Juan Villoro y el desencanto de los aficionados con la selección mexicana y el Mundial de Futbol
"Si hubiera un mundial de aficiones, México podría llegar a la final”. A semanas de que comience la Copa Mundial de Futbol, Juan Villoro coordina "¿De qué color pinta el verde?", exposición con 100 fotografías históricas, audios, videos y un mensaje claro: el verdadero protagonista del futbol es el público y es natural el desencanto en torno al Mundial cuando el peso del negocio es cada vez más determinante.
Gritos de ¡gooool!, narraciones deportivas y el eco de estadios repletos resuenan en El Colegio Nacional desde este lunes: sobre sus muros lucen fotografías gigantes de la selección mexicana, junto a camisetas verdes de distintas épocas que comparten espacio con balones históricos, imágenes de Pelé y Maradona, recortes periodísticos, videos de algunas de las escenas más felices y más dolorosas del futbol nacional.
El recinto del Centro Histórico ha dejado de ser –aunque nunca del todo– un espacio académico para convertirse en una especie de estadio emocional mexicano.
Así se presenta la exposición ¿De qué color pinta el verde? La selección mexicana, el futbol y sus representaciones del mundo, coordinada por el escritor Juan Villoro y curada por José Enrique Ortiz Lanz, que está abierta al público deesde este martes 12 de mayo como parte del Corredor Cultural Host City Ciudad de México, rumbo al Mundial 2026.
La muestra reúne cerca de 100 fotografías provenientes del archivo del diario El Universal, fragmentos literarios de los libros Dios es redondo, Los once de la tribu y Balón dividido, además de audios, videos y objetos históricos que buscan reconstruir la relación emocional de México con el futbol.

Pero el centro de la exposición no son los futbolistas. Más bien pone el acento “en algo decisivo, que es el papel del público”, explicó Villoro durante la conferencia de prensa posterior al recorrido con los medios. “Yo he dicho que si hubiera un mundial de aficiones, México podría llegar a la final”.
La idea da forma a toda la muestra: entender al espectador como el verdadero “jugador 12”.
En la exposición, las imágenes de estadios repletos, aficionados llorando, celebrando o abrazándose después de un gol terminan ocupando tanto espacio como los propios jugadores. Hay narraciones históricas, archivos sonoros sobre futbol femenil, fotografías intervenidas museográficamente y recuerdos de momentos que forman parte de la memoria colectiva del país: penales fallidos, eliminaciones dolorosas, goles agónicos y celebraciones que millones de personas aún pueden recrear de memoria.
“Los aficionados al futbol solemos repartir nuestra biografía en ciclos de cuatro años”, presumió Juan Villoro: “recordamos que en cierto Mundial tuvimos nuestra primera novia. Para el siguiente ya nos había abandonado. Para el otro nos casamos. Dos Mundiales después nos divorciamos”.
La frase provocó risas entre los asistentes, pero también resumió el tono de toda la exposición: el futbol entendido menos como deporte y más como archivo sentimental.
El país que se mira en la tribuna
¿De qué color pinta el verde? surgió a partir de una iniciativa de Host City Ciudad de México, comentó la secretaria administradora de El Colegio Nacional, Teresa Vicencio, quien aseguró que desde el principio buscaron darle una dimensión cultural al Mundial 2026.
“Tenemos al escritor más futbolero de todos”, dijo sobre Villoro. El resultado es una muestra que intenta leer la identidad mexicana desde la tribuna.
José Enrique Ortiz Lanz, encargado de la curaduría, confesó incluso que él no era particularmente aficionado al futbol antes de involucrarse en el proyecto. “Fue un gran descubrimiento. Juan devela muchos aspectos del ser mexicano a través del futbol”.

Villoro comparó a los cronistas deportivos con los antiguos narradores orales griegos al celebrar que México ha tenido “grandes rapsodas del futbol”.
Muy cerca del final de la exposición aparecen también videos de momentos emblemáticos de la selección mexicana: goles históricos, errores memorables y escenas que quedaron tatuadas en generaciones enteras de aficionados.
La intención, explicó Teresa Vicencio, es provocar reconocimiento inmediato. “Evocar el momento del gol, el momento de la falla del penal”, mencionó.
La muestra también dedica espacio al crecimiento del futbol femenil, uno de los cambios que Villoro considera más importantes en la historia reciente del deporte. El escritor recordó el Mundial femenil de 1971 realizado en México y destacó la presencia cada vez más importante de narradoras y comentaristas deportivas.
“Durante mucho tiempo la mitad de la población no participaba activamente de este deporte”, reconoció.
Más allá de la nostalgia, Juan Villoro insistió en que ¿De qué color pinta el verde?también tiene la intención de abrir una conversación sobre el presente del futbol mexicano y el contexto en que llegará el Mundial 2026.
Porque detrás de los recuerdos, las fotografías históricas y los relatos épicos, se percibe un ambiente de desencanto alrededor de la selección nacional y de la propia organización del torneo.
Anticuerpos que salvan al futbol
Buena parte de la rueda de prensa terminó girando alrededor de una pregunta incómoda: ¿por qué, a meses del Mundial 2026, parte de la afición mexicana parece menos emocionada que en otras ocasiones?
Las preguntas de los reporteros llevaron rápidamente la conversación hacia la desilusión que existe alrededor de la selección mexicana, el precio de los boletos, el limitado número de partidos que se jugarán en México y el peso cada vez más visible del negocio alrededor del futbol.
Juan Villoro no evitó el tema: “A diferencia de otros mundiales, este es más complejo desde el punto de vista económico. Para la gente va a ser difícil tener un contacto presencial con el futbol”, lamentó.
México será sede de sólo 13 de los 104 partidos del torneo, recordó y criticó que, aunque el país está preparado para organizar una Copa del Mundo por sí solo, la FIFA terminó privilegiando a Estados Unidos como sede principal.

