“Somos Guardianas de la vida”: parteras tradicionales de Chiapas exigen fin a criminalización
Chiapas: parteras tradicionales exigen autonomía y respeto por parte de las instituciones de salud. 75% de partos indígenas está en sus manos.
Cien mujeres recorrieron la tarde de ayer las calles de San Cristóbal de las Casas. Eran parteras tradicionales de Chiapas que exigían el cumplimiento de una reforma legal que les prometió reconocimiento y autonomía pero que no se respeta en las instituciones de salud pública.
“No a la certificación de las parteras: ¡autonomía, cuerpos, saberes y territorios!”, “Exigimos trato igualitario: médico-partera” fueron algunas de las consignas que cargaban y coreaban por las calles las mujeres convocadas por el Movimiento de Parteras de Chiapas Nich Ixim.
En 2024 se reformó la Ley General de Salud mexicana para reconocer la labor de las parteras tradicionales. Según el texto aprobado, las parteras pueden expedir certificados de nacimiento válidos ante el Registro Civil, por ejemplo. Además, el aval para ejercer no es una certificación académica o institucional sino el reconocimiento de la comunidad donde practican.

Foto: Imss, Cuartoscuro
No obstante, el centenar de parteras tradicionales que se manifestó en las calles de Chiapas el día de ayer sostienen que en la práctica enfrentan restricciones, criminalización y acoso.
La denuncia no es menor. Las mujeres que marcharon ayer en San Cristóbal, indígenas en su mayoría, acompañan y atienden partos en las zonas rurales de un estado en donde el 63% de la población no cuenta con acceso a los servicios de salud. Y la crisis se agrava cuando se habla de salud obstétrica: en 2025, Chiapas fue el segundo estado que más muertes maternas registró, después del Estado de México.
Día Internacional de la Partera
Ayer martes, 5 de mayo, se celebró el Día Internacional de la Partera: desde 1991 esta fecha ha sido usada como un llamado para honrar, reconocer y reflexionar en torno al papel esencial de las matronas, comadronas, dulas, parteras, katilö, recibidoras o cualquier otro nombre por el cual se conozca en el mundo a las mujeres que acompañan a las mujeres durante el embarazo, el parto y la salud prenatal.
En Chiapas, datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) indican que en la entidad hay unas 6,600 parteras. Ellas atienden hasta el 70 % de los partos en zonas urbanas y en algunas comunidades rurales, la totalidad de los partos depende de ellas. En municipios indígenas, de acuerdo al propio Movimiento de Parteras de Chiapas Nich Ixim, más del 75 % de los nacimientos ocurren en sus manos.

Foto: Isabel Mateos, Cuartoscuro
“Somos guardianas del nacimiento, del cuerpo-territorio y de la continuidad de la vida de nuestros pueblos”, leyeron las manifestantes frente a la Plaza Catedral, al término de la marcha. En su pronunciamiento subrayaron que su práctica no es un “apoyo” al sistema hospitalario, sino “un sistema de salud propio, completo, espiritual y comunitario”.
Esa afirmación se apoya en instrumentos internacionales y constitucionales. Las parteras recordaron que los artículos 2 y 4 de la Constitución mexicana, así como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reconocen la partería como un derecho humano.
Parteras tradicionales son la única opción en muchas comunidades
Los testimonios recogidos por diversos medios locales durante la protesta describen un sistema de salud que, lejos de integrarlas, las excluye. Juana Pérez Hernández, mujer tzotzil originaria de Chamula, en los Altos de Chiapas, relató a El Imparcial que empezó en esta labor a los 14, instruida por una familiar. A los 16 atendió su primer parto “con la ayuda de otra vecina”.
A la fecha, aunque hay unidades médicas en el municipio tzotzil, en muchas comunidades la situación obstétrica es crítica. Hoy, tras décadas de experiencia, Pérez denuncia lo que ocurre cuando una mujer embarazada acude a un hospital público en zonas marginadas: “Te dicen que no hay cama… que no hay ginecólogo… no hay anestesiólogo”.
Ante esa realidad, las parteras se convierten en la única opción en regiones alejadas. Pese a ello, la actual normativa les obliga a certificarse bajo la Norma 020, algo que ellas han cuestionado pues aunque esta norma intenta vincular a las parteras tradicionales con el sistema de salud oficial en una relación que se pretende horizontal, en la práctica se trata de aceptar una subordinación al modelo hospitalario y estigmatiza a quienes no aceptan ese proceso.
Las manifestantes también señalaron que las autoridades presionan a las mujeres “para que teman parir fuera de los hospitales” y que, si eligen ser atendidas por una partera tradicional, se les niegan servicios básicos y cosas tan básicas como reconocer las constancias de nacimiento firmadas por parteras tradicionales, impidiendo que se emitan las actas de nacimiento correspondientes violando el derecho de identidad de los neonatos.
Se han documentado casos donde el personal médico amenaza a las parteras o les exigen renunciar a su oficio, llamándolas incluso “matadoras” y responsabilizándolas de las muertes maternas en comunidades donde son la única opción para que una mujer atienda su salud obstétrica.
Pliego petitorio
La demanda de las parteras tradicionales en Chiapas se podría resumir en un sólo punto: que se cumpla el “convenio general de colaboración interinstitucional para emergencias obstétricas” sin rechazar a ninguna mujer.
Pero la exigencia de fondo es una cuestión de respeto: que el personal de salud deje de mirarlas con desprecio o con recelo. Las leyes nacionales y los convenios internacionales ya obligan a las instituciones a no ceder ni obviar los espacios para la partería tradicional en los procesos de salud obstétrica, ni a negarles servicios básicos a las parteras o a quienes decidan recurrir a ellas. ¿Por qué no se permite que las mujeres embarazadas puedan decidir cómo quieren practicar sus partos y hacerse acompañar de otras mujeres de su comunidades?

Foto: Imss, Cuartoscuro
El movimiento solicita que el resto de “los estados vean la partería indígena como un sistema autónomo (…) no como algo subordinado”. Reclaman una participación vinculante que les otorgue voz y voto en los espacios donde se diseñan políticas de salud materna y comunitaria.
También exigen financiamiento directo, sin intermediarios, para fortalecer sus redes, sus espacios de intercambio de saberes y la construcción de casas de atención comunitaria. “Que los estados vean la partería indígena como un sistema autónomo, con base científica, espiritual y comunitaria”, subrayaron.
Rosa Hernández, mujer tzeltal de Tenejapa con 51 años de experiencia, resumió así el sentido de su lucha: “Somos las guardianes de la vida de la mujer y del bebé, somos las que ayudamos a las mujeres que traigan a los nuevos seres en este mundo”.





