¿Qué dice tu recibo de luz sobre la desigualdad energética en México?
A través de un recibo de luz, el movimiento Hackers por Nuestro Futuro difunde cómo el esfuerzo financiero para la luz es cuatro veces mayor en los hogares más pobres.
“La energía en México no llega igual para todas las personas”, sostienen los integrantes de Hackers por Nuestro Futuro, un movimiento juvenil que impulsa la transición energética justa y que busca “hackear la crisis climática”, desde 12 estados del país.
Hoy, en las inmediaciones de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Xochimilco, los Hackers impartieron un taller para mostrar a estudiantes la radiografía de un recibo de luz y cómo, si se mira con atención, este documento dice mucho sobre la desigualdad energética en México.
Ese papel, con el logo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y atiborrado de números, funciona como punto de partida para saber, por ejemplo, que el subsidio del gobierno federal protege más a los ricos. Mientras que el decil 1 de la población (la más empobrecida) destina el 3.3% de sus ingresos al pago de luz, el decil 10 (la población más rica) destina sólo el 0.8%, de acuerdo con la organización México Evalúa. Es decir, el esfuerzo financiero es cuatro veces mayor para las personas más empobrecidas.
“Y esto sólo es en términos de la energía eléctrica. Cuando añadimos el tema del gas LP, leña, transporte…, incrementa muchísimo esta diferencia y podríamos estar hablando de que el decil más pobre de la población invierte, mensualmente, el 30% de su ingreso en energía”, puntualizó durante el taller, Richard Becker, integrante de Hackers por Nuestro Futuro.
Richard también explicó que las desigualdades se acentúan según cada región del país. La Zona Metropolitana del Valle de México recibe mayores beneficios, pues tiene uno de los precios más estables en términos del costo de la energía kilovatio-hora (kWh) –unidad que mide la cantidad de energía eléctrica consumida o producida–. Y aun así, el oriente de la Ciudad de México es una de las zonas que más apagones presenta en términos de frecuencia.

Injusticia energética
Hackers por Nuestro Futuro explicó que, las zonas de sacrificio –lugares con grave degradación ambiental donde se priorizan las ganancias económicas a costa de los derechos humanos y de la vida en general– son parte de la desigualdad energética.
Existen tres zonas de sacrificio en concreto: los parques eólicos en territorios zapotecas e ikoots en el Istmo de Tehuantepec, sin Consulta Previa, Libre e Informada (Convenio 169 OIT); las termoeléctricas de CFE en Tula, Hidalgo, una de las zonas con mayor concentración de contaminantes de aire en el país; y la planta carboeléctrica, ubicada junto al río Balsas, en Petacalco, Guerrero.
Mirar estos territorios es crucial, explicaron los jóvenes hackers. Más en un contexto en donde el gobierno de México y un Comité de 17 científicos y especialistas evalúa la viabilidad de expandir el fracking en el país (apenas el pasado 15 de junio venció la fecha límite para la entrega de las conclusiones técnicas del Comité).

¿De dónde viene tu luz?
El desglose de un recibo de luz también revela la profunda dependencia de los combustibles fósiles –gas, combustóleo, carbón– para generar energía en el país: el 74% de la electricidad proviene de éstos.
Hackers por Nuestro Futuro expuso que el costo real de producir luz y llevarla a las casas es de 2.11 pesos por kWh, de los cuales el 55% se va en generación (quema de combustible), 36% en distribución (postes y cables) y 9% en transmisión (alta tensión). Casi la mitad de lo que cuesta la luz se va en mantener la infraestructura.
“Hablar de la transición energética no solamente se trata de hablar de tecnología, sino de preguntarnos quién elige, para qué y por qué. Lo que tratamos de hacer es cuestionar y disputar estas preguntas, y abogar para que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero generados, principalmente, por la quema de combustibles fósiles”, dice en entrevista con Fábrica de Periodismo, Salma Sáenz, integrante de Hackers por Nuestro Futuro.
Salma habla de imaginar otros futuros, en donde la energía se gestione de forma comunitaria sin depender de una matriz energética centralizada. Para ello, invitó a más jóvenes a sumarse a la Escuela de Liderazgo Climático, una apuesta para desarrollar planes concretos frente a la crisis climática.

Uno de los proyectos actuales de Hackers por Nuestro Futuro, capítulo Puebla, es el desarrollo de un sistema de bombeo solar en sus comunidades: utilizan la energía del sol para extraer o mover agua de un lugar a otro (como un pozo o un río) mediante una bomba hidráulica, sin depender de la red eléctrica tradicional.
Salma Sáenz cuenta que una de las experiencias que más la ha marcado fue escuchar a los pueblos rarámuri, en la Sierra Tarahumara, hablar sobre soberanía energética. “Yo pensaba que íbamos a hablar de electricidad. Ellos me hablaron de relaciones; me explicaron que la energía no era únicamente algo que circulaba por cables: era aquello que mantenía unido al territorio con la comunidad. Aquello que sostenía la vida y nos permitía seguir existiendo”, escribió después de aquel encuentro.
Y continúa: “Yo entendía la energía como recurso; ellos me hablaron de energía como vínculo. Y es que tal vez la pregunta más importante de nuestro tiempo nunca fue tecnológica, sino profundamente humana: ¿cómo sostenemos la vida en común?”.





