‘Parakata’: la megaofrenda creada por personas privadas de la libertad en el penal Neza-Bordo
Los participantes, internos de Neza-Bordo, trabajaron desde enero en la megaofrenda inspirada en las tradiciones de los pueblos de Michoacán.
Una megaofrenda embellece las instalaciones del Centro Penitenciario y de Reinserción Social Bordo de Xochiaca, conocido como Neza-Bordo. Lleva por nombre ‘Parakata’, una palabra en purépecha cuyo significado en castellano es ‘mariposa’. Desde enero, 137 personas privadas de la libertad participaron en su elaboración para este Día de Muertos.
Inspirados en las tradiciones de los distintos pueblos de Michoacán, los participantes lograron que 50 mil flores y 9 mil mariposas monarca —realizadas con la técnica de cartonería y papel reciclado— recubrieran las paredes y el techo de color naranja.
Las figuras protagónicas de la ofrenda son perros y catrinas que navegan en grandes canoas de cartón.
Esto es resultado de los talleres de artes plásticas en donde las personas privadas de la libertad expresan sus emociones a través del arte y fortalecen sus habilidades, su creatividad y el trabajo en equipo.
“Pueden ver también su arte como una herramienta para vivir afuera”, señaló la facilitadora educativa Paola Martínez Andrade. Y agregó que los talleres permiten reconocer el potencial artístico de las personas privadas de la libertad, muchas veces subestimado.
Por su parte, César Manjarrez Cuenca, encargado de Servicios Educativos del centro penitenciario, detalló que la creatividad y originalidad del proceso permitió que los participantes convivieran y se integraran. “Algo que me encantó fue la integración y la socialización entre ellos mismos. Trabajar en equipo en contextos carcelarios es muy complicado”, remarcó Manjarrez.
Artes plásticas en el penal Neza-Bordo: Una aliada para procesar duelos
La experiencia artística también tuvo un significado personal para las personas privadas de la libertad. David, por ejemplo, realizó sus piezas (catrinas y balsas) en memoria de su esposa que falleció este año y de quien no pudo despedirse físicamente
“Aparte del dolor que tienes por la pérdida de alguien tan importante en tu vida o quien te acompañó en gran parte de ella, el participar en esta actividad, en lo personal, te ayuda a sacar un poco del dolor, ¿no? Así que lo que sentía y todo eso lo descargué en ello”, contó David a La Jornada.
Para su maestra, Paola Martinez, el arte no sólo ayuda en los procesos de sanación interna, sino que es una vía para que la sociedad conciba a las personas privadas de la libertad mas allá de su encierro.
“Me siento orgulloso de mí mismo. Es el primer año que participo y traté de hacerlo lo mejor posible”, expresó Jair, otro participante que tiene siete años en el centro penitenciario. Antes de los talleres, Jair no creía que fuera posible acercarse de esa forma al arte.
Además de su valor artístico, la ofrenda también representó un espacio para que los participantes salieran de su rutina carcelaria y se valoraran como seres creativos.





