El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) destruyó 47 monumentos mayas de mil 500 años de antigüedad, mutiló las construcciones originales, arrancó las piedras de las fachadas con maquinaria pesada (“una destrucción premeditada del patrimonio arqueológico nacional”, y construyó en Chetumal un parque temático, “una falsificación” que pretende crear una fraudulenta apariencia prehispánica, según el reporte de evaluación in situ realizado por especialistas del sindicato de profesores e investigadores del INAH.
Cuando las y los integrantes del Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia del INAH vieron el entusiasmo con el que la gobernadora de Quinta Roo, Mara Lezama, anunciaba el 19 de julio de 2025 la próxima inauguración de un “gran, gran, gran” Parque Arqueológico en Chetumal –“de verdad, el más grande de toda América Latina, bien, bien bonito” –, enmudecieron.
No daban crédito a lo que veían.
“Les quiero decir que tendremos un Parque Arqueológico en Chetumal. ¡Ahí está! -decía y levantaba la voz para enfatizar cuán contenta estaba-. Son, eh, uhm, 47 monumentos con más de mil 500 años de antigüedad. Se va a llamar Báalam Tum, un proyecto arqueológico de reubicación, restauración y rehabilitación”, informaba Mara Lezama durante la transmisión de su programa semanal La Voz del Pueblo.
Mientras pasaba un video en que se apreciaban los avances de los trabajos de ese proyecto, y en el que ella aparecía, en cuclillas, vistiendo el chaleco que usan los investigadores del INAH, revisando piedras, seguía describiendo el proyecto:
“Todo esto fue encontrado en los tramos. Se rescataron todos estos monumentos. El trabajo fue… ¡No, no, no, no les puedo yo contar. De verdad. Yo lo vi. Nadie me lo cuenta! Yo estuve con la arqueóloga. Yo estuve. Los vi trabajar. Piedrita por piedrita. Ahora están acá esas piedras. Piedrita por piedrita con un número porque el INAH es ¡súper, súper estricto!”.
Las alertas se activaron aún más cuando los especialistas vieron las imágenes de cuadrillas trabajando en la fase final de ese “parque arqueológico”.
Un mes exacto después, el 20 de agosto, la asamblea general del sindicato de profesores e investigadores del INAH expresó su rechazo al parque y creó una comisión de especialistas para que visitara las obras y emitiera un dictamen.
Lo que habían visto en el video los alarmaba. No se equivocarían.
Después de que a la primera comisión de académicos que acudió a realizar la visita in situ no la dejaran pasar de la puerta del Parque Arqueológico “porque no tenían notificación”, el Comité Ejecutivo del sindicato designó a varios integrantes de su Comisión de Patrimonio para que realizaran un segundo intento de inspección.
Enviaron a algunos de los arqueólogos más experimentados del país, con más de 35 años de carrera y reconocimientos nacionales e internacionales por su labor: Sergio Gómez Chávez (adscrito a la Zona Arqueológica de Teotihuacan), Jesús E. Sánchez (Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH) y Jaime Garduño Argueta (Centro INAH Quintana Roo)
La misión tenía cuatro objetivos bien definidos desde un principio:
- Presentarse con el responsable del “parque arqueológico” para que les explicara los motivos que sustentan esa edificación, les mostrara el avance de los trabajos y les compartiera la justificación científico-académica, legal y social de las obras.
- Verificar si el desmontaje, extracción, traslado y reconstrucción de los 47 monumentos arqueológicos se realizaron con base en un proyecto o protocolo específico y detallado, y si ese trabajo fue autorizado por el Consejo de Arqueología del INAH.
- Evaluar desde una perspectiva técnico-académica las obras de reconstrucción y distribución de los monumentos extraídos de los sitios arqueológicos originales, ubicados en los tramos 6 y 7 del Tren Maya.
- Obtener información respecto a la formalización y puesta en funcionamiento del parque y qué dependencia sería responsable de su operación, cuidado, mantenimiento y administración.

Crimen de lesa arqueología
Goméz Chávez y sus colegas Jesús E. Sánchez y Jaime Garduño Argueta llegaron el 19 de noviembre de 2025 al lugar y recorrieron el terreno en el que se edificó el “Parque Arqueológico”, en el extremo oeste de Chetumal.
Tomaron fotos, midieron las construcciones, inspeccionaron los monumentos, conversaron con los trabajadores y con los responsables de la obra.
