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Los señores del Toxácatl
Cultura

Los señores del Toxácatl

Un lamento que atraviesa el tiempo y el espacio

Publicado el 2 de abril 2026
  • Cultura
  • México

Esta pieza periodística está pensada para que, mientras lees, te acompañe el sonido del Toxácatl . Dale play al video, modula el volumen y disfruta.

Ixtlacuixtla, Tlaxcala. Un pedazo de luna cuelga de esta noche fría.

Cobijado por el silencio y la soledad de esta madrugada, don Eladio Rodríguez cierra despacio los ojos, libera suavemente el aire acumulado entre el estómago y los pulmones, acomoda la boquilla en sus labios e inhala, liberando del Toxácatl ese lamento que se escurre por las calles, que se filtra por las rendijas, por debajo de las puertas de madera y se mete entre la piel de la gente.

A esta hora, apenas pasan las cuatro de la mañana, el sonido que se expande se encuentra con algunos habitantes que se mueven perezosos por las calles de Ixtacuixtla, Tlaxcala, a quienes se les hizo tarde o a quienes se les adelantó el amanecer. Apenas son siluetas que se pierden en la luz que desciende de las lámparas.

Es la madrugada del tercer viernes de cuaresma de este 2026 y como desde hace muchos años, don Eladio acude a la cita para dar continuidad a una de las tradiciones con las raíces más profundas de Tlaxcala: recorrer las calles de Ixtlacuixtla y bañar estas horas con el agudo sonido de su Toxácatl, esa forma de canto fúnebre, el réquiem que anuncia el tormento y la muerte de Jesús en la cruz ocurrida hace más 2 mil años.

La cita con tres de las personas que aún dan sentido a esta tradición es a las cuatro de la mañana, en la entrada del templo del Calvario, también conocido como la Iglesia de los Colores por los tonos pastel con que está pintada la larga escalinata.

Apenas llegamos y salimos del auto, se advierte el melancólico sonido que desde muy lejos se acerca despacio, lento, parsimonioso. Se requiere de un oido muy entrenado para identificar de qué lado del pueblo proviene el doliente mensaje.

En la penumbra se alcanza a ver la sombra de un hombre detenido exactamente en la esquina desde donde se esparce el sonido del Toxácatl. Es Arturo Hernández Cova. Luego se suman don Eladio, el más viejo, y Francisco Rodríguez, en quien recae por el momento la continuidad de este arte.


Los señores del Tóxacatl

Tocar el cuerno anuncia y acompaña la cuaresma

Con el miércoles de ceniza del calendario católico, se cierra la puerta a las pasiones de los días de carnaval. Los días del desbordamiento carnal y los excesos ha terminado. Viene, ahora, el encuentro con la paz, la preparación del alma hacia la Semana Santa y los días de dolor y la muerte de Jesús en la cruz.

El lamento de Toxácatl o del cuerno, un ritual que combina elementos prehispánicos y católicos, es una de las expresiones de sincretismo que todavía es posible escuchar por las calles de Ixtlacuixtla, población a unos 20 minutos de la ciudad de Tlaxcala.

La tradición de los cuerneros estaba acompañada antes por la gente, mujeres y hombres que se levantaban a barrer y decorar las calles, para dar paso al sonido del Toxácatl.

Arturo, uno de los pocos hombres de la comunidad que se resiste a que el silencio le gane a la tradición, añora esos días en que los habitantes acompañaban el lamento y el frío de las madrugadas y tapizaban las entradas de las casas con dos tipos de flores, una amarilla y otra púrpura, con cuyos pétalos formaban cruces en las calles.

“Ya casi no salen las personas a ornamentar sus puertas. Una que otra, pero casi no”, lamenta Arturo Hernández, quien desde los 19 años acude cada año al llamado del sonido del cuerno que recuerda el sufrimiento y la muerte de Jesús.


La técnica del cuerno es única: se aspira, no se sopla

A diferencia de la mayoría de instrumentos de viento –flautas, trompetas, clarinete, saxofón–, que producen sonido al expulsar el aire acumulado en la boca del estómago y los pulmones, en el caso del Toxácatl se genera al jalar o aspirar el aire hacia dentro del cuerpo, técnica que demanda un gran esfuerzo físico.

El tono, explica don Eladio, no corresponde a una nota específica. “Se busca alcanzar un sonido grave y triste, un lamento que sólo se logra sintiendo esa sensación de tristeza desde el interior, desde el alma”.

Para que este sonido alcance el nivel de vibración se debe aspirar con una fuerza dominada, con la intensidad precisa para que el sonido esté envuelto de melancolía.

“El lamento no sale del cuerno, sale del alma. La tristeza sale de dentro de nosotros”.

El Tóxacatl o Tolache tiene sus orígenes en la época prehispanica. Se conforma de tres partes: la pipeta –va en la parte alta–, el cuerpo –un carrizo– y un cuerno de toro, de preferencia de lidia, como remate.

Cada una de las partes requiere procesos de preparación distintos. El cuerno por lo común contiene una capa de tejido o “gabazo”, que debe secarse durante un año o hervirse para retirarlo. Luego, el cuerno se adelgaza y pule con vidrio roto en lugar de lija, para aligerarlo y afinar el sonido.

A la vara de “mal tabaco” o carrizo del monte también se le da un tratamiento especial para eliminar todo el polvillo interior. Hay que limpiarla cada año, de preferencia con aceite de oliva extravirgen, para lograr un sonido más limpio y fino. En la parte baja se une al cuerno ya domado con cera de Campeche.

La boquilla o “pipeta” se hace de carrizo tierno y se adapta al labio del músico. Cada uno debe buscar la que corresponda o se adapte mejor a la forma de labios.

