A Franklin Roosevelt se le atribuye la frase de que “en política, nada es casual”. A partir de esa tesis, habría que preguntar a la presidenta Claudia Sheinbaum: ¿por qué celebrar el Día Internacional de las Mujeres rodeada de militares?
Y aunque ha comentado que el 8 de marzo pasado acudió al Campo Marte para celebrar a las mujeres en ejército, resulta incomprensible que una mujer orgullosa de haber nacido con el ADN de la izquierda en México, optara por aparecer en ese escenario, marcado por la mano militar, lejos de la compasión que otros grupos de mexicanas le reclamaban.
Las imágenes muestran a la presidenta Sheinbaum envuelta en una marea verde olivo. Esa fue su decisión. Si en vez de ello, se hubiera rodeado ese día de profesoras de todos los niveles, el mensaje habría sido otro: el gobierno y el país apuestan por la educación; no es la fuerza, sino las ideas y la razón lo que define la relación de la presidenta con la sociedad.
Qué tal si hubiese estado acompañada por enfermeras y médicas. Les habría venido bien una muestra de apoyo desde el más alto nivel del poder, un incentivo para lidiar cotidianamente con millones de pacientes, para aliviarles el dolor con conocimiento y palabras.
Y si en vez de generales, hubiésemos visto a la presidenta en el centro de un grupo de científicas, la imagen sin duda habría motivado a niñas y jóvenes a seguir en el árido terreno de las ciencias.

Y qué tal con las feministas. Habría lanzado un mensaje claro: la frase de que con Claudia Sheinbaum llegaron todas a la Presidencia no fue sólo una buena idea propagandística, sino una realidad. Pero no es así. La presidenta lo sabe, las feministas también: no llegaron ni todas ni juntas ni a tiempo. La imagen habría sido muy potente, una de conciliación y compromiso con las mujeres violentadas y asesinadas, con las mujeres que no están en el poder.
Cómo se habría visto rodeada de las madres buscadoras; ellas, con sus palas, picos y varillas, herramientas con las todos los días buscan a sus hijas, hijos, esposos, hermanas, madres.
Y si en el lugar de ese escenario cubierto del oleaje verde olivo, hubieran estado presentes las y los hijos de los desaparecidos de los años 70, los detenidos y torturados por militares; los familiares de las y los mexicanos arrojados al mar en los vuelos de la muerte. A fin de cuentas, las luchas e ideas de ellas y ellos dieron sustento ideológico al movimiento de la Cuarta Transformación que Sheinbaum lidera.
Un gobierno que se reivindica de izquierda decide festejar el día de la mujer acompañada por los hombres que encabezan una de las instituciones más cuestionadas por sus violaciones a los derechos humanos. Un cuerpo militar que reproduce en su interior violencias, incluidas las sexuales, contra las mujeres que lo integran, como lo muestra la investigación periodística Violencia sexual en los cuarteles | Radiografía de la impunidad.
En imágenes transmitidas desde canales oficiales se mostraba con frecuencia el recorrido del expresidente Andrés Manuel López Obrador por los pasillos de Palacio Nacional en su trayecto hacia el salón donde se realizan las conferencias matutinas. En alguno de los cruces, el tabasqueño se encontraba con algún grupo de militares que, de inmediato y como procede según las normas castrenses, se cuadraban ante el comandante en jefe de las fuerzas armadas.
El mensaje era directo: el poder político, el de ayer, el de ahora, no es sin los militares. Quedaba claro que, al lado del presidente, estaba la mano fuerte, las botas de los militares. No era casual.
¿Por qué querría la presidenta Claudia Sheinbaum aparecer rodeada de generales, altos oficiales y mujeres militares el pasado domingo 8 de marzo?
En política, nada es casual.

