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La amenaza a Punta Venado
Imagen del corredor biológico Punta Venado, en Qintana Roo, donde se pretende levantar un complejo turístico premium
Medio Ambiente

La amenaza a Punta Venado

Semarnat autoriza construir en la última zona libre de resorts hoteleros en la Riviera Maya

Publicado el 10 de octubre 2026
  • Medio Ambiente

En menos de cinco meses, una oscura dirección general de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) recibió cuatro alertas en 2025.

La Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conanp) le expresó por escrito el 17 de septiembre del año pasado que no había manera de otorgar un permiso para construir en el corredor biológico Punta Venado-Paamul, una zona de alto valor ecológico prácticamente virgen, localizada cerca de Playa del Carmen, entre Cancún y Tulum.

Unos días antes, el 8 de septiembre, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) expresó que no existía razón alguna para permitir un conjunto de hotel, suites y residencias en pleno corredor ambiental.

La Dirección General de Gestión Forestal, Suelos y Ordenamiento Ecológico también emitió una opinión negativa. Desde agosto de 2025 argumentó que “el proyecto no debería autorizarse” por la abundante presencia de vegetación de manglar, de cenotes y gran diversidad de vida silvestre.

Después, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) destacó en su opinión técnica del 12 de septiembre del año pasado que permitir construir un complejo turístico en una zona altamente susceptible tendrá efectos negativos a la fauna y flora terrestre y acuática presentes en los ecosistemas de Punta Venado-Paamul.

Pero la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Semarnat cerró los ojos y oídos y cedió a las presiones de los hermanos Andrés y Felipe Chico Hernández, propietarios de la empresa Residencial Punta Venado S.A.

Los hermanos Chico Hernández no son unos empresarios del montón. Son dueños de Tortuga Resorts, en el que se agrupa una veintena de complejos turísticos de lujo en el Caribe mexicano, Jalisco y Baja California Sur, así como en Jamaica y República Dominicana.

Andrés y Felipe son hijos y herederos de Fernando Chico Pardo, presidente del Consejo de Administración y principal accionista de Banamex, propietario de la empresa que opera nueve aeropuertos en México y Puerto Rico, además de múltiples firmas en otros ramos, cuya fortuna de 3 mil 800 millones de dólares lo ubica, según la revista Forbes, en el sexto hombre más rico de México.

Así que la Semarnat, contra todas las opiniones en contrario de las instancias oficiales que la apoyan técnicamente, entregó un “permiso parcial” para realizar obras que impactarán 111.5 hectáreas del último bastión costero de la Riviera Maya libre de complejos hoteleros.

* * *

Al sur de Playa del Carmen, Quintana Roo, sobrevive el corredor biológico Punta Venado-Paamul. Sus manglares, dunas, selvas, cenotes y arrecifes de coral son refugio vital para miles de especies endémicas y migratorias.

A pesar de su valor ecológico, la Semarnat autorizó la construcción de un conjunto turístico de lujo formado por 50 suites y 33 residencias que impactará 111.5 hectáreas de este corredor biológico.

La decisión oficial desestima que este ecosistema costero también funciona como un conector vital entre la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano y el Área Natural Protegida “Felipe Carrillo Puerto”.

El corredor Punta Venado-Paamul, ubicado a 15 minutos de Playa del Carmen, alberga miles de especies de flora y fauna acuáticas y terrestres. Este intrincado hábitat también resguarda ríos subterráneos, cavernas y humedales; un vasto territorio donde encuentran su último reducto animales amenazados o en peligro de extinción como el jaguar, el mono araña, el ocelote y el viejo de monte.

El corredor es, de hecho, de enorme valía ambiental porque funciona como amortiguador de resiliencia ecológica.

“Punta Venado es una zona que aún conserva un área forestal íntegra con todas las especies que la habitan y también allí desembocan algunos ríos subterráneos que pertenecen al Sistema Pool Tunich, el cual abarca más de 44 kilómetros de longitud”, explica Roberto Rojo, maestro en Ciencias y fundador de la organización Cenotes Urbanos.

Vista área de la zona de Punta Venado donde está planeada la construcción del complejo turístico. Fotos y video: Elías Siebenborn | Ojo del Monte

La construcción de un megaproyecto residencial en el corredor implicará la destrucción de la selva y el sistema de manglares, alterará la línea costera y causará graves afectaciones a los arrecifes que están frente al predio seleccionado.

“El pretexto de la inversión, de la generación de empleos, etcétera, ya no es válido. Aquí, se explaya Roberto Rojo, se ha invertido mucho y las condiciones empeoran. Seguir aumentando la cantidad de residencias en una zona que está prácticamente desahuciada por los problemas socioambientales es incrementar la catástrofe”.