Asimismo, expresó su desacuerdo en algunos gestos recientes del organismo internacional. “La FIFA ha cometido algunos errores, como el trofeo que Gianni Infantino le dio a Trump. Es como recalcar que el principal anfitrión es Estados Unidos”.
Sin embargo, Villoro insistió en que este deporte suele sobrevivir incluso a sus propias contradicciones. “El futbol tiene anticuerpos contra todas las cosas que pretenden destruirlo –afirmó–. Ha tenido anticuerpos contra abusos políticos, contra la corrupción, contra el abuso económico”.
Puso de ejemplo el caso del Mundial 2022, realizado en Qatar y ampliamente criticado antes de comenzar por las acusaciones de corrupción y violaciones a derechos humanos. “Una vez que empezaron los partidos, fue uno de los mejores mundiales de la historia. Especialmente la final”.
“Ver colectivamente los partidos”
En opinión de Juan Villoro, México está intentando construir una respuesta cultural frente a un Mundial que mucha gente percibe lejano o inaccesible. “Vamos a reflexionar sobre el futbol, vamos a darle creatividad. Crear otros espacios de convivencia para ver colectivamente los partidos”, dijo.
Ahí aparece el sentido del Corredor Cultural impulsado en Ciudad de México: museos, universidades y espacios públicos que ofrecen exposiciones, obras de teatro, conferencias y actividades alrededor del torneo.
“Lo que es muy interesante, es que esta discusión que normalmente tenemos los aficionados después del partido se pueda dar en distintos planos culturales: la ciencia, la literatura, la política, la economía”.
El propio Villoro participará en varias de esas actividades. Una de ellas es un ciclo que incluye la presentación de su libro Los héroes numerados, una lectura dramatizada de su obra No fue penal y una conversación con el exfutbolista y comentarista Roberto Gómez Junco.
La relación entre selección y afición también apareció varias veces durante la conferencia. Cuestionado sobre los recientes abucheos contra el equipo mexicano, Villoro defendió el derecho del público a expresar frustración. “El público tiene todo el derecho del mundo a estar entusiasmado o decepcionado. Eso no se puede controlar”.

Existe una especie de “contrato social” roto entre la selección y la afición, añadió, marcado por las dificultades para conseguir boletos, los costos del Mundial y ciertas decisiones económicas que han alejado al público.
A los jugadores, aseguró, sólo les daría un consejo: “Concéntrense exclusivamente en jugar bien”.
Entonces recordó una anécdota de Hugo Sánchez jugando en Centroamérica, donde las aficiones suelen volcarse contra México. Según contó, el delantero les pedía a sus compañeros imaginar que los abucheos eran simplemente “una batucada” que los acompañaba desde la tribuna.
“Si la selección juega bien, seguramente el público va a estar agradecido”, concluyó Villoro. “Pero si recibe abucheos, ni modo, hay que aguantar”.
“Nos damos vacaciones de civilización”
La conversación tomó un tono más reflexivo cuando le preguntaron a Villoro qué significa “pensar” el futbol. Villoro respondió con una idea que terminó discutiéndose entre todos los asistentes a la conferencia de prensa: el futbol como una manera de entender la época en que vivimos.
“Para conocer a una sociedad no basta saber sus condiciones políticas o económicas –sentenció–. También hay que saber cómo se entretiene”.
Entonces lanzó una frase que resumió buena parte de su visión sobre el deporte más popular del planeta: “La FIFA tiene más agremiados que la ONU”.

El futbol, argumentó el novelista, funciona como un espejo cultural global capaz de revelar cómo se organizan las sociedades, cómo construyen identidad y cómo viven colectivamente sus emociones.
Pero también sirve como espacio de transformación individual. “¿Por qué una persona que es el funcionario más confiable de una oficina se pinta la cara el domingo y empieza a gritar en la tribuna?”, preguntó.
La respuesta la encontró él mismo en una idea del filósofo José Ortega y Gasset. “Nos damos vacaciones de civilización y volvemos a ser la tribu del comienzo –dijo–. No en un sentido de barbarie, sino de relajarnos de todas las imposiciones”.
Acceder al futbol desde el celular
Sobre cómo vivirán el Mundial las nuevas generaciones, acostumbradas a ver todo desde el teléfono celular, Juan Villoro aceptó que el futbol ya se experimenta en múltiples dimensiones.
“Estás en el estadio viendo un partido y simultáneamente revisas en el teléfono otro resultado que puede afectar a tu selección”, explicó.
Las nuevas tecnologías y sus posibilidades han creado nuevas formas de conocimiento entre niños y jóvenes aficionados. “Hablas con niños y son auténticos eruditos”, dijo entre risas. “Tienen acceso inmediato a una cantidad enorme de información”.
Al terminar la conferencia, los asistentes volvieron a la exposición. Rápidamente se dispersaron entre las fotografías gigantes, las narraciones deportivas y los videos de momentos inolvidables de la selección mexicana.
Algunos reporteros se detenían frente a ciertos goles; otros discutían en voz baja dónde habían visto aquella jugada o aquella eliminación. Justo la escena que Villoro había descrito minutos antes.




