26.4 millones de personas no pueden costear una alimentación saludable en México
Pese a ligeros avances contra el hambre, en México 1 de cada 5 personas no puede costear una alimentación saludable debido al alza global en los precios.
El hambre registró una leve disminución a nivel global por tercer año consecutivo, pero persisten desigualdades regionales y brechas para acceder a una alimentación nutritiva. En México, 26.4 millones de personas no cuentan con ingresos suficientes para costear una alimentación saludable, de acuerdo con los datos desglosados del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI, por sus siglas en inglés), de la FAO y otros organismos de Naciones Unidas.
Esto significa que el 20% de la población del país (1 de cada 5 personas) no puede adquirir la canasta básica de alimentos frescos y equilibrados recomendada por los organismos internacionales.
“Detrás de cada cifra de este informe hay una familia que tiene que hacer cuentas para pagar la comida. Los conflictos y las perturbaciones climáticas obligan a esas familias a vivir cada vez más lejos de sus posibilidades”, planteó en la presentación del informe, Carl Skau, director interino del Programa Mundial de Alimentos (WFP).
Esta situación no es un hecho aislado: el costo de una dieta saludable aumentó en el mundo a 4.28 dólares de paridad de poder adquisitivo en 2025, frente a los 3.44 dólares de 2021 y los 2.94 dólares de 2017, y fue América Latina y el Caribe la región con el costo más elevado: 4.91 dólares.

Un asunto de desigualdad global
Una dieta saludable aporta nutrientes esenciales para satisfacer las necesidades y prevenir carencias; es equilibrada en su energía y en sus tres fuentes (carbohidratos, proteínas y grasas; es diversa porque se compone de alimentos variados; y es moderada, ya que conlleva un consumo limitado de componentes perjudiciales para la salud.
Sin acceso a comida saludable, millones de familias son obligadas a sustituir productos nutritivos por opciones ultraprocesadas y de menor valor nutricional, lo que agrava desafíos de salud pública como la malnutrición, obesidad y diabetes.
El informe demuestra que el hambre es un asunto de desigualdad global: el sur tiene niveles de inseguridad más marcados que el norte. En 2025, más de la mitad de la población de África (56,6 %) padeció inseguridad alimentaria moderada o grave, frente al 8,7 % de América septentrional y Europa.

¿Cómo ampliar el acceso a dietas saludables?
Los organismos internacionales señalan que para reducir el costo de una dieta saludable no basta con sembrar más o importar más comida: si el transporte, el empaque o la distribución son caros, la población seguirá sin poder costear comida saludable.
Por ello, un eje que propone la FAO es ampliar la oferta mediante la producción interna y el comercio local.
“La horticultura es el principal motor de la reducción del costo de una dieta saludable”, consigna el informe. Los organismos internacionales recomiendan que los gobiernos inviertan en la producción de hortalizas y no sólo se concentren en los alimentos básicos.
“Las mejoras de la productividad a largo plazo, especialmente si se reorientan a la investigación y el desarrollo relacionados con la agricultura para que se centren más en las frutas, hortalizas y legumbres, logran grandes repercusiones”. Pero, advierten los organismos, esto sólo se logra cuando existen sistemas que faciliten su adopción: el suministro de semillas, el manejo del agua, la tenencia de la tierra, la financiación y la extensión.
O dicho de otro modo: ninguna estrategia para abaratar la producción de alimentos funciona si no se apoya a quienes producen los alimentos nutritivos y variados. Aunque los campesinos y pequeños productores son quienes cultivan este tipo de comida, paradójicamente son quienes tienen menor financiación, créditos, agua e infraestructura.




