Cuando se dio el banderazo a las retroexcavadoras y todo tipo de maquinaria pesada para desmontar la selva, talar millones de árboles y dar paso a las vías férreas, poco se reparó en que la construcción del Tren Maya dejaría una profunda “huella de carbono”.
El primer estudio científico en medir ese fenómeno en Yucatán, Campeche y Quintana Roo ya le ha puesto un número para dimensionar el efecto: con la tala de 11 mil héctareas de selva se liberaron a la atmósfera al menos un millón 727 mil toneladas de dióxido de carbono.
Esa cifra es enorme: equivale aproximadamente a las emisiones de 375 mil automóviles de gasolina durante todo un año.
* * *
La construcción de los diversos tramos del Tren Maya en Yucatán, Quintana Roo y Campeche ha tenido un efecto poco señalado hasta la fecha: la tala de al menos 11 mil 500 héctareas de selva generó una profunda huella de carbono en el planeta.
Las obras para abrir paso al tren en medio de la Selva Maya liberaron a la atmósfera un millón 727 mil toneladas de gases de efecto invernadero en momentos en que el mundo experimenta una crisis climática sin precedente por el calentamiento global.
La magnitud de la huella de carbono es muy significativa en términos ambientales. “Para dimensionar, podemos decir que esa cantidad de toneladas equivale a las emisiones durante todo un año de alrededor de 375 mil automóviles de gasolina”, explica José Luis Hernández-Stefanoni, uno de los autores de la investigación “¿Cuánto carbono se ha emitido con la construcción del Tren Maya?”.
En lo que constituye el primer estudio científico sobre las estimaciones del carbono removido por la construcción de las vías y estaciones del Tren Maya, la cuantificación de las cerca de dos millones de toneladas de dióxido carbono es “aproximada y la podemos calificar como conservadora”.
Es conservadora, dice el cientifico en entrevista con Fábrica de Periodismo, porque existen muchas otras áreas deforestadas por la construcción del tren que no fueron contabilizadas en el estudio. “Por ejemplo, las áreas destinadas a almacenes de materiales y equipos, bancos de extracción de materiales pétreos, caminos de traslado, construcción de hoteles y museos, así como otras áreas fuera de las vías del tren”.
La investigación, realizada por Hernández-Stefanoni, junto con Juan Andrés-Mauricio, Francisco Chi May, Fernando Tun-Dzul y Juan Manuel Dupuy, integrantes del Centro de Investigación Científica de Yucatán, documenta con herramientas de percepción remota, imágenes de satélite, análisis espaciales y mapas de densidad de carbono la cantidad de vegetación removida por la construcción de la vía del tren.
En la naturaleza, los bosques actúan como reservorios de carbono, absorbiendo dióxido de carbono de la atmósfera, almacenándolo en la vegetación y el suelo, función que contribuye a mitigar el cambio climático, al disminuir el efecto invernadero y el calentamiento global.
Sin embargo, los bosques también pueden liberar carbono a la atmósfera cuando se queman, degradan o talan. “Con la quema de bosques, cambio de uso del suelo, fragmentación de la biomasa, el carbono capturado se va a la atmósfera”.

Deforestación de la Selva Maya. Foto: Elías Siebenborn.

Foto: Elías Siebenborn.

Foto: Miguel Ángel Guillermo Amador
Sólo para construir las estaciones y las vías de todos los tramos del Tren Maya en la Península de Yucatán se deforestaron 11 mil 484 hectáreas, equivalentes a unos 11 mil 500 campos profesionales de futbol, de la siguiente manera:
- Deforestación en Yucatán = 2 mil 619 hectáreas
- Deforestación en Campeche = 4 mil 402 hectáreas
- Deforestación en Quintana Roo = 4 mil 463 hectáreas
El problema es el tren, pero no sólo el tren
Después del Amazonas, la Península de Yucatán contiene el segundo macizo forestal más grande de América y está dominada por diferentes tipos de bosques tropicales que albergan una alta biodiversidad y un gran número de especies endémicas. Además, es uno de los reservorios de carbono más importantes del país.
Hace cinco años, el científico, que forma parte del Sistema Nacional de Investigadores, elaboró el mapa de densidad de carbono para toda la Península de Yucatán.
Con base en él, se midieron los polígonos de las selvas y la cantidad de superficie talada a cado lado de la vía del tren “para saber qué tanto carbono se liberó y qué tanto dióxido de carbono se emitió a la atmósfera con las obras”, explica Hernández-Stefanoni, ingeniero forestal, con Maestría en Cómputo Aplicado y Doctorado en Ecosistemas por la Universidad de Trent, en Canadá.
Y así fue como determinaron el impacto de las obras del Tren Maya en los diversos tipos de selvas de la región.
“Entre Campeche y Quintana Roo están las selvas más altas, las que tienen más biomasa. Los árboles son más altos y esas selvas conservan sus hojas la mayor parte del año. Al norte de Yucatán, los árboles son más pequeños y la biomasa es menor, pero tiene otras especies relevantes”.
Todos los tramos atraviesan la Península de Yucatán, incluidos los que causaron más polémica (Tulum-Cancún, Tulum-Bacalar y Bacalar-Escárcega) por impactar la riqueza de su biodiversidad, el patrimonio subacuático (cenotes, cuevas y ríos subterráneos) y el patrimonio arqueológico.
Aunque el daño es alto en todas las rutas, existen varios puntos críticos.
En el tramo Tulum-Cancún existe una selva mediana con árboles más altos y densa acumulación de biomasa. En este tramo se deforestaron 681 hectáreas de selva y se liberaron 29 mil 700 toneladas de carbono. La vía tiene una extensión de 111 kms, lo que ayudó a que el impacto fuera menor, “pues se trata de un territorio con los más altos índices de carbono almacenado en la vegetación”, asegura el científico.
Pero en otros segmentos, los registros se disparan por la cantidad de superficie talada y la extensión de las vías del tren. En el tramo Tulum-Bacalar se deforestaron 2 mil 145 hectáreas de selvas con mayores índices de biomasa. En el de Bacalar a Escárcega el impacto fue sobre 2 mil 500 hectáreas de selvas con alta densidad.
“El caso del tramo Bacalar-Escárcega es más alarmante por el impacto negativo que tendrá sobre la Reserva de la Biósfera Calakmul”, alerta Hernández-Stefanoni.
–¿Qué sucederá en Calakmul, donde el ejército construyó un hotel?
–Esa reserva es la más grande e importante de la Península de Yucatán. Al poner un hotel cerca de la zona arqueológica tiene mayores secuelas: ¿dónde va a vivir la gente que trabaje allí, de dónde van a salir los alimentos que consuman? Deben hacer un plan de uso territorial.
Calakmul es la segunda selva mejor conservada, después de la del Amazonas, con un enorme ecosistema. Incluso la cