Militante de izquierda "hasta que me muera", sobreviviente de la matanza del 2 de octubre de 1968, fundador y subdirector de La Jornada, autor de obras de referencia en el periodismo cultural y la historia del periodismo mexicano, Humberto Musacchio tenía en los últimos años dos preocupaciones centrales: la erosión de espacios para el periodismo cultural y la intolerancia mostrada por el poder hacia la crítica y la libertad de expresión.
Por eso, el título de su último libro daba cuenta de lo que él observaba con preocupación: "Cállense. Los nuevos rostros de la censura".
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Figura esencial del periodismo cultural, reportero, cronista, columnista, historiador y editor, Humberto Musacchio ha muerto la tarde de este 4 de noviembre a los 83 años de edad en la Ciudad de México.
Oriundo de Ciudad Obregón, Sonora, donde nació el 26 de octubre de 1943, su padre era de origen italiano y su madre mexicana. Vivió sus primeros años en Guadalajara y quedó huérfano a temprana edad, por lo que quedó a cargo de sus dos hermanas mayores Yolanda y Clementina, en una infancia marcada por la precariedad.
A los 11 años llegó a vivir al entonces Distrito Federal. “Llegué a la capital y me tocó vivir casi siempre en el centro, en las vecindades más feas, por supuesto”, contó al diario Excélsior. Ante la necesidad económica, empezó a trabajar desde esa fecha.
Estudió en la preparatoria 7 de la UNAM, universidad en la que hizo estudios inconclusos de Economía. Humberto participó activamente en el movimiento estudiantil de 1968 y sobrevivió a la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.
“Estuve en Tlatelolco el 2 de octubre, en medio de la balacera. Estábamos revueltos muertos, heridos, vivos, tontos, todo”.
Al ser reprimido el movimiento, “me encontré sin trabajo, sin empleo, sin casa, sólo tenía la ropa que traía puesta”, dijo en esa entrevista.
Militante del Partido Comunista, se inició en el periodismo en 1969 cuando se acercó al suplemento cultural de El Nacional, entonces dirigido por el poeta español Juan Rejano, exiliado, comunista, amigo de Federico García Lorca, a quien consideró como uno de sus primeros maestros.
Poco tiempo después, en 1971, llegó al diario El Universal, en donde dirigió la sección cultural, de la que salió después de publicar un par de artículos críticos sobre Martín Luis Guzmán, entonces secretario de Educación Pública.
Años más tarde, fue jefe de la sección de Cultura y de Redacción del diario unomásuno, del cual salió junto a Miguel Angel Granados Chapa -uno de sus amigos y compañeros entrañables durante décadas-, Héctor Aguilar Camín, Carmen Lira y Carlos Payán, para fundar el diario La Jornada en 1984, en donde como subdirector de Redacción se encargó de organizar la primera Mesa de Redacción del diario y formó a un equipo de editores que luego destacarían en otros medios.
Inconforme con la manera en que Payán Velver y Carmen Lira conducían el periódico y concentraban ilegítimamente el poder, Humberto Musacchio dejó el diario que contribuyó a levantar. Luego de ello, colaboró con Granados Chapa y el fotógrafo Pedro Valtierra en la creación de la revista Mira, de la que fue director durante un tiempo. Tiempo después fundó y dirigió la revista cultural Kiosko.

En La Jornada y en los demás medios donde trabajó, como en El Universal, donde también coordinó la sección de Cultura, y El Financiero, donde dirigió el suplemeno cultural Comala, se distinguió por buscar la dignificación del trabajo de editores, correctores y reporteros, buscando las mejores condiciones salariales y profesionales.
Marcado por el terremoto de 1985, que había dejado huellas dolorosas en la redacción de La Jornada, cuyas oficinas estaban localizadas en una de la zonas más afectadas de la ciudad, produjo uno de sus primeros libros periodísticos: Ciudad Quebrada, una crónica de la devastación causada por los sismos, pero también un testimonio de la organización de la sociedad para levantarla por sí misma de los escombros ante la ineptitud e incapacidad del gobierno de Miguel de la Madrid.
Luego de ello, se adentró en una de sus facetas más destacadas, como autor de obras indispensables, como el Diccionario Enciclopédico de México, y de libros que, con un gran rigor profesional, rescataron la historia del ejercicio periodístico en el país, como Historia gráfica del periodismo cultural de México, Alfonso Reyes y el periodismo, El Taller de Gráfica Popular, Historía crítica del periodismo mexicano y México: 200 años de periodismo cultural.
En 2010 publicó la biografía Granados Chapa, un periodista en contexto, el trabajo más acabado y cercano que se haya publicado a la fecha sobre el autor de la columna Plaza Pública.
Sobre ese libro de su autoría, escribía Musacchio, “espero que estas páginas te hagan recordar la grandeza de Miguel Ángel, gran persona y un inigualable periodista, el mejor de mi generación”.
A la par de los múltiples proyectos de libros que constantemente tenía en cartera, colaboraba en series para televisión y condujo en radio durante varios años el programa cultural “La República de las Letras”, título que recuperó para la columna que publica hasta la fecha en el diario Excélsior y en el periódico El Sur de Guerrero.
Aunque gran parte de su trabajo profesional se centró en el periodismo cultural, nunca dejó de tener una mirada sobre la vida política, económica y social del país, temas que abordaba en columnas publicadas en diversos medios, entre ellos la revista emeequis y el diario El Sur de Guerrero, o en libros como 68: gesta, fiesta y protesta, en el que recuperó su experiencia en el movimiento estudiantil.
Su militancia en la izquierda lo llevó a apoyar y sentirse entusiasmado por la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder, pero con el paso del tiempo empezó a expresar sus críticas y diferencias con las políticas puestas en marcha desde Palacio Nacional.
Por su actitud de independencia ideológica y pensamiento crítico hacia algunas de las decisiones que él consideraba equivocadas, recibió algunos reclamos de antiguos compañeros de militancia comunista, pero él tenía muy claro que el periodismo no puede negar la realidad, como dijo al diario El Universal al cumplir 80 años:
“Mi deber como periodista es poner distancia de mis convicciones políticas, que son otra cosa. Al hacer periodismo, uno tiene que poner a un ladito sus convicciones políticas porque con muchas frecuencia esas convicciones tienen tintes de fanatismo. Hay que ver el mundo como es, no como quisiéramos que fuera. Como periodista, hago crítica, no loas al gobierno”.
Convencido de ser de izquierda –“lo voy a ser hasta la muerte”-, Humberto Musacchio luchó desde todos los espacios que pudo utilizar por ensanchar la libertad de expresión y empujar siempre un poco más, “porque así es como se gana, ejerciéndola”.
Y de eso justamente trata el libro que coordinó Humberto Musacchio y se publicó en diciembre de 2025, cuyo título refleja con exactitud las preocupaciones más recientes: Cállense, los nuevos rostros de la censura.
En él reunió textos de diversas voces críticas que cuestionan el acoso desde el poder contra los periodistas y los ataques de la libertad de expresión.
Humberto lo tenía muy claro, como lo comentó a un reportero de Aristegui Noticias: “Si nos quedamos callados nos van a aplastar”.

