Comunidad científica llama al Estado mexicano a frenar la expansión del fracking
El pronunciamiento advierte que los impactos del fracking no son excepcionales ni marginales, sino riesgos recurrentes documentados por la evidencia científica internacional.
Hace dos días se cumplió el plazo establecido por la presidenta Claudia Sheinbaum para que el Comité de científicos y especialistas encargado de evaluar la fracturación hidráulica en México, mejor conocido como fracking, entregara sus conclusiones técnicas para determinar si esta técnica era viable en el país sin ocasionar severos daños ambientales. Las conclusiones no han sido publicadas, la comunidad científica de México y otros 14 países hizo un llamado para descartar definitivamente la expansión del fracking.
A través de un pronunciamiento público, 178 científicas, científicos y especialistas de México y otros 14 países, hicieron un llamado a la presidenta Claudia Sheinbaum y al comité encargado de evaluar la fracturación hidráulica en el país, apelaron a la aplicación estricta del principio precautorio ante la inminencia de impactos ambientales y de salud pública graves, acumulativos y potencialmente irreversibles si el fracking es aprobado.
Entre las personas firmantes se encuentran especialistas en salud pública, integrantes de universidades y centros de investigación, participantes en informes del IPCC y exministros de economía, ambiente y ciencia, como el exsecretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Victor Toledo, y la exdirectora general del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT) María Elena Álvarez-Buylla.
La fractura hidráulica o fracking es una técnica en la que se perfora un pozo y, mediante la inyección de miles de litros de agua con arena y químicos tóxicos, se quebranta la roca para liberar gas.
Una de las principales advertencias de la comunidad científica es que el fracking no puede evaluarse únicamente como una técnica de extracción. En cambio, “debe analizarse como un sistema completo de intervención territorial que requiere miles de pozos, caminos, ductos, estaciones de compresión, manejo de sustancias químicas tóxicas, grandes volúmenes de agua, disposición de residuos, venteos, quemas, transporte pesado y monitoreo permanente”.
Enfatizan que los riesgos del fracking van más allá de la fracturación del pozo: durante décadas, su rastro provoca emisiones, residuos, pozos abandonados, infraestructura asociada y graves pasivos ambientales –daño ecológico provocado por los residuos de la actividad industrial–.

El pasado 15 de abril, Sheinbaum presentó al Comité de científicos y especialistas encargado de evaluar la fracturación hidráulica en México, conformado por 17 académicos y científicos, y coordinados por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti). Ese día se estableció un periodo de trabajo cuyo plazo de dos meses se cumplió el pasado 15 de junio de 2026, fecha límite para la entrega de sus conclusiones técnicas sobre la viabilidad de esta práctica en el país.
“Confiamos en que el trabajo desarrollado por este comité estará guiado por la experiencia internacional, el rigor científico y la protección del interés general y el bien público. Por estas razones, recomendamos respetuosamente que México se acoja al principio precautorio ante riesgos graves, acumulativos o potencialmente irreversibles, y avance hacia una prohibición explícita del fracking como muchos países y regiones que han prohibido el fracking en sus territorios”, expone la comunidad científica en su pronunciamiento.
Los distintos costos del fracking
El pronunciamiento puntualiza que múltiples investigaciones científicas ya vinculan las zonas de fracking con un aumento en los casos de cáncer, asma, problemas cardíacos y afectaciones en la salud mental. La comunidad científica advierte que estos riesgos golpean con mayor fuerza a poblaciones más vulneradas, como niños, niñas, mujeres embarazadas y adultos mayores que habitan cerca de pozos, ductos, estaciones de compresión, plantas de procesamiento o sitios de disposición de residuos.
El peligro va más allá, advierten los especialistas: la inyección de aguas residuales en el subsuelo puede inducir sismos. Ante este panorama, el pronunciamiento señala que cualquier debate sobre el tema debe evaluarse bajo una óptica de derechos humanos y justicia ambiental.

La comunidad científica añade que, desde una perspectiva climática, “expandir el fracking significaría profundizar la dependencia del gas fósil en México, en un momento en que la política energética debe acelerar la reducción de emisiones”.
Además, advierten, la expansión de la fracturación hidráulica es un mal negocio porque puede generar dependencia de una industria sujeta a precios internacionales volátiles, y deja los millonarios costos por daños ambientales y de salud en manos del Estado y de las comunidades más vulneradas.
El fracking implica el consumo de millones de metros cúbicos de agua dulce y genera aguas residuales de difícil manejo, con altas concentraciones de sales disueltas, sustancias químicas tóxicas, metales pesados, hidrocarburos y materiales radioactivos naturalmente presentes en las formaciones geológicas.