Los cuernos difieren de sonido, según su tamaño, la vara usada y el mantenimiento. Un cuerno nuevo suena “ronco” y necesita ser “domado” para aclarar su sonido. La vara también influye: las hay moradas y amarillas; la morada es preferida por producir un sonido más triste y lamentoso . Los músicos experimentan con distintas combinaciones (cuernos, varas, boquillas) hasta obtener el tono deseado.


Los señores del Tóxacatl
Los tres señores del Tóxacatl: Arturo, Eladio y Francisco.

El futuro de la tradición de los cuerneros

Los tres cuerneros son parte de un grupo reducido de apenas cinco músicos activos en Ixtacuixtla. Además de Arturo, Eladio y Francisco, se encuentra don Victorino, un hombre mayor, y un joven de la localidad.

Para la tradición, la tecnología se convirtió más en una amenaza que en una aliada. En algunas comunidades, como en la de Santa Justina, se ha reemplazado a los cuerneros, a los músicos que caminan en las madrugadas, con grabaciones del cuerno. Es decir, lo que la gente escucha es una bocina que reproduce una grabacion del cuerno, pero ya no es el cuerno en sí.

Don Eladio, el más viejo de ellos, recuerda que cuando era niño el lamento le provocaba una sensación de miedo y tristeza a la vez. Y luego, con los años, “me di cuenta que no es solamente eso lo que te atrae, sino que forma parte de tu familia, tu comunidad, de ti mismo”.

La esperanza de que esta tradición no desfallezca está puesta en uno de los nietos de don Eladio, que, a sus siete años y con la fragilidad de un cuerpo infantil, se ha ido acercando al instrumento e intenta sacarle esos sonidos.


Según el Centro de Documentación e Investigación del Patrimonio Sonoro de la Fonoteca de Tlaxcala, la relación del Toxácatl con la cuaresma es la preparación para la Semana Santa. “Los sonidos emitidos por el Toxácatl tienen un sentido de presagio, advertencia o aviso; la voz grave y áspera transmite un sentimiento fúnebre: un lamento que anuncia la muerte de Jesucristo”.

El Toxácatl es un instrumento central en las procesiones de Semana Santa en Tlaxcala y, en particular, en la que se desarrolla en Santa Ana Chiautempan, donde dura de las 8 de la mañana a las 3 de la tarde.

Ese uno de los momentos estelares para los cuerneros, que año con año son invitados a participar. Es la jornada más agotadora, pero la más significativa. El sonido del cuerno se percibe más triste en estos días, describe Arturo Hernández, “como si absorbiera el sentimiento y el lamento de la procesión y de quienes lo tocan, creando una conexión emocional profunda con el evento religioso”.

Arturo comenzó a tocar el Toxácatl desde los 19 años; ahora tiene 57 y siente que el silencio está devorando la tradición. No ve que los jóvenes deseen continuarla. Él mismo piensa en ocasiones que ya no tiene caso seguir.

Pero también sabe que este instrumento y el hábito de salir cada año a liberar su lamento lo ha salvado, literalmente, del vacío y lo ha regresado a la vida.

En 2025 estuvo a punto de abandonar su Toxácatl. De pronto, se vio en un estado de vacío y pesadumbre, que poco a poco le fue quitando el hambre, las ganas de vivir. “Me diagnosticaron depresión y ansiedad, una combinación que nada más no te deja moverte hacia ningún lado. Te paraliza. Ya no tenía motivos de nada”.

Los días pasaron y el ánimo seguía extraviado. Días antes de la Semana Santa, tomó la decisión de levantarse y tocar de nuevo en Santa Chiautempan.

“Les dije a mis hijos que iría al recorrido, como cada año. Todos se opusieron, preocupados por la fragilidad de mi salud. Temían que no fuera a resistir; eso implicara meterlos en una situación de crisis. Pero algo dentro de mí me empujaba a querer intentarlo”.

Y lo hizo. Al comienzo, sentía desfallecer y el aire no le alcanzaba para extraer el lamento. “No sé cuánto tiempo pasó, pero de pronto ahí estaba otra vez el sonido de la tristeza. Mi cuerpo se fue sintiendo completo, como si todas las piezas sueltas comenzaran a unirse. Me sentí completo. Las horas del recorrido del viacrucis pasaron. Estaba de regreso”.


Aunque el futuro de los señores del cuerno está marcado por la incertidumbre, don Eladio, Arturo y Francisco siguen con su ritual: los viernes de cuaresma recorren las calles de Ixtlacuixtla, impregnando con el llanto de sus Toxácatl las madrugadas, antes de que la luz rompa la oscuridad y ellos tengan que irse a trabajar.

Un estridente sol asoma esta mañana entre los cerros, los sumerge en su luz, los saca del marasmo de la noche. Son casi las siete de la mañana. Francisco se adelantó porque el trabajo en la gasolinería comienza antes del amanecer.

Don Eladio y Arturo se despiden también. Se van con el tiempo a cuestas, el sol de frente, abrazando sus Toxácatl contra el pecho. A la distancia, el lamento se aleja, se va diluyendo entre los autos que comienzan a poblar las calles.

Debajo del sutil silencio que acompaña el regreso a la ciudad de Tlaxcala, sigue sonando el lamento del Toxácatl, esa tristeza que recorre el mundo occidental católico desde hace más de 2 mil años por la crucifixión de Jesús.

El auto se pierde en la carretera y muy lejos apenas se alcanza a mirar un pálido pedazo de la luna.


El baile de las muerteras

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Texto: Jacinto Rodríguez Munguía y Ana Sánchez | Video y paisaje sonoro: Lucía Vergara G.

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