Al término de la visita, los especialistas regresaron a la Ciudad de México a escribir el reporte de sus hallazgos y entregarlo, semanas más tarde, a la Comisión de Patrimonio del Sindicato Nacional de Profesores de Investigación Científica y Docencia del INAH, instancia que les hizo la encomienda.
En las 22 hojas que ocuparon para dejar constancia de lo que encontraron en el “Parque de la Memoria Báalam Tun”, en Chetumal, Quintana Roo, detallan, con minuciosidad, lo que constituye, en su opinión, un crimen de lesa arqueología.
- Los monumentos arqueológicos no fueron “desmontados”, como argumentan las autoridades. De hecho, fueron mutilados, pues sólo se extrajeron las piedras de sus fachadas.
- La operación para “arrancar” las piedras de las fachadas de los monumentos originales constituye, en realidad, “una destrucción atroz” del patrimonio arqueológico; los 47 monumentos quedaron abandonados y expuestos a la erosión y el saqueo.
- Quien concibió el plan permitió que se empleara una reprobable “técnica”: usaron maquinaria pesada (trascabo) para desmantelar las fachadas originales, lo que implica “una destrucción premeditada” del patrimonio arqueológico nacional.
- El parque temático “es una falsificación, pues pretende mostrarse como ejemplo de la cultura maya”, creando una “falsa apariencia prehispánica”.
- Esas estructuras “no corrían ningún riesgo” de ser destruidas por la construcción de los tramos 6 y 7 del Tren Maya, pues los sitios de donde fueron extraídas se encontraban dentro del derecho de vía y no fueron afectadas por las obras.
- El despojo de las piedras de las fachadas de edificios arqueológicos en su emplazamiento original y su posterior abandono crea un precedente fatal que podría motivar una escalada de destrucciones y deja los sitios expuestos a saqueadores y a la delincuencia organizada.
Aunque se solicitó a las autoridades del INAH una entrevista para conocer su opinión sobre las conclusiones de la evaluación, hasta el cierre de la edición no dieron respuesta.
Los monumentos arqueológicos no fueron “desmontados”, como argumentan las autoridades. De hecho, fueron mutilados.
COMISIÓN DE ESPECIALISTAS deL SINDICATO de Profesores de Investigación y Docencia del INAH
Montones de piedras por aquí y allá. Piedras de diferentes tamaños, montones colocados por doquier en el terreno de cuatro hectáreas. Algunas de ellas estaban numeradas, pero sólo algunas. La mayoría habían sido tratadas como el cascajo que se saca de cualquier construcción.
Al arqueólogo Sergio Gómez Chávez le llamó la atención esa escena, se acercó y preguntó a uno de los trabajadores:
–¿Qué hacen esas piedras amontonadas de esa manera?
–Son las que vamos a colocar en los nuevos edificios –respondió el trabajador.
Gómez Chávez recorrió con la mirada el terreno y se llevó las manos a la cabeza. Se dio cuenta de que esas piedras eran las que se arrancaron de las 47 estructuras arqueológicas previamente desmontadas y extraídas de las localidades de Juan Sarabia, Jesús González Ortega y Francisco Villa, en Quintana Roo, para construir un espacio que simula y pretende mostrarse como un “parque arqueológico”.



No daba crédito a lo que veía. Era imposible imaginar que un funcionario como Manuel Pérez Rivas, doctor en arqueología y coordinador académico del Proyecto Salvamento Arqueológico del Tren Maya, hubiera ideado, planeado y propuesto edificar un lugar ficticio de esa naturaleza.
“Te asombra lo que ves: todo es una falsificación de lo que es un verdadero sitio arqueológico. Quienes nos dedicamos a esta especialidad, no concebimos que alguien haya siquiera pensado y hecho esa barbaridad”, cuenta Gómez Chávez en entrevista con Fábrica de Periodismo.
Gómez Chávez sabe de lo que habla. Doctor en Arqueología, por más de cuatro décadas ha estudiado y escrito sobre diversos aspectos de la vida, produción artesanal, organización barrial, ritualidad, lengua y escritura de los antiguos pobladores de la Zona Arqueológica de Teotihuacan.
Desde 2003 dirige el proyecto de investigación y conservación del Templo de la Serpiente Emplumada, la estructura arqueológica más enigmática ubicada al centro de la Plaza de la Ciudadela en Teotihuacan.
Uno de sus hallazgos más impactantes es un túnel de 103 metros de largo por 14 metros de profundidad que pasa por abajo de la Plaza de la Ciudadela hasta llegar al Templo de la Serpiente Emplumada, convirtiéndolo en el pasadizo más antiguo, profundo y extenso que se conoce en el mundo.
