Poco se ha hablado de ello, pero expertos en geología y la industria petrolera han leído el informe elaborado por el Comité Técnico de Científicos para la Presidencia de la República sobre el uso del fracking para extraer gas del subsuelo como una señal de su inviabilidad económica y ambiental.
“La propuesta gubernamental de un fracking sustentable y de bajo impacto es un espejismo. La explotación a gran escala que exige esta técnica hace inviable cualquier mecanismo de control ambiental y social, desprotegiendo los territorios y afectando directamente a las comunidades”, destaca el ingeniero petrolero José Rafael Flores Hernández, investigador del Centro de Geociencias de la UNAM.
El gobierno mexicano ha argumentado que el fracking es una posible vía para buscar la soberanía energética y reducir la dependencia del gas importado de Estados Unidos, posición que representa un viraje respecto a la anterior postura oficial, que rechazaba la explotación del gas natural mediante esa técnica.
El objetivo declarado de conseguir incrementar la soberanía energética a través del uso de la fractura hidraúlica para extraer gas del subsuelo también habría que tomarlo con reservas.
“Ahora, de conseguirse una soberanía energética a través del fracking, sería débil o endeble porque la dinámica del fracking requiere inversiones de capital constante y continuo. Si no se cumplen con esas inversiones, la producción del fracking simplemente decae y estas inversiones quedarían atadas al sector y al capital privado”, argumenta Flores Hernández.
Petróleos Mexicanos (Pemex), en su estado actual, “difícilmente podría asumir la inversión sin depender profundamente de la inversión privada, en particular de empresas norteamericanas, que tienen la infraestructura y la mejor tecnología desarrollada en las pasadas dos décadas”.
Esto plantea una paradoja, ha escrito el especialista: “La soberanía energética que se busca quedaría sujeta a los incentivos y decisiones de empresas privadas extranjeras”.
Hoy mismo vemos que sin inversión extranjera directa, el país no crece, no se fortalece. “Para el fracking sería lo mismo o peor: si los capitales externos decidieran no invertir, el país simplemente no tendría gas ni petróleo. Claro, en el supuesto de que se consiguieran producir volúmenes de gas importantes”.
Por eso, argumenta, el primer paso lógico es evaluar los potenciales geológicos reales que hay en las cuencas, como lo recomendó el Comité Científico al decir “antes de hablar de si es o no posible el fracking, primero veamos si hay algo que verdaderamente valga la pena extraer”.
Junto con Luca Ferrari, integrante del Comité Científico que elaboró el análisis para la presidenta Sheinbaum, Flores Hernández es autor de “Dimensionando la explotación de gas no convencional por fracking en México: ¿cuántos pozos, cuánta agua, cuánto dinero?”, una investigación que aborda precisamente estos aspectos y cuyos avances se acaban de publicar en la Revista Mexicana de Ciencias Geológicas.

El 8 de abril pasado la presidenta Claudia Sheinbaum anunció un cambio en su posición con respecto al fracking, al que se había opuesto incluso en sus 100 compromisos de proyecto de nación.
En esa fecha, encargó a un comité de 54 científicos y especialistas coordinados por Rosaura Ruiz, titular de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, a que hicieran un análisis para evaluar la viabilidad técnica, ambiental y social de la fracturación hidráulica en yacimientos de gas natural no convencional en México.
“Que nos hablen sobre las tecnologías factibles de usar y que no tengan fuertes impactos ambientales para hacer las primeras explotaciones que nos permitan la extracción de gas no convencional mediante la fracturación hidráulica”, anunció entonces la presidenta Sheinbaum.
Cuatro meses después, el 6 de agosto pasado, el comité científico dio a conocer los “Primeros resultados del análisis sobre soberanía energética y yacimientos de gas natural no convencional”.

Los especialistas presentaron 10 recomendaciones que dejan en el limbo la posibilidad de recurrir a este método de extracción para satisfacer parte de la demanda nacional de gas natural.
El reporte de las y los científicos, entre ellas Blanca Jiménez Cisneros, Leticia Merino, Carlos Herralde Monreal, Manuel Martínez Morales, Alejandro Lozano Morales, establece condicionamientos que deben observarse antes de lanzar cualquier proyecto que pretenda utilizar el fracking para explotar yacimientos no convencionales de gas natural:
- Confirmar la existencia de cuerpos de agua salada en el subsuelo que puede ser utilizada para dicho proceso. No usar de ninguna manera agua dulce.
- Confirmar la existencia de las reservas de gas natural en los yacimientos no convencionales, a través de estudios y perforación de pozos.
- Prohibir actividades de extracción de gas natural y yacimientos no convencionales en la cuenca Tampico-Misantla (Veracruz).
- Realizar actividades de exploración sólo en la Cuenca de Burgos y en la de Sabinas-Burro-Picachos.
- Realizar una consulta previa, libre e informada a la población en las zonas de influencia donde pretendan explotarse este tipo de yacimientos.
