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Mas si osare un extraño enemigo:<br> la 4T y la teoría de la propaganda
Ceremonia de arriamiento de bandera en el Zócalo capitalino Foto: Camila Ayala | Cuartoscuro.com
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Mas si osare un extraño enemigo:
la 4T y la teoría de la propaganda

Publicado el 7 de junio 2026
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Un gobierno ha entrado en crisis cuando comienza a recurrir al funcional fantasma del “extraño enemigo”. Un axioma fundamental de la teoría de la propaganda establece que el ejercicio político, cualquiera que sea la ideología que represente, puede vivir sin amigos, pero nunca sin enemigos. Si no los hay, es imperativo crearlos.

Como muchos gobernantes se preocupan en exceso por la percepción positiva que se tenga de ellos, en cuanto ésta comienza a decrecer, siempre habrá un asesor o un estratega de comunicación que recuperará esos viejos apuntes básicos de propaganda para desviar el escrutinio y redirigirlo hacia el eterno “enemigo” que, como sombra agazapada, acecha y “amenaza” la soberanía, la patria y, por ende, a todos los mexicanos.

Para los gobiernos priistas de los años 60 y 70 del siglo pasado, el enemigo era el comunismo, un monstruo cuya cabeza principal estaba en la Rusia soviética, buscaba inundar al mundo con sus ideas y, así, acabar con las libertades y la democracia mexicanas.

Ese discurso, casi idéntico, lo abanderaban en esos mismos años las dictaduras militares de Sudamérica, como la de Argentina. Dos ideologías distantes, un mismo enemigo: el comunismo global.

Y mientras eso ocurría en América Latina, en otro lado de la tierra, en los países socialistas, el enemigo era el capitalismo y la ultra derecha representada por la burguesía y los militares golpistas. Ese otro monstruo tenía su enclave en Estados Unidos y buscaba terminar, de igual manera, con la democracia socialista.

¿Cuál era el “verdadero” enemigo? El debate es tan interminable como la vigencia de la fórmula, siempre rescatada por la clase gobernante de México cuando se necesita para atender el presente.

* * *

La aparición del “enemigo” en el discurso político es un síntoma de que las fortalezas que llevaron al poder a quien lo detenta han comenzado a erosionarse. Es un indicador de que las cualidades y virtudes con las que había logrado atraer a sus electores, han comenzado a dar paso a las fallas y errores.

No es un asunto de desgaste “natural”, como, a manera de autoengaño, buscan justificar desde dentro quienes respaldan ese discurso. La invocación al “enemigo” desde el poder es un indicio del deterioro que quienes lo encabezan se niegan a aceptar. Si no lo aceptan, no tomarán, por tanto, decisiones que corrijan el camino.

Si los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum pretendían tomar distancia de las perversas formas de gobernar del PRI, al usar este tipo de recursos discursivos, las similitudes son contundentes.

Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo echaban mano de esta fórmula cada ocasión en que, resultado de sus excesos y abusos del poder, la percepción y el ánimo social jugaba en su contra. Ahí estaba, siempre disponible, el fantasma de la injerencia extranjera.

La fuerza y el ánimo del movimiento estudiantil de 1968 encontró una explicación en Díaz Ordaz: era resultado de una conjura comunista, el enemigo de la patria se escondía entre quienes cuestionaban a un régimen autoritario. La insurgencia del movimiento, argumentaba, no era resultado de un sistema político que aplastaba cualquier disidencia, sino una conspiración internacional encabezada por el comunismo. Un extraño enemigo.

Lo mismo ocurría con Luis Echeverría. No vaciló en descalificar en 1975 a los jóvenes que protestaban por su presencia en la UNAM con un hilo de frases enardecidas y descalificadoras: “¡Así gritaban las juventudes de Mussolini y Hitler. Escuchen jóvenes manipulados por la CIA, jóvenes fascistas!”.

Ahora no es el comunismo. En los discursos de la presidenta Claudia Sheinbaum y el mensaje del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el enemigo es la ultraderecha internacional que amenaza la soberanía y la patria. Un extraño enemigo.

No aparecen los errores ni los indicios documentados de que gobernadores y políticos han forjado nexos con grupos del crimen organizado. En vez de procesar con rigurosa autocrítica qué es lo que se ha hecho mal, se elije el recurso más simple: utilizar las antiguas estrategias de propaganda para contener el desencanto de críticos y seguidores y comprar tiempo, en espera de que éste arregle las cosas y la desfavorable percepción regrese a sus antiguos niveles. El enemigo siempre ayudará.

* * *

Sam Keen escribió en los 70 Faces of the Enemy, uno de los textos pioneros que colocan luz sobre las sombras escondidas en los subterráneos del inconsciente cuando buscamos en el “enemigo” las soluciones a los problemas internos.

En ese texto, que forma parte de los ensayos publicados con el título de Encuentro con la Sombra, el poder del lado oscuro de la naturaleza humana, se plantea que la propaganda precede a la tecnología.

El ser humano es un homo hostilis, una especie hostil, el único animal capaz de fabricarse enemigos para tratar de escapar de su propia hostilidad reprimida.

“La más terrible de las paradojas morales, escribe Sam Keen, es que creamos el mal a partir de nuestros ideales más elevados y de nuestras aspiraciones más nobles. Esa necesidad de ser héroes, de estar del lado de Dios, de eliminar el mal y purificar el mundo, aunque para ello, tengamos que sembrar la destrucción y la muerte de todo lo que se interponga en nuestro heroico destino.

“Necesitamos y creamos enemigos absolutos, no porque seamos crueles intrínsecamente, sino porque proyectamos nuestro odio sobre un objetivo externo, agrediendo a los extraños, tratando de esa manera de agrupar a nuestra tribu o nación: “Nosotros decimos la verdad; ellos, mienten. Nosotros somos buenos; ellos, malos. Nosotros informamos; ellos, hacen propaganda”.

* * *

¿Quién requiere justificarse en los actos de los otros para mantener los niveles de credibilidad?

Mientras más se refuerza la idea de la amenaza de un “enemigo”, más la exposición de nuestras debilidades. Cuántas cosas dejamos de hacer en beneficio del o los otros porque requerimos apelar a un elemento ajeno y extraño que justifique nuestras carencias y, aún mas, conforme las justificaciones de nuestras decisiones.

A diferencia de los del pasado, el gobierno actual tiene la posibilidad de cambiar la ecuación y apostar por una política de conciliación de largo plazo. Siempre existe la posibilidad de la reconciliación a partir del reconocimiento de los errores y las debilidades, sin tener que sacrificar en la hoguera pública al extraño “enemigo” que encarna todos los males. El enemigo no va acabar con los fantasmas propios ni los eliminará. Sólo los esconde.

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Por Jacinto Rodríguez Munguía

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