Gómez Chávez dirige el equipo interdisciplinario que desarrolla el Proyecto Tlalocan: camino bajo la tierra, investigación que recibió el Field Discovery Award 2015 por ser uno de los 10 hallazgos de campo más importantes del mundo durante el prestigiado Fórum de Arqueología de Shanghai.
El arqueólogo Pérez Rivas, responsable de los cuestionados trabajos arqueológicos vinculados con el Tren Maya, recibió a los arqueólogos Sergio Gómez, Jesús E. Sánchez y Jaime Garduño en el sitio en que se apuraban los trabajos para terminar el parque.
Meses después, Sergio Gómez cuenta a lareportera algunos detalles de la visita:
–¿Cuáles son las bases científico-académicas que sustentan la edificación de este parque? –le preguntaron los arqueólogos enviados por el sindicato de profesores e investigadores.
–Es un trabajo bien hecho –respondió Pérez Rivas–. Movimos piedra por piedra. La reubicación de monumentos es un último recurso para evitar su pérdida. Un ejemplo emblemático es el templo de Ramsés II, en Abu Simbel, que fue trasladado a una cota más alta para evitar su inundación por la presa de Asuán, en Egipto…
Pérez Rivas les aseguró que el parque y las medidas aplicadas estaban avaladas desde 2023 por el Consejo de Arqueología del INAH y que cumplían con lo establecido en la Carta de Venecia y con las recomendaciones de la Unesco y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios para reubicar monumentos cuando su preservación in situ no sea posible.
El responsable de las obras “citó a la Unesco y la Carta de Venecia, pero estos instrumentos de ninguna manera podrían avalar un parque así, porque es una falsificación de lo que es un verdadero sitio arqueológico”, comenta Sergio Gómez.
Marcaron piedra por piedra sólo para despojar a los edificios originales de sus fachadas y hacer, después, un ‘parque arqueológico’ ficticio
Arqueólogo sergio gómez
El Parque de la Memoria de Chetumal no es tampoco, dice el investigador, ningún rescate de esas 47 estructuras arqueológicas, cuya antigüedad es de unos mil 500 años, construidas en el periodo clásico (200-1000 d.C.) “En realidad, es un reflejo de la enorme destrucción de monumentos prehispánicos realizada por la construcción del Tren Maya. Este parque es una catástrofe de lesa arqueología”.
Durante el recorrido, Manuel Pérez Rivas repitió constantemente que el parque era “un trabajo bien hecho”. Insistía y les mostraba documentos y fotos que llevaba consigo en su celular.
Sólo que poco le ayudó para convencer a sus colegas de las presuntas bondades del parque. “Las fotos y documentos que ellos mismos nos compartieron para explicar cómo encontraron las estructuras arqueológicas originales, cómo las desmantelaron y cómo construyeron edificios nuevos, revelan una gran diferencia entre lo que dicen y lo que realmente hicieron”.
De hecho, marcaron piedra por piedra sólo para despojar a los edificios originales de sus fachadas y hacer, después, un “‘parque arqueológico’ ficticio”.



Fuente: Reporte de la comisión de especialistas al Sindicato de Profesores de Investigación Científica y Docencia del INAH.
El “Parque de la Memoria”, como ahora ha sido rebautizado, luego de que se cuestionó su carácter arqueológico, forma parte del Parque Quintana Roo. Se extiende sobre 38 mil metros cuadrados e incluye un recinto ferial, locales comerciales, una plaza multiusos, pabellón, juegos infantiles, ciclovía, gimnasio exterior, multicanchas y estacionamiento.
Inaugurado hace dos años, el Parque Quintana Roo tuvo un costo de 304 millones de pesos. Se calcula que el gobierno federal destinó una cifra similar para construir, al lado de este recinto ferial, el “Parque de la Memoria”, como complemento a ese espacio de comercio y diversión.
El Parque de la Memoria está conformado por cinco grupos de estructuras que dan la apariencia de ser vestigios prehispánicos. Sólo que hay un detalle: los 47 edificios son de reciente construcción, bien aplanados, derechitos y bien perfilados. Nada que ver con la milenaria cultura maya.
La construcción, señala el reporte que la comisión de arqueólogos entregó al Comité Ejecutivo del sindicato, “carece de cualquier base académica”.