- Establecer un monitoreo científico externo e independiente que apoye en la verificación de la integridad de los acuíferos, el balance hídrico de las regiones productoras, la actividad sísmica, la protección de los ecosistemas, entre otros, y que proporcione asesoramiento técnico permanente.
“El comité ha impuesto condiciones muy estrictas para proceder, primero, con la fase exploratoria en el norte del país, ya que las cuencas de la región no son extremadamente ricas. Por ello, el organismo recomienda priorizar la exploración para constatar el potencial real existente”, precisa el especialista.


Fracking en México: se requerirían 25 mil pozos y millones de m3 de agua
En el sector petrolero, los recursos no convencionales se catalogan inicialmente como recursos prospectivos; es decir, volúmenes cuya existencia se estima teóricamente, pero que aún no han sido verificados mediante perforaciones, explica Flores Hernández en entrevista con Fábrica de Periodismo.
“Por eso, el Comité de Científicos ha puesto dos condicionantes muy importantes: primero, hagan sus estudios piloto y demuestren que existen los volúmenes requeridos de gas; segundo, que demuestren que se puede extraer con agua salada; es decir, sin el uso de agua para consumo humano o riego”.
Aun en el supuesto de que esas condiciones se superaran, la realización de los proyectos enfrenta serias dificultades.
Para recuperar al menos el 10% de los recursos de gas que se estima pueden existir, explica el investigador del Centro de Geociencias de la UNAM, “se requerirían hacer más de 25 mil pozos y el uso aproximado de mil 923 millones de metros cúbicos de agua. Son miles de millones de litros que se necesitarían cada año para estar perforando y fracturando la cantidad de pozos que se requieren”.
–¿Qué inversión se necesitaría para extraer ese gas no convencional?
–Cuando uno hace las cuentas, lo que resulta es que la inversión requerida es dos, tres, cuatro veces el presupuesto que maneja todo Pemex en 2026 (casi 571 mil millones de pesos).
Este ejercicio nos permite concluir que no hay dinero público que alcance para una actividad de esta naturaleza.
Por eso, señalamos que “quizás podrías producir gas no convencional, pero te vas a atar a un sector financiero privado y extranjero que esté invirtiendo constantemente para que logres estar produciendo gas no convencional”.
Esto es un punto que casi no se toca.
Por otro lado, la experiencia en Estados Unidos nos dice que la gran mayoría de las cuencas en donde se ha hecho fracking para extraer gas natural ya pasaron su máximo productivo o están cerca de hacerlo, luego de 10 o 15 años de producción.
Si nos basamos en ese comportamiento, podríamos esperar lo mismo: son 10 o 15 años de producción antes de que, una vez más, volviéramos a chocar con los límites energéticos.
Y para ese momento, ¿qué vamos a hacer? Ya no habrá más a dónde ir. El fracking es el último recurso, en el sentido petrolero, que queda por explotar.
Desde mi punto de vista, el fracking es simplemente postergar una discusión profunda que se necesita hacer sobre el funcionamiento de las economías. Estamos hablando de fracking, pero lo que deberíamos de discutir es, antes que nada, para qué queremos ese gas.

Flores Hernández ha hecho una revisión de la situación energética de México y ha concluido que la del gas es la más crítica porque la producción viene cayendo desde el 2009: el gas que se produce en el subsuelo del país apenas alcanza para cubrir entre 20 y 25% de la demanda existente.
De ese porcentaje, casi todo lo absorbe Pemex para la refinación, la extracción de hidrocarburos, obtención de petroquímicos y el propio proceso del gas, dice el también integrante de CartoCrítica, una asociación civil dedicada a generar información y evidencia científica útil para la defensa del territorio, la salud ambiental, la biodiversidad, el agua y los bienes comunes.
Si se aplicaran medidas de eficiencia y de transición energética en algunos sectores, como cambio de combustibles hacía fuentes alternativas, se podría ahorrar una parte del gas.
Por eso, el Comité de Científicos considera que con estas medidas se puede reducir la dependencia de gas natural importado. Pero aun con todo el esfuerzo en este proceso, México no podría alcanzar la soberanía energética.
En los resultados entregados a la presidenta Sheinbaum también se recomiendan varias medidas específicas:
- Aumentar la generación eléctrica (fuentes renovables de energía)
- Eliminar la quema y venteo de gas natural en campos petroleros
- Incrementar programas de eficiencia energética a nivel nacional
- Incrementar la producción de gas natural en campos gasíferos convencionales
“Si eso se alcanza, explica Flores Hernández, aun así hacia 2035 tendríamos que importar 50% del gas”.
Economía volcada a la exportación
Autor del Índice de Retorno Energético para el Sector de Hidrocarburos en México, el cual se ha posicionado como un indicador clave dentro de los debates sobre la transición energética porque permite entender la importancia de la energía “barata” para el buen funcionamiento de las economías, el investigador universitario está convencido de que en caso de que México entre al fracking, empezará a depender del gas obtenido mediante esta técnica.
