
El futbol arrastra prácticas que reflejan un mundo en el que el racismo, la xenofobia, la desigualdad, la corrupción se han extendido e incluso normalizado. Y en un entorno en el que dinero ha ido ocupando el centro de la vida pública, el futbol, esa forma colectiva de jugar, ha sido empujado hacia una forma de organización que privilegia el negocio.