Marcelo Uribe, director de Ediciones Era, anunció hace unos días que la editorial reducirá al máximo sus operaciones, lo que ha sido leído como una quiebra técnica y como el fin de una de las casas editoras más importantes en la historia cultural de México durante el último medio siglo.
El anuncio provocó una sacudida en los ámbitos intelectual y literario. Luego de 66 años de haber sido fundada, Era es casa de algunos de las obras fundamentales de la literatura latinoamericana y del pensamiento de izquierda.
En su catálogo están las primeras ediciones de obras como El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez; Aura, de Carlos Fuentes; Los elementos de la noche, de José Emilio Pacheco; La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska; La formación del poder político en México, de Arnaldo Córdoba, o La democracia en México, de Pablo González Casanova, hasta alcanzar más de mil 200 títulos.
Ediciones Era se fundó en el amanecer de la década de los 60, cuando Adolfo López Mateos era presidente y Gustavo Díaz Ordaz su secretario de Gobernación, al mando de los aparatos de espionaje, que le reportaron minuciosamente el nacimiento de Ediciones Era, las actividades de sus fundadores (Tomás Espresate, Vicente Rojo y José Azorín) y los libros de “propaganda comunista” que imprimían y distribuían.
Desde los salones del Palacio de Covián, la sede de la Secretaría de Gobernación, emanaba un rancio aroma conservador. Arrancaba la década de los años 60 y Gustavo Díaz Ordaz daba rienda suelta a la cacería de sus demonios. Uno de ellos era el comunismo.
Aunque hacía más de 100 años de que Carlos Marx había publicado una de las ideas que perdurarían de su obra (“Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo”), en las instalaciones de la Dirección Federal de Seguridad soplaban los delirios y las creencias conspirativas.
Por eso sus agentes se regodeaban en marcar con la palabra “comunista” todo asomo de pensamiento y obra intelectual crítica al sistema. Comunista era el disidente político, el líder estudiantil que protestaba, el campesino que no se conformaba con una vida marcada por la miseria, el intelectual que tenía ideas distintas.
“Comunistas” se aplicaba a discreción en los reportes del espionaje elaborado por los agentes de la policía política encargada de mantener a raya a los enemigos del régimen priista. Las fichas que hicieron sobre Ediciones Era, el acrónimo compuesto por la primera letra de los apellidos de los fundadores: Tomás Espresate, Vicente Rojo y José Hernández Azorín, no dejan espacio a la duda. Según los anónimos espías, el comunismo lo tenían marcado a fuego.
Aunque en los expedientes resguardados en el Archivo General de la Nación no se localizan abultados legajos, existen suficientes fichas que dejan ver las obsesiones que los animaban.
De entrada, una ficha elaborada en 1981 por los agentes de la DFS reporta que Ediciones Era había sido fundada 20 años antes, en enero de 1961, mediante la escritura 3671, que tiene su domicilio en la calle de Aniceto Ortega, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México, y que el notario público que dio fe de su constitución fue Manuel G. de Quevedo.
Los “socios capitalistas” eran, se anota en las fichas, Tomás Expresate (sic) Pons, Vicente Rojo Almazán, José Hernández Azorín, Nieves Expresate Xirau y Jorge Expresate Xirau (sic). Y en conjunto habían aportado 25 mil pesos. Sin demasiada introducción señalan que la empresa “edita y recibe propaganda, libros y revistas comunistas”.



Y destacan que los fundadores, todos, eran exiliados españoles, que viajaban con frecuencia a Cuba y, lo más importante, que todos eran comunistas. Por ello, según una lógica marcada por la ignorancia, “imprimen propaganda comunista”.
Ya habían pasado 20 años desde su creación y en esas largas décadas Ediciones Era se había convertido en un referente de la literatura mexicana y latinoamericana, del pensamiento crítico en español y en una casa de debate de las diferentes corrientes de la izquierda.
Había publicado para entonces títulos emblemáticos como Aura, de Carlos Fuentes; El Apando, de José Revueltas; Paradiso, de José Lezama Lima; Amor Perdido, de Carlos Monsiváis; Narda, de Salvador Elizondo; La Señal, de Inés Arredondo; y La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, entre decenas de obras más.
Para los rudimentarios agentes de la DFS no existía la poesía ni la colección de libros sobre arte en la que aparecían el catálogo razonado de Remedios Varo o los ensayos de Octavio Paz sobre Marcel Duchamp.

Ediciones Era, que se convertiría con el paso de los años en un referente de la independencia editorial ante el avasallamiento de las trasnacionales del libro, quedaba reducida en las fichas de la policía política a una maquinaria de propaganda comunista, quizá porque el primer libro lanzado por esta empresa fue La batalla de Cuba, de Fernando Benítez, puesto en circulación un año después del triunfo de la Revolución.
Sea la razón que sea, los agentes dejaron un testimonio de la urgencia del régimen por controlar y espiar todo. Estas son las fichas que el Archivo General de la Nación guarda sobre los motores intelectuales de Ediciones Era.
Vicente Rojo Almazán
La primera ficha data de diciembre de 1952. Según los agentes, el artista y diseñador era un “elemento” de filiación comunista, que junto con otros elementos de “dicha filiación”, recibían consignas de Vicente Lombardo Toledano, para hacer agitación entre los trabajadores de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero para que abandonaran las filas de la CTM, la vieja central obrera que agrupaba a todo el sindicalismo oficial.
El 19 de abril de 1959 completaron el espacio de esa misma ficha con otros datos de Vicente Rojo: vivía en la calle de Heriberto Frías, era uno de los principales miembros del Partido Comunista Español y uno de quienes contribuían económicamente a la elaboración de propaganda de su partido.
Que el 31 de julio de 1961 había estado en la inauguración del Instituto de Intercambio Cultural Mexicano-Cubano, donde fueron exhibidas pinturas “de este elemento”. A ese mismo lugar regresó el 10 de noviembre de ese mismo año.



