Se reactiva la tendencia de pérdida de hielo en el Ártico con nuevos mínimos históricos
Los nuevos mínimos históricos registrados en 2025 confirman la reactivación del deshielo, un fenómeno que acelera el calentamiento global.
Tras una fase de aparente estabilidad, observada a principios de la década del 2020, los datos recientes confirman que la tendencia de pérdida de hielo en el Ártico se reactivó con nuevos mínimos históricos.
En el estudio Record-low 2025 and 2026 ice extents restore Arctic winter sea-ice decline, científicos de la Universidad de Southampton y del National Oceanography Center, recopilaron datos del ciclo invernal 2025–2026, y demostraron que dicha desaceleración, aunque fue un fenómeno pasajero, significó “una tendencia decreciente significativa”.
Para realizar el estudio, los científicos analizaron datos satelitales y los compararon con modelos computacionales que simulan el clima.
Los resultados muestran que durante el punto máximo invernal 2025 (febrero-marzo), la extensión de hielo marino en el Ártico sufrió un desplome del 5.8% respecto a la media histórica (1981–2010). Esta drástica pérdida rompió los récords desde que existen registros satelitales.
Si bien el desplome registrado en 2025 fue un evento atípico, los investigadores señalan que se mantiene dentro de los márgenes físicamente plausibles en el contexto del actual calentamiento global.

¿Por qué la pérdida de hielo en el Ártico afecta a todo el mundo?
El Ártico y la Antártida son el gran sistema de refrigeración del planeta porque reflejan el calor hacia el espacio gracias a su cubierta blanca. Cuando el hielo disminuye, la Tierra absorbe más radiación térmica y esto provoca olas de calor más intensas. Al mismo tiempo, la alteración de los vientos polares permite que masas de aire helado desciendan hacia latitudes más bajas y generen fuertes inviernos.
Esta inestabilidad climática afecta directamente a los sistemas alimentarios porque reduce las cosechas y encarece los alimentos.
La pérdida de hielo también tiene repercusiones directas en las costas: desde el siglo pasado, el nivel del mar registra un aumento continuo que intensifica inundaciones y marejadas en comunidades costeras e islas.
No sólo eso: el descongelamiento del Ártico libera enormes cantidades de metano, un gas que acelera aún más el calentamiento global.
Aunque la reducción del hielo abre atajos marítimos para el transporte, también eleva el riesgo de naufragios y derrames petroleros difíciles de atender en zonas tan remotas.
Además, especies como el oso polar o la morsa pierden su hábitat natural y migran hacia áreas habitadas en busca de refugio, lo que incrementa los conflictos entre animales y humanos.
Frente a este panorama, la comunidad científica llama a mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 1.5 °C, para contener los efectos más severos del cambio climático e implementar medidas de adaptación y protección de las poblaciones y la vida silvestre.