Aun así, la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental (DGIRA) de la Semarnat determinó que “existen elementos técnicos y jurídicos suficientes para autorizar parcialmente en materia de impacto ambiental las obras y actividades” del conjunto hotelero presentado por la empresa de los hermanos Andrés y Felipe Chico Hernández.

No es común que se otorgue una “autorización parcial” de una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para construir un desarrollo turístico premium, cuando el terreno a impactar está dentro de una zona con presencia de ecosistemas de alto valor ecológico, explica el biólogo marino Santiago Bernal:

“¿Cómo es posible que la DGIRA señale que ‘hay elementos técnicos y jurídicos’ para permitir las obras, cuando todas las opiniones técnicas que solicitó a los especialistas de distintas áreas de la Semarnat son negativas hacia ese megaproyecto?”, cuestiona Bernal.

* * *

Todos los rechazos oficiales: Conabio, Conanp, Conafor…

Para elaborar su resolución favorable, la DGIRA solicitó la opinión técnica de diferentes unidades de la Semarnat con respecto al impacto ambiental en los ecosistemas que serán afectados por las obras y la futura operación del conjunto residencial.

Como el conjunto residencial también incide en la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano y en el Área Natural Protegida Felipe Carrillo Puerto, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) opinó el 17 de septiembre del año pasado:

“Ambas reservas favorecen la conectividad ecológica y son un núcleo de conservación para comunidades de flora y fauna representativas de la región. Estos rasgos condicionan de manera directa el uso del suelo. Al analizar el proyecto (de la empresa) se observa que la información no cuenta con los elementos que permitan conocer el impacto ambiental de las obras, con relación a la modificación de características topográficas e hidrogeológicas de la zona”.

Además, ese proyecto turístico se ubicará a menos de 100 metros de distancia de la comunidad de manglares que existe en el corredor biológico. Por ello, subrayó la Conanp, “aunque el promovente de las obras propone acciones de conservación del manglar en 12.94 hectáreas, no garantiza que el desarrollo de su proyecto impida efectos negativos en la conectividad ecológica, ya que las obras se desarrollarán en comunidades vegetales aledañas con las cuales los manglares comparten procesos biogeoquímicos que podrían vulnerarse y afectar la salud de los hábitat”.

Y concluyó también: “El matorral costero, al igual que la duna costera, contribuye a la retención de sedimento y la protección contra la erosión, contribuyendo así a la formación de suelo mediante la acumulación de arena por medio de sus raíces y la materia orgánica de su follaje. Su remoción aumentaría la perdida de playas arenosas”.

Construir un megaproyecto turístico sobre un ecosistema de alta diversidad conlleva múltiples riesgos. Por ello, la Dirección General de Gestión Forestal, Suelos y Ordenamiento Ecológico de la Semarnat también se manifestó sobre el proyecto en un documento emitido el 25 de agosto de 2025:

“Respecto a la remoción de vegetación forestal, en el sitio de las obras hay vegetación de manglar, cenotes y una gran diversidad de vida silvestre. Las medidas de mitigación y compensación propuestas (por la empresa) son insuficientes. Por lo cual el proyecto no debería autorizarse”.

Punta Venado-Paamul es una zona prácticamente virgen a la que sólo se llega en lancha. Por ello, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) manifestó en su escrito enviado a la DGIRA el 08 de septiembre del año pasado:

“Los manglares son ecosistemas de alta productividad y riqueza biológica… También funcionan como barrera natural de protección que contiene la erosión; amortiguamiento de los impactos del acarreo de tierra y contaminantes por las corrientes de agua de ríos y arroyos; filtración de agua y abastecimiento de mantos freáticos… La recuperación de un manglar que ha sido severamente dañado puede tomar muchos años, cuando es posible; en muchas ocasiones la pérdida es total e irreversible. Con las presiones existentes y si la tendencia continúa, estaríamos destruyendo uno de los ecosistemas representativos de la biodiversidad del planeta”.

El análisis sobre el proyecto turístico y sus consecuencias en el hábitat se amplió aún más. Así es que la Conanp, la Conabio y la Comisión Nacional Forestal (Conafor) emitieron su veredicto acerca de las afectaciones sobre la fauna y flora silvestre.

En sus escritos, las dependencias públicas coincidieron en que las medidas propuestas por la empresa no son suficientes para evitar y reducir los efectos negativos a la fauna y flora terrestre y acuática presentes en los ecosistemas donde se llevarán a cabo las obras y actividades del megaproyecto turístico, considerando que éste se encuentra en una zona con alta probabilidad de sufrir daños graves, degradación o pérdidas irreparables en sus ecosistemas si se expone a impactos humanos o fenómenos naturales.

Estas son parte de las opiniones técnicas que las distintas direcciones de especialistas de la Semarnat le entregaron a la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental.

