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Así nació la Corriente Democrática
El 17 de septiembre de 1987 Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, marchan al Zócalo capitalino como parte de la "Movilización de las 100 horas". Foto: Archivo | Pedro Valtierra | Cuartoscuro.com
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Así nació la Corriente Democrática

La reunión con Porfirio Muñoz Ledo en el restaurante La Cava

Publicado el 29 de octubre 2026
  • México

El 13 de junio de 1986, en un restaurante del sur de la Ciudad de México, comenzó lo que sería la decisión política más importante que daria lugar a la lucha democrática más importante en la historia reciente de México.

Cuauhtémoc Cárdenas, quien estaba por acabar su periodo como gobernador de Michoacán, y Porfirio Muñoz Ledo, que acaba de dejar la representación de México ante la ONU, se reunieron en el restaurante La Cava.

Platicaron de sus preocupaciones por el rumbo que llevaba el país, de las enormes brechas y desigualdades sociales y de la necesidad de democratizar la elección de los candidatos del PRI, incluida la de la Presidencia de la República.

Sin que lo supieran, habían comenzado una larga marcha por la democracia en México y el desafío más importante que había conocido el régimen autoritario del PRI.

Así recordó el ingeniero Cuahtémoc Cárdenas ese episodio en su libro Sobre mis pasos, publicado en 2010 por editorial Aguilar, del cual reproducimos un fragmento, como un pequeño testimonio de su enorme aportación a la historia de México.

* * *

La Corriente Democrática, la fractura política más importante en la vida del régimen de partido de Estado y de partido dominante, nace, curiosamente, en una asamblea nacional extraordinaria —la número XII— del propio Partido Revolucionario Institucional, el PRI.

Tuvo lugar a mediados de mayo de 1986 en el Auditorio Nacional de la ciudad de México y contó con la asistencia de los gobernadores de todos los estados, de altos funcionarios de la administración, representaciones de los sectores del partido, legisladores federales y locales, su presidente, sus ex presidentes y sus dirigentes más destacados y, desde luego, con la presencia del presidente de la República, la de mayor relevancia política.

Entre los varios miles de asistentes estábamos dos personas, Porfirio Muñoz Ledo, ex presidente del PRI y que poco tiempo antes había dejado el cargo de embajador de México ante la ONU, y yo, gobernador de Michoacán.

Coincidimos en la salida de la asamblea en la búsqueda de nuestros automóviles y comenzamos a charlar. Hablamos sobre la situación del país, que a ambos nos parecía preocupante, sobre todo por el creciente deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población y por el alto endeudamiento y la cada vez mayor dependencia de nuestra economía respecto al exterior. Comentamos que sería conveniente seguir platicando sobre esos temas y para eso quedamos de llamarnos unos días después.

Muchas veces, en conversaciones informales y ocasionales, queda uno de llamarse y la llamada telefónica se va dejando pendiente hasta olvidarse. No sucedió así en este caso.

Nos llamamos efectivamente e hicimos cita para reunirnos el 13 de junio, en el restaurante La Cava, en San Ángel. Abundamos en la conversación sobre los temas que habíamos abordado y convinimos en tener una reunión posterior, a la que invitaríamos a otros amigos con los que compartíamos puntos de vista sobre la situación del país.

Porfirio sugirió que la reunión la hiciéramos en la casa de Ifigenia Martínez. Ifigenia nos invitó a cenar el 4 de julio. Estuvimos en su casa Rodolfo González Guevara, Janitzio Múgica, Leonel Durán, Armando Labra, Gonzalo Martínez Corbalá, Carlos Tello Macías, César Buenrostro, desde luego la anfitriona, Porfirio y yo.

Hablamos de cómo veíamos la situación nacional, de que ya se acercaban los tiempos de la sucesión presidencial. Considerábamos necesario se iniciara un proceso para democratizar al partido —todos éramos miembros del PRI, formales o de hecho—, empezando por abrir sus decisiones a las bases.

