Grupos de biólogos y ciudadanos han lanzado la campaña “Tu cabello puede limpiar el mar” para contribuir a mitigar con barreras tubulares de pelo la emergencia generada a raíz del derrame de petróleo crudo en el Golfo de México, que afecta más de 630 kilómetros del litoral de Veracruz y de Tabasco.
Los científicos han comprobado que el cabello humano y el pelo de mascotas funcionan como un filtro natural de alta eficiencia que no daña el entorno acuático. “El cabello tiene propiedades hidrofóbicas y oleofílicas; es decir, repele el agua y absorbe casi al instante los aceites. Puede absorber de tres a nueve veces su peso en aceite, convirtiéndolo en un filtro natural y ecológico”, precisa Arturo Araujo Arriaga, biólogo especializado en manejo y rehabilitación de fauna silvestre.
Por ejemplo, un kilo de cabello puede absorber hasta ocho litros de petróleo: se elaboran grandes tapetes y barreras tubulares con ese material orgánico. Después, son lanzados al mar para retener los hidrocarburos.
Para que el material sea útil en las brigadas de limpieza que trabajan en el Golfo de México, el cabello de personas o pelo de mascotas debe entregarse limpio y seco, libre de residuos, basura o humedad. La campaña de recolecta solicita que, de ser posible, se corte en trenza o coleta y, por eso, invitan a sumarse a las estéticas, barberías y veterinarias de todo el país.
Aunque el gobierno federal ha retirado varias toneladas de chapopote en el Golfo de México, aún falta mucho por hacer. Por eso la campaña ciudadana “Tu cabello puede limpiar el mar” se ha intensificado.
Cuando ocurre un derrame -explica Araujo Arriaga, especialista del Tecnológico Nacional de México y quien coordina los centros de acopio en Ciudad Victoria, Tamaulipas-, el petróleo se expande muy rápido sobre la superficie del agua formando una película delgada. Esa capa bloquea el paso de oxígeno y afecta a peces, plantas, microorganismos. Una sola gota de petróleo puede contaminar entre 20 y 25 litros de agua.
“No es la primera vez que ocurre un derrame de hidrocarburos en el Golfo de México. Sin embargo, éste ha sido el de mayor alcance”, precisa el biólogo.

Araujo Arriaga es oriundo de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y coordina centros de acopio no sólo de cabello, también de palas, rastrillos, redes, botas industriales, mascarillas de gas, overoles impermeables, bolsas negras gigantes para enviarlos a las brigadas que ayudan a combatir el derrame.
Aunque Pemex reporta un avance general de 85% en la limpieza, las comunidades de Veracruz y Tabasco han tenido que actuar por su cuenta en al menos nueve sitios.
“Los brigadistas batallan para retirar el chapopote del mar, pero también luchan para evitar que se les adhiera. Ellos trabajan con las herramientas a su alcance. Por eso, es importante ayudarles con más elementos de protección que les permita continuar con su trabajo”, advierte Araujo Arriaga en entrevista con Fábrica de Periodismo.
El derrame compromete a toda la fauna marina
Los focos de alarma se encendieron desde el 2 de marzo, cuando los pobladores detectaron manchas de hidrocarburos dispersas en Coatzacoalcos, Veracruz. Quince días después, el derrame se había extendido hasta Tuxpan. Fue el 24 de marzo cuando pequeños fragmentos de chapopote se encontraron en la playa Ciudad Madero, Tamaulipas.
A finales de marzo, Pemex reportó que había recolectado 430 toneladas de residuos con hidrocarburos y limpiado 223 kilómetros de playas. Pero el impacto en los ecosistemas ha adquirido mucho más seriedad porque el derrame abarca más de 630 kilómetros del litoral central.
Araujo Arriaga explica que cuando las tortugas se llenan de hidrocarburos, se les queda pegado en todo su caparazón; salen del mar en busca de refugio y, con el frío o cuando baja la temperatura, ese mismo petróleo crudo se endurece y forma una capa que no puede retirarse.

“El caparazón tiene ciertos poros por donde las tortugas también realizan intercambio de oxígeno. Al pegárseles el hidrocarburo, aumenta su temperatura corporal y las tortugas terminan asfixiándose”, precisa el especialista.
Con los arrecifes coralinos ocurre algo similar: el petróleo se queda pegado en sus estructuras e impide el proceso fotosintético. A mediano plazo, terminan blanqueándose y mueren.
El derrame de hidrocarburos -continúa Araujo Arriaga- implica una contingencia a mediano y largo plazo porque ataca directamente a los arrecifes de coral, lo que compromete a toda la fauna marina.
“Entre 65 y 70% de todos los animales marinos dependen, de diversas formas, de los arrecifes de coral. Por eso, a los arrecifes se les llama ‘las guarderías del océano’. Si los afectamos, le pegamos a casi toda la biodiversidad de los mares. Por eso son tan graves los derrames de hidrocarburos”.
Golpe a los pescadores
La pesca y las actividades vinculadas al mar representan ingresos para miles de familias. Pero el derrame de hidrocarburos ha oscurecido la vida de toda esta población perjudicada por los daños causado en el corredor arrecifal del Golfo de México.
El gobierno federal ya anunció que se suspenden las actividades de pesca en Veracruz y sur de Tabasco durante dos años. Ahora mismo, las comunidades tienen prohibido pescar porque los peces y todos los frutos del mar están contaminados.
“Es un golpe muy fuerte para las comunidades que dependen enteramente de la pesca, al ser su principal sustento, no sólo para consumo, sino también para la venta. Los pescadores viven día con día del mar. Los daños son múltiples”, considera Araujo Arriaga.

El biólogo ya no sólo coordina centros de acopio de cabello para limpiar el mar y colectar material de grado industrial para proteger a las brigadas que ayudan a combatir el derrame. También ha lanzado una campaña de colecta de víveres en apoyo las familias de pescadores afectados.
“Estas familias se van a quedar sin un sustento. Por eso, diversos colectivos impulsamos el acopio de alimentos no perecederos, artículos de higiene personal y primera necesidad, agua embotellada, cereales, leche… para enviarlos a esas comunidades de Veracruz. La crisis es general”, concluye Araujo Arriaga.


