La falta de casa propia explica la baja en los índices de natalidad en EU y China
El precio de la vivienda ha reducido el índice de natalidad en Estados Unidos, según la Oficina Nacional de Investigación Económica.
Tener un hijo no depende solo del deseo. La natalidad depende también, y cada vez más, de contar con una vivienda propia. Quien es dueño de su casa ve en ella un respaldo: gracias a ello puede adelantar la maternidad o ampliar la familia. Quien renta ve lo contrario: el techo se encarece y la decisión se posterga.
Parece algo obvio, pero al menos ahora existe un estudio estadístico que respalda esta relación entre vivienda y natalidad. Lisa Dettling y Melissa Schettini Kearney, en un trabajo difundido hace unos días por la Oficina Nacional de Investigación Económica (el NBER, por sus siglas en inglés), midieron esa diferencia: un alza del 10% en los precios de la vivienda reduce 1% los nacimientos entre no propietarios y aumenta 4.5% el de sus propietarios.
Tener la escritura de una casa representa, en estos tiempos, una seguridad emocional y financiera que puede generar confianza en el futuro, algo que muchas mujeres hoy ven como un requisito indispensable para tener hijos.
El precio de tener un techo o el peso de criar a un hijo
El mecanismo tiene dos caras. Para quien no posee una casa, el techo es el gasto más pesado de la crianza: supera a la comida, al cuidado de los hijos y a la educación. Si la vivienda sube, criar a un hijo también se encarece. Para quien es propietario, en cambio, una casa suele concentrar buena parte de su patrimonio: un alza en su precio, eleva ese patrimonio y puede conducirles a adelantar la maternidad o a tener más hijos.

El estudio también presenta resultados segmentados por etnicidad. El 56% de los ciudadanos blancos es propietario de su casa frente al el 26% de los ciudadanos afroamericanos y al 32% de los hispanos blancos.
El freno no golpea igual a todos. Entre quienes rentan, la cautela se siente más cuando ya se tiene un hijo y se piensa en el segundo, y también entre las mujeres que pasaron los 30. La razón de fondo es cuánta gente es dueña de su vivienda: cuando en un grupo o una región más de tres de cada diez personas son propietarias, el efecto neto de un alza de precios sobre la natalidad se vuelve positivo. Las diferencias entre grupos son enormes: 67% de propiedad entre las personas blancas de 30 a 44 años, frente a 8% entre las afroamericanos de 20 a 29.
Las cifras permiten dimensionar el fenómeno. Si el precio de una vivienda sube $10,000, la fertilidad cae 2.4% entre quienes rentan y sube 5% entre los dueños. Otro dato relevante es que la natalidad responde mucho más al ritmo de los precios de la vivienda que al del desempleo. La relación entre fertilidad y precios es de 0.9; entre fertilidad y desempleo, de 0.3. Cuando los precios registran su vaivén habitual, la fertilidad sube 8.3%; cuando el desempleo hace lo propio, apenas baja 2.1%.
China y Estados Unidos: falta de vivienda y baja natalidad
Aún está pendiente un estudio que revele si existe una relación similar entre vivienda propia y natalidad en México. Según los datos del Fondo de Población de Naciones Unidas, del 2018 al 2023 el porcentaje de mujeres sin hijos y sin deseo de tenerlos aumentó de 31.3% a 50.1%.
Sin embargo, otros países han hecho énfasis en esta relación además de Estados Unidos donde los programas de posguerra abrieron la puerta de una casa propia a millones de soldados que volvían del frente, con enganches mínimos o inexistentes. La propiedad entre estadounidenses en edad de tener hijos saltó de 20% en 1940 a 50% en 1960. Por cada 1,000 hipotecas gubernamentales hubo unos 300 nacimientos adicionales al año siguiente.
En China, entre 2016 y 2021, el índice de precios urbanos avanzó 54%, mientras la tasa bruta de natalidad retrocedió 45%. Los investigadores Liu Ziqian de la Universidad de Washington y Zhang Yu de la Universidad de Peking concluyeron en un estudio de 2024 que el shock inmobiliario se tradujo en 2.46 millones de nacimientos menos. El impacto se concentró en quienes viven en el campo, tienen casa rural pero carecen de vivienda urbana. Una encuesta de la Universidad de Wuhan halló que 83% de las familias rurales cree que un joven necesita comprar casa en la ciudad para casarse. Solo 17% lo consigue.





