda, de Gobernación, de Agricultura, de los jueces, de los generales…”.

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Es decir, exponía el hijo del expresidente, no era quién ocupaba el puesto con más poder político, sino quienes ahora gastaban los recursos públicos de manera legal e institucionalizada. “Lo que llamo los nuevos ricos. Esos que surgen de pronto. Y ahí es donde menos ponemos la atención como fenómeno social. Lo vemos como algo ‘normal’ que, de pronto, los familiares de los funcionarios comiencen a viajar, a gastar en autos nuevos, algunos de ostentosas marcas y altísimos precios”.

Benito compartía una visión marcada por la experiencia y la madurez después de tantos años: “Ser y sentirse ricos es una experiencia que casi nadie con un poco de poder político se quiere perder. Nadie. Eso va más allá de las ideologías y las doctrinas. Si revisas con calma las páginas de sociales, se puede ir haciendo una red que explicaría, desde ese ángulo, los relevos políticos. No me refiero a esos políticos que con descaro presumen su riqueza, sino a aquellos que muy sutilmente, y sin que la sociedad lo detecte, han subido de escalón social a costa de la nómina del Estado”.

Mientras él seguía hablando, pensé en algunos apellidos y nombres que hoy podrían entrar en esa categoría de nuevos (y viejos) ricos, como los hijos de Andrés Manuel López Obrador; los senadores Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña; los diputados Ricardo Monreal, Pedro Haces Barba; los nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sus ostentosas camionetas blindadas, aunque la medida se haya revertido circunstancialmente; las familias de los altos mandos del Ejército y la Marina.

Pensé en ellos, a quienes no les basta con saberse ricos, sino que desean exhibirse como tales; buscan que la gente aprecie que ellos son los nuevos ricos, que nos demos cuenta de que de nada sirve detentar el poder político, legislativo o judicial, si éste no se ve y se siente.


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Por Jacinto Rodríguez Munguía

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