El 22 de noviembre de 1965, anotaron, había sido uno de los principales organizadores de la cena-homenaje a Arnaldo Orfila Reynal, quien había sido despedido de la dirección de la editorial Fondo de Cultura Económica, efectuada en el Club Deportivo Suizo. Que también había hecho viajes a Cuba.
Con fecha del 14 de abril de 1980, alguien elaboró una ficha con una sola línea: “Mexicano.- empleado en la embajada de URSS en México” y el 14 de agosto de 1984, cuando la DFS estaba a unos meses de desaparecer, otra ficha y otra línea: “Colaborador del periódico La Jornada”, diario que estaba a semanas de nacer y cuyo primer logotipo y diseño fue obra de Vicente Rojo.
Los agentes no consignaron en estos registros ningún dato de su trabajo artístico, el diseño de las emblemáticas portadas de los títulos publicados por Era: las de Aura, Narda o el Verano, Las batallas en el desierto, La feria, El Apando, Días de guardar y un largo etcétera que, según él mismo, fueron unas 700 portadas para ERA y unas 900 portadas de libros en general y de otras editoriales.
Tomás Espresate Pons
Exiliado español en México. Natural de España, exiliado y nacionalizado mexicano, de filiación comunista. También es accionista de Imprenta Madero, imprime propaganda comunista.
Tesorero de Ediciones Era, tiene cinco acciones serie A, con un total de 5 mil pesos. De 56 años, casado, comerciante, originario de Port Bon España, naturalizado (carta No. 304), de 1948. El 9 de enero de 1970 regresó de La Habana, Cuba.

Los agentes señalaron que el 14 de mayo de 1971 había viajado nuevamente a La Habana, Cuba, y que lo había acompañado su esposa Filomena Xirau de Expresate y sus nietos Pablo y Julia Espresate Eibenschutz. Regresó mes y medio después, el 31 de mayo.
Que en mayo de 1972 nuevamente viajaba a La Habana, Cuba.
Neus Expresate Xirau
Que en 1971 tenía 26 años, casada, dedicada al hogar y originaria de Canfranc, Huesca, España, con carta de naturalización 1396 del 8 de octubre de 1952.
Que era naturalizada mexicana y que había dicho que sus viajes a Cuba tenían como propósito visitar a sus familiares que allá viven. Que estaba casada con Emmanuel Carballo Chávez, escritor de la revista Siempre y fundador y administrador de la editorial Diógenes.
Que en 1968 dirigió un telegrama al presidente de la República, donde denuncia actos inconstitucionales del gobierno. Es socia de Ediciones Era, empresa que edita y recibe propaganda, libros y revistas comunistas. Que cuando la fundación de Era (14 de enero de 1961) tenía tres acciones, pero que posteriormente había adquirido 37 acciones Serie A, que representaban 37 mil pesos.
José Azorín
Español, de filiación comunista. Ha realizado viajes a Cuba, está casado con María Teresa Pastor, quien es secretaria en el área de prensa de la Embajada de Rusia en México. Ha intervenido en la publicación de la revista El machete, órgano del Partido Comunista Mexicano. También ha viajado a Rusia. Es el secretario editorial y dueño de la imprenta Madero.
En otras fichas, señalan que la embajada rusa mandaba a imprimir su propaganda en esa imprenta. En 1965, agregaron a sus archivos que también se hacían los boletines de las embajadas rusa y cubana, que incluso el papel lo importaban de Rusia.
Jorge Espresate Xirau
Presidente de Ediciones Era. español, con carta de naturalización 1492 del 7 de octubre de 1949. De ideología comunista, ha realizado viajes a Cuba. Dueño de Imprenta Madero.
Llama la atención que en el Archivo General de la Nación no existan varios y abundantes expedientes sobre Ediciones Era, como sí los hay sobre dos editoriales que en esos mismos años ocuparon el debate político e intelectual en México: el escándalo que generó la “salida” en 1965 de Arnaldo Orfila de la Dirección del Fondo de Cultura Económica (se ha documentado que el cese fue decisión del presidente Gustavo Díaz Ordaz) y, como consecuencia de ello, la creación de Siglo XXI Editores.
En ambos casos, los espías dedicaron decenas de reportes e investigaciones. Por ejemplo, existe un minucioso y detallado informe con la firma de Fernando Gutiérrez Barrios sobre la reunión en la que se anunció la creación de Siglo XXI.
El reporte reseña con todo detalle el encuentro: “A la cita de ese 19 noviembre de 1965 en el Club Suizo asistieron más de 300 personas, principalmente, del mundo cultural y, particularmente, escritores para dar anunció al nacimiento de una nueva empresa editorial: Siglo XXI”.



El autor del reporte aguzaba los sentidos para no perder detalles, rostros, nombres y juntar todas las palabras posibles para tejer luego su reporte que quedaría entre casi un centenar de cuartillas.
Su atención estaba puesta en el hasta hacía unos ocho días director del Fondo de Cultura Económica, Arnaldo Orfila, en torno a quien se arremolinaban mujeres y hombres de letras, a quienes, seguramente, conocía de memoria: Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Guillermo Haro, José Revueltas, Carlos Monsiváis, Juan García Ponce, Víctor Flores Olea, Henrique y Pablo González Casanova, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y Vicente Rojo… entre otros.