Sin embargo, de manera inexplicable para los especialistas, la DGIRA resolvió autorizó las obras y actividades del conjunto conjunto presentado por la empresa Residencial Punta Venado.

“La DGIRA no puede decir que tiene argumentos técnicos suficientes para autorizar las obras, cuando los especialistas de las diversas dependencias de la Semarnat le están diciendo “no”. Son opiniones técnicas que ella misma solicitó y no respetó”, precisa Bernal, también maestro en Ciencias del Mar por la UNAM y residente de Playa del Carmen, Quintana Roo.

Punta Venado
Plantas y peces que viven en el arrecife frente a Punta Venado. Fotos: Elías Siebenborn | Ojo de monte

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Suites y residencias sobre manglares, selva y playas

La Manifestación de Impacto Ambiental para la “Construcción y operación del Proyecto Venado” en el municipio de Solidaridad, Quintana Roo, fue ingresada ante la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental a fines de septiembre de 2024 por Residencial Punta Venado.

El proyecto se ubica en el corredor Punta Venado, a sólo 15 minutos de Playa del Carmen. Consiste en la preparación de 111.5 hectáreas para la construcción, operación y mantenimiento de un conjunto hotelero y residencial conformado por 108 cuartos de hotel, 50 suites especiales y 33 residencias con áreas de amenidades y de servicios, vialidades, cuerpos de agua artificiales, áreas verdes e infraestructura para servicios como electricidad, agua potable, drenaje sanitario y drenaje pluvia.

Las habitaciones del hotel estarían distribuidas en 21 edificios de tres niveles; cada uno de los cuales contará con cuartos King, cuartos para personas con discapacidad, suites, balcones, albercas y terrazas, así como 50 suites con vista hacia cuerpos de agua artificiales. Las estructuras kársticas naturales del predio estarán rodeadas de vegetación original y con vegetación tipo jardín entre espacios, conectadas a las amenidades, como el gimnasio, spa y restaurantes.

También se construirán 33 residencias que contarán con alberca independiente y estarán comunicadas hacia las áreas públicas, canchas de juego, áreas verdes, senderismo, restaurantes y playa, dentro de una superficie de 41,140 metros cuadrados.

En su Manifestación de Impacto Ambiental, la misma empresa de los herederos de Banamex confirma la repercusión que la construcción de su complejo residencial tendrá sobre el corredor biológico:

“Modificación del microclima, aumento de temperatura, erosión, eliminación o modificación de hábitats, fragmentación del ecosistema, pérdida del hábitat, pérdida de cubierta vegetal, pérdida de biodiversidad, modificación de comportamiento de fauna silvestre, pérdida de procesos ecológicos, pérdida/modificación de servicios ambientales y cambio en la conectividad ecológica”.

Santiago Bernal ha leído cada uno de los puntos presentados en la MIA por la empresa e identificó que en todo el documento se duplica la información para engrosar la “justificación” de su proyecto. Pero detectó algo más grave:

“La empresa presentó una serie de medidas de prevención y mitigación de los impactos ambientales para la fauna y flora silvestre, pero carece de metodologías científicas que garanticen reducir los efectos negativos sobre el medioambiente”.

Al elaborar el mapeo de la zona costera sobre las que se construirá su complejo turístico, explica Bernal, la empresa no midió más allá de 100 metros de la línea de costa hacia la profundidad. Es un mapeo muy parcial y limitado.

Esos 100 metros no reflejan la verdadera riqueza del lugar -continúa el biólogo-. El terreno se encuentra dentro de una cuenca que tiene parches arrecifales del sistema mesoamericano y praderas marinas muy puntuales al norte de su proyecto. La aplicación de su metodología le sirve para decir que el proyecto sólo se realizará a orillas de la playa.

“Esta omisión se hace con el fin de evitar aceptar que las obras de construcción están dentro de una comunidad de importancia ecológica por la diversidad de especies. Un equipo de científicos hizo una prospección en estos sitios y comprobó que la riqueza biológica es significativa”.

Aun cuando el mapeo presenta este sesgo, la misma empresa manifestó en su MIA que realizó “muestreos en la zona marina frente a su predio” y contabilizó 20 especies de coral, agrupados en diferentes familias: 13 especies son formadores de arrecifes (corales pétreos) y dos especies están bajo la categoría de Protección Especial: el coral cuerno de alce y el coral abanico de mar.

Otra omisión es que la empresa no presenta datos sobre el desove de las tortugas marinas (carey, caguama y blanca) en la zona costera, a pesar de que el corredor Punta Venado-Paamul es una región importante para la gestación de, al menos, tres especies que cada verano llegan a anidar.

Lo mismo ocurre con la fauna silvestre, la empresa sólo hace una lista del avistamiento practicado en el terreno y en el que registró un total de 82 especies de vertebrados terrestres, aunque los especialistas como Roberto señalan que existen más de 100 especies en esa zona:

  • Nueve de reptiles, como cocodrilo de pantano, iguana negra de cola y lagartija espinosa de Cozumel.
  • Cincuenta y ocho de aves, como aguililla aura, garza tiare mexicana, carpintero pico plateado, perico pecho sucio, loro yucateco, vireocillo cabeza gris y víreo manglero.
  • Una de anfibio: la rana leopardo.
  • Seis de mamíferos, como mono araña centroamericano y viejo de monte.
  • Cinco de peces, como Juil descolorido y Topete aleta grande.

Todas esas especies son nativas de México, algunas de las cuales están catalogadas incluso como con protección especial, amenazadas y en peligro de extinción, como el mono araña y viejo de monte.

La misma Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental detectó que la empresa no incluyó en su registro las especies migratorias de aves del Mississippi y del Atlántico que, en conjunto con las selvas húmedas, pernoctan de septiembre a marzo. Tampoco se hizo el muestreo de murciélagos, de gran importancia en la polinización de la selva.

* * *

La autorización para construir en Punta Venado

A pesar de todos los elementos técnicos a su disposición sobre el impacto ecológico y su colindancia con el Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano y con el Área Natural Protegida Felipe Carrillo Puerto, la Semarnat autorizó parcialmente las obras del proyecto en Punta Venado.

El pasado 30 de abril, la dependendencia federal dio su aprobación inicial para que se construyan jungle suites, residencias, áreas públicas techadas, área de servicios, espejos de agua, terrazas, cuerpos de agua artificiales, acceso entrada principal, estacionamientos fuera de las superficies de vegetación de manglar, camellones y jardineras.

La condicionó a que la empresa presentara sus programas ambientales de prevención, mitigación y compensación que debe entregar, antes de mover cualquier piedra, requisito imprescindible que debería haber cumplido previamente.

Le solicitó entregar a posteriori los estudios técnicos sobre las tortugas marinas; de reforestación y reubicación de flora y fauna; de calidad de agua y de métodos para ahuyentar la fauna.

El permiso no incluye, sin embargo, la construcción del conjunto hotelero y la cimentación de albercas, senderos y andadores con salidas a la playa.

“Es una contradicción. Le desaprueba a la empresa la construcción de su conjunto hotelero y le aprueba el resto del proyecto. Nunca había visto una resolución así”, asegura Santiago Bernal.

Pocas semanas después, la Semarnat concedió formalmente el permiso de construcción.

* * *

La autorización ya había sido rechazada

Esta no es la primera vez que los hijos del accionista principal de Banamex habían intentado que les autorizaran su megaproyecto turístico.

En diciembre de 2022, la empresa presentó la Manifestación de Impacto Ambiental del conjunto residencial “Desarrollo Punta Venado” para su evaluación. La propuesta era casi la misma: construir un centro hotelero, residencial y de eventos en el mismo terreno de 110.6 hectáreas del corredor biológico Punta Venado-Paamul.

En aquella ocasión, y luego de 18 meses de análisis, la misma Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental resolvió “negar la autorización solicitada para el proyecto denominado Desarrollo Punta Venado”.

La negativa fue emitida el 4 de junio de 2024 y en ella confirma que el desplante de las obras para construir su conjunto turístico implicaría un considerable cambio en el uso de suelo y vegetación, así como serias afectaciones a especies de flora y fauna silvestre con protección especial y/o en peligro de extinción.

“Con base en lo anterior, se considera que el proyecto no es congruente con la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, las normas oficiales y demás disposiciones aplicables, incluyendo el Programa de Ordenamiento Ecológico del municipio de Solidaridad”.

Se subrayó también que la empresa tampoco consideró los impactos ambientales en los cenotes y ríos subterráneos, ni describió las medidas de mitigación y/o compensación para evitar el deterioro de los ecosistemas acuáticos y terrestres.

Pese a la negativa, la empresa Residencial Punta Venado insistió. Tres meses después, el 26 de septiembre de 2024, ingresó una nueva Manifestación de Impacto Ambiental para el mismo desarrollo, pero con nombre diferente: “Construcción y operación del Proyecto Venado”.

Entre una y otra respuesta oficial, hubo cambios internos en la titularidad de la DGIRA. Salió Alejandro Pérez Hernández, quien había negado el permiso. Llegó en su lugar Julio César García.

El cambio de titular en la DGIRA favoreció a la empresa y la Semarnat finalmente autorizó la construcción del residencial el 30 de mayo de 2026, a pesar de que el corredor biológico Punta Venado-Paamul es último bastión costero de la Riviera Maya libre de complejos hoteleros.

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Por Carmen García Bermejo

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