Niñas y niños en México con plomo en la sangre: un problema de justicia ambiental
Durante la infancia el plomo se absorbe cinco veces más que durante la adultez.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2022-2024) advierte una crisis de salud pública: la prevalencia de plomo en la sangre de niñas y niños, de entre 1 y 4 años, es de 15.8%. Es decir, alrededor de 1.2 millones. Un equipo de investigadoras muestra que no ha habido cambios significativos en la magnitud del problema desde la última edición de la ENSANUT 2018-19.
Las especialistas identificaron que la principal causa de las intoxicaciones se debe al uso de loza de barro vidriado con plomo (LBVPb) en ollas, cazuelas, jarritos y platos: el plomo se desprende del esmaltado al entrar en contacto con alimentos ácidos o calientes. Esto afecta de manera severa a las poblaciones más vulnerables, entre ellas las comunidades indígenas, pobres y con desnutrición crónica, por lo que las investigadoras han señalado en estudios anteriores que la intoxicación por plomo constituye un severo problema de justicia ambiental.

Los resultados de un estudio en los Centros de Desarrollo Integral (Cendi) de Nuevo León, realizado por el Tecnológico de Monterrey y la Secretaría de Salud del estado, revelaron que de mil 239 pruebas realizadas a niñas y niños, 329 presentaron plomo en la sangre, de los cuales 84 presentaron niveles críticos.
Aún no se confirma la causa, pero tanto las familias de los niños como las autoridades del Cendi exigen que se investigue el nivel de incidencia que tienen las zonas de alta actividad industrial, donde operan empresas como Ternium, Nemak, Johnson y Zinc Nacional. Nuevo León, además, capta el 75% del reciclaje de baterías automotrices provenientes de Estados Unidos.
Otro de los estados con índices más críticos es Puebla. En esta entidad, aproximadamente el 46.6% de las niñas y niños han dado positivo a las pruebas que realizadas en las escuelas para detectar niveles de plomo en su sangre. Después de Puebla, San Luis Potosí y Tlaxcala se ubican como los estados más preocupantes.

Las investigadoras del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) señalan que no existe un nivel seguro de exposición al plomo, pues aún a dosis bajas es dañino. La intoxicación tiene efectos negativos en el sistema nervioso y el cerebro. Cuando la exposición es crónica tiene efectos reproductivos, cardiovasculares, renales, inmunológicos y endocrinos.
Las niñas y niños son especialmente vulnerables desde la etapa prenatal porque el plomo traspasa la barrera placentaria y alcanza al feto. Durante la infancia el plomo se absorbe cinco veces más que durante la adultez.
Sin respuesta nacional
“La exposición a plomo continúa siendo un grave problema de salud pública en México. A pesar de que diversos sectores han resaltado su relevancia sanitaria y económica, no se han implementado acciones de alcance nacional para atenderlo de manera afectiva”, señalan las investigadoras en sus análisis.
Urgen a los gobiernos estatales y federales a implementar una estrategia que controle y elimine la principal fuente de exposición mediante el reemplazo del uso de esmaltes con plomo en la producción de loza de barro vidriado.
También solicitan que el Estado establezca un sistema de vigilancia epidemiológica que permita identificar a mujeres embarazadas, recién nacidos, niñas y niños con intoxicación por plomo en los estados con mayores prevalencias de intoxicación y aplicar el protocolo de identificación y atención de casos para darles la atención que corresponde.
Por último, las investigadoras consideran importante el diseño e implementación de una estrategia de comunicación social para informar a la población sobre los riesgos a la salud que genera la exposición al plomo.