Entre ellas las decisiones correspondientes a la designación de sus candidatos, tal como lo estipulaban los estatutos del propio partido, y el licenciado González Guevara, en ese momento embajador de México en España, refirió la experiencia, que él seguía muy atentamente, de la Corriente Crítica del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).

En algún momento de su plática dijo que llegado el tiempo, con el fin de romper la rigidez de los procedimientos de toma de decisiones del partido, centradas en el presidente de la República, como grupo debíamos lanzar un precandidato, un precandidato de sacrificio dijo, y que ese precandidato debía ser yo.

Comenté que estaba de acuerdo con la idea de lanzar un precandidato, pero que yo no tenía una trayectoria de trabajo dentro del partido, que no había pasado por ningún cargo de dirección en el mismo y me parecía que nuestro precandidato debía ser él, el licenciado González Guevara, quien había ocupado varios cargos en la dirección nacional y en la del Distrito Federal, además de haber sido Presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados y subsecretario de Gobernación. Eso lo había puesto en contacto por largo tiempo con los aparatos y la militancia del partido.

No llegamos a ninguna conclusión en ese punto, pero se quedó en que celebraríamos una próxima reunión.

Foto: Archivo | Eloy Valtierra | Cuartoscuro.com

Nuestro segundo encuentro tuvo lugar el 25 de julio, en casa de Gonzalo Martínez Corbalá. Además de los asistentes a la reunión anterior de la Corriente Democrática, estuvieron presentes Horacio Flores de la Peña, embajador en Francia, Silvia Hernández, Augusto Gómez Villanueva, Severo López Mestre y Eduardo Andrade.

Volvimos sobre los mismos temas y se comentó la conveniencia de hacer crecer el grupo, tanto en la capital como en los estados. Se retomó, desde luego, la idea de democratizar el procedimiento de selección del candidato presidencial del partido, que se consideraba como la mejor vía tanto para democratizar al propio partido como para la democratización del sistema político del país en su conjunto.

El licenciado González Guevara dijo que estaba de acuerdo con lo que se estaba proponiendo, pero que no podría tener una participación abierta y activa en el proyecto hasta que concluyera su encomienda diplomática en España, lo que tomaría todavía algún tiempo; Horacio Flores de la Peña, al tiempo que manifestaba también su simpatía con la idea, nos dijo que podría participar en el proyecto hasta concluir su misión en Francia; Augusto Gómez Villanueva y Eduardo Andrade se expresaron igualmente favorables al proyecto, pero dijeron que se mantendrían como observadores.

Los demás quedamos en seguir platicando y en convocar a una nueva reunión. A mediados de agosto, para sorpresa de casi todos los integrantes del grupo que nos habíamos reunido varias veces, apareció en el diario unomásuno la noticia de que dentro del PRI se había integrado una corriente democrática, a la que se llamaba también democratizadora y crítica, de la que formábamos parte quienes habíamos estado en las dos reuniones que he mencionado —la nota del periódico daba nuestros nombres.

En ese momento desconocía cómo había llegado esa información a unomásuno. Otros medios retomaron la noticia y dieron vuelo a las especulaciones: que si se trataba de impulsar o de frenar a algún potencial candidato a la Presidencia, que si se trataba de alguna maniobra convenida con el presidente, que si alguno de los asistentes a las reuniones sería candidato y más cosas por el estilo.

Pasados unos cuantos días supimos que Porfirio había hablado del tema con Gonzalo Álvarez del Villar, reportero de unomásuno, según nos comentó después, para dar presencia pública al grupo y a nuestras propuestas, lo que antes no había dicho a ninguno.

La noticia constituyó lo que bien puede llamarse una bomba política. A partir de ese momento cobró presencia y realidad en la vida política del país la Corriente Democrática. Llamó la atención de la opinión pública y despertó la inquietud dentro del partido.