No habrá vuelta atrás porque se debe “mantener una perforación continua, lo que obliga a mantener un consumo de agua continuo, una fracturación continua, una inversión continua”.
“Es una empresa y un nivel industrial del sector petrolero que no hemos visto en el país; se requieren cantidades de inversión que superan por mucho lo que hoy se le otorga de presupuesto a Pemex para todas sus áreas”.
El investigador considera loable abrir el debate sobre el fracking y convocar a discutir a diversos especialistas sobre el tema energético o la mejor fuente de obtención de gas, pero cree que hay preguntas que no se han hecho: “¿Para qué, en dónde y quién está usando la energía que ocupamos? ¿Ese sistema extractivo realmente beneficia al país?”.
El especialista explica que el tema más apremiante a discutir es cómo está constituida nuestra economía; una economía volcada hacia la exportación y en la que se habla de que, en algún momento, nos pueden cortar el suministro de gas.
“Si nos cortan el gas, ¿qué pasa? Pues dejamos de exportar. ¿Y quién es el principal comprador de nuestras exportaciones? Estados Unidos. Eso significa que nos puede poner una tarifa o simplemente decir: ‘Te dejo de comprar tus exportaciones’. Aunque estuviéramos produciendo internamente el gas, de nada serviría porque no tenemos a quién más venderle esas exportaciones”.
México tiene una economía para abastecer al mercado estadunidense en un ciclo repetitivo: importamos el gas de ellos, ponemos mano de obra, muchas veces barata, y exportamos bienes hacia Estados Unidos.
“Si el pretexto es hacer fracking para mantener ese sistema, deberíamos cuestionar si de verdad vale la pena hacer toda la inversión y las múltiples afectaciones que el fracking implica. No se discute hacer fracking para otro tipo de economía. No, se discute para mantener ese sistema económico”, asevera.
–¿México cuenta con las nuevas tecnologías para el hacer fracking?
–Hay avances tecnológicos, en tanto a la perforación y a los químicos que se utilizan. Sin embargo, muchos de sus avances, fuera de algunas pruebas industriales, no han sido aplicados a gran escala.
Aquí también se escapan dos cosas: si hablamos de hacer fracking para cubrir 50% del consumo que tengamos de aquí a 2035, hablamos de una escala, que no importa la mejor tecnología que apliques, va a generar afectaciones.
No importa que uses la tecnología de punta, la más eficiente… La escala, el tamaño que se requiere de la actividad por sí sola, anula cualquier nueva tecnología. Lo que importa no es que esas nuevas tecnologías funcionen en uno o dos pozos. Lo relevante es saber si se pueden escalar y son económicamente rentables a un nivel de miles de pozos anuales.
El análisis debería llevarnos mucho más allá y plantear para qué se quiere energía en un sistema económico como el actual”, concluye Flores Hernández, quien forma parte del equipo de investigación del proyecto Plataforma Nacional Energía, Ambiente y Sociedad, con apoyo técnico para la modelación de la producción, transporte y procesamiento de energéticos fósiles.
–Si pudiera darle su opinión a la presidenta Claudia Sheinbaum, ¿le recomendaría que abandone la idea del fracking y que mejor inviertan los recursos en buscar otras fuentes de energía?
–No creo que la presidenta pudiera requerir mi opinión, tiene ya a su lado un comité de expertos de la más alta calidad. Pero si ese fuera el caso, mi recomendación sería, primero, elaborar un diagnóstico del consumo del gas en el país.
Hoy sólo se habla del gas que se va al sector eléctrico, pero no de quiénes utilizan esa electricidad y para qué. Se dice que para los hogares. Sin embargo, la electricidad y el gas que consumen los hogares representan una fracción mínima del que se ocupa en el país. El grueso de este consumo ocurre en la industria, una industria volcada al sector exportador.
Se requiere sentar una base de cuánto gas está ocupando el país y estudios que nos permitan entender situaciones críticas tan extremas como las que plantea el gobierno al decir: “Si mañana nos cortaran el gas…”, ¿realmente se apaga el país? ¿Qué podríamos hacer una situación así? ¿Cuánto tenemos de almacenamiento? ¿Cuánto más podemos incrementar ese almacenamiento? ¿Hacia qué otras opciones podríamos voltear a ver?
El tema a discutir es qué tipo de economía queremos de cara al futuro, de cara a lo que vemos en el país, en el mundo, en un contexto de cambio climático, de crisis ambiental, de agotamiento de los recursos fósiles.
Hacerlo sólo sobre si sí o no al fracking es simplemente patear para adelante las discusiones más importantes y apremiantes que tenemos como sociedad.
De forma paralela, se requiere una investigación para impulsar otras fuentes de energía y hacer estudios de transición energética de los potenciales que existen.
No sólo es una transición para decir: “Debemos ir a otras fuentes de energía”. Se trata de cambiar por completo las economías y es hacia allá dónde debemos ir orientando poco a poco el debate público.