Lo más evidente es que los núcleos de las nuevas edificaciones se construyeron con un cajón de mampostería rellenado con piedra, tierra y sascab (piedra caliza de la región) para, después, ser revestidos con algunas de las piedras de las fachadas originales de los sitios arqueológicos antes desmantelados con trascabo.
Aún más, “los edificios originales han quedado completamente mutilados y desarticulados de todos sus componentes y sistemas constructivos, quedando expuestos ya a su total destrucción”.
El dictamen de los arqueólogos indica que, en todos los casos, los edificios recién construidos, que “no tienen mayores elementos originales que algunas de las piedras de las fachadas”, se asentaron sobre una cimentación de piedras calizas amorfas de entre 50 y 60 centímetros de altura para crear la sensación de que se trata de auténticos vestigios.
Los edificios construidos en el Parque Báalam Tun se muestran desarticulados del sistema urbano-arquitectónico al que pertenecían y se les ha despojado así de la mínima referencia de su contexto arqueológico e histórico-social.
comisión de especialistas del Sindicato de Profesores de Investigación Científica del INAH
Pero, en realidad, con esa cimentación lo que se pretende es proteger esos edificios de las constantes inundaciones que ocurren en el predio. Incluso esta especie de Disneyland Arqueológico se ubica fuera del recinto ferial porque es sabido por la población de Chetumal que son terrenos inundables.
“En ninguna parte del mundo puedes saquear un lugar antiguo para construir otro. Eso se llama fraude y despojo: usas vestigios arqueológicos para hacer edificios modernos. El saqueo está penado por ley. No había necesidad de montar un sitio falso”, lamenta Sergio Gómez.
Sergio Gómez Chávez, Jesús E. Sánchez y Jaime Garduño Argueta salieron abatidos del “Parque de la Memoria”. La visita al sitio les confirmó que el parque no busca rescatar elementos propios de la civilización maya. Lo que allí se construye es un parque recreativo para turistas.
En sentido estricto –concluyen en su dictamen- “es difícil encontrar una denominación que pueda definir qué cosa es este parque”. Los edificios han perdido toda su originalidad y valor histórico-cultural.
Se presenta un conjunto de 47 estructuras nuevas, construidas con la forma y apariencia prehispánicas para complementar el entretenimiento del recinto de la feria de al lado. Este parque carece “de significado arqueológico, histórico y cultural”.
En cambio, a las comunidades de las localidades de Juan Sarabia, Jesús González Ortega y Francisco Villa en Quintana Roo “sólo les dejaron montones de tierra y agujeros por todas partes, en donde antes había estructuras arqueológicas. Eso se llama saqueo y despojo de bienes culturales asociados a su historia”, cuestiona Sergio Gómez. “Es un fraude”.
La evaluación que realizaron in situ, explican los investigadores, destaca la responsabilidad de la Dirección General de INAH, del Consejo de Arqueología y de los coordinadores del proyecto. Se cometió “una destrucción premeditada del patrimonio arqueológico nacional”.
Las conclusiones del dictamen adquieren mayor relevancia ante un hecho: las autoridades del INAH no sólo defienden la construcción del Parque de la Memoria Báalam Tun en Chetumal, sino que han replicado ese esquema turístico al edificar también el Parque de la Memoria K’awiil en la estación Xpujil del Tren Maya, en Campeche.
“Así como las autoridades dicen que movieron piedra por piedra las estructuras de los sitios arqueológicos originales hacia esos parques, ahora tendrían que regresarlas. Es obligación del INAH devolver a las comunidades el patrimonio del que fueron despojadas”, concluye el arqueólogo Sergio Gómez Chávez.
En una toma de medio cuerpo hacia arriba, y balanceando el brillante cabello castaño de un hombro a otro, la gobernadora Mara Lezama continuó ensalzando el proyecto del parque arqueológico en su programa semanal:
“Entonces, cada piedrita tiene un número para que se reubique como debe de ser. Va a ser el Parque Arqueológico… de reubicación, de restauracion y de reubicación, más grande de toda América Latina. Son vestigios provenientes de Juan Sarabia y de Francisco Villa. Y ahí están quedando… ¡La verdad es que… está espectacular!”.
Contó entonces la idea detrás del proyecto: “Es parte de impulsar el turismo cultural, pero sobre todo proteger nuestro legado, nuestro tesoro, que es la ¡Gran, Gran, Gran cultura maya!, y va a estar a finales del mes de agosto. Les invitamos a la inauguración. De verdad, bien, bien bonito. ¡Gracias al INAH, gracias, gracias, gracias!”.