Nada habíamos hecho respecto a nuestro proyecto, más allá de las dos reuniones en casas de amigos de un grupo que no pasaba de una docena y media de personas, de la noticia que provocó Porfirio en unomásuno, de las notas y comentarios en los medios de información y de una entrevista que me hizo el grupo de periodistas que acompañó al secretario general de la CNC en un recorrido en Michoacán a finales de agosto.

En ella dije que efectivamente nos habíamos reunido varios miembros del partido, compartíamos la opinión de que era urgente se diera más atención, por parte del Estado, al mejoramiento de las condiciones de vida de grandes sectores de la población e igualmente urgente y necesario democratizar la vida interna del PRI, al que pertenecíamos, como una vía para fortalecerlo.

Foto: Archivo | Eloy Valtierra | Cuartoscuro.com

Además estábamos encontrando interés en numerosos compañeros del partido, entre otras cuestiones, en que hubiera procedimientos democráticos y la participación de todos los militantes en la selección de los candidatos, incluyendo en ellos al candidato a presidente.

Pero se había levantado un revuelo, se sentía en el ambiente político apoyo e interés por nuestros planteamientos, que los medios habían dado a conocer, y al mismo tiempo inquietud en el medio oficial, partido y gobierno, por no tener totalmente claro de qué se trataba. Se consideró entonces conveniente informar al presidente y a la dirección del partido de nuestras reuniones, de lo ahí discutido y de nuestros propósitos.

Así, el 5 de septiembre me entrevisté con Adolfo Lugo, presidente del partido, con quien comenté sobre la Corriente Democrática (el nombre que los medios estaban dando al grupo nos pareció adecuado y así quedó) y sobre nuestras intenciones de trabajo al interior del partido; él expresó que las posibilidades de promoción de nuestro proyecto en el partido estaban abiertas, pero que nos fuéramos despacio.

Tres días más tarde me reuní con el presidente en Los Pinos , fui a despedirme de él como gobernador y le hablé de lo que nos proponíamos hacer los miembros de la Corriente; no veía inconveniente para que hiciéramos labor dentro del partido y me dijo que habláramos con el presidente del partido, lo que hicimos después de esta conversación en varias ocasiones, algunas Porfirio, otras yo, juntos o con varios de los demás integrantes del grupo.

En las varias reuniones que con regularidad empezamos a sostener los miembros de la Corriente, se tomó la decisión de preparar un documento, que en su momento haríamos público, en el que fijaríamos nuestra posición y expondríamos nuestros propósitos de trabajo como miembros del partido.

Corriente Democrática: Documento de trabajo número 1

Así llegó el 1 de octubre de 1986. Poco antes los miembros de la Corriente nos habíamos reunido con Adolfo Lugo en mi casa, el departamento frente al parque de Polanco. En esa ocasión le dimos a conocer un documento que entre todos habíamos elaborado, en varias y largas sesiones de discusión.

Contenía los puntos que considerábamos debían servir para la presentación formal de la Corriente a la opinión pública. Teníamos interés en conocer su reacción al mismo. Fue una reunión larga, que se prolongó de las siete o siete y media de la noche hasta casi las dos de la mañana. Adolfo leyó el documento, no expresó desacuerdo alguno sobre su contenido. Ya para despedirse le anunciamos que teníamos la intención de hacerlo público. Nada comentó.

En cuanto se fue, Silvia Hernández y Gonzalo Martínez reabrieron la discusión, dijeron que estaban de acuerdo con el contenido del documento, pero manifestaron que no consideraban conveniente se hiciera del conocimiento público en ese momento, que había que aguardar, sin decir ellos qué tanto tiempo y con qué propósito.

Disentimos los demás acerca de su punto de vista y dijeron entonces que hasta ahí llegaba su participación como miembros de la Corriente.

Fechado en Morelia, el 1 de octubre, se dio a conocer el Documento de trabajo número 1 de la Corriente Democrática a través de los medios de información.

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Por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano

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