
Hace 40 años Diego Armando Maradona, considerado por muchos el mejor futbolista de la historia, por encima incluso de Pelé, hizo una proeza: anotó dos goles en el partido jugado en el Estadio Azteca. El primero fue considerado una deshonestidad apoyada en la "divinidad" y el segundo una jugada mágica, increíble, luminosa. Al gobierno de la Ciudad de México le pareció una gran idea enaltecer la trampa en este Mundial 2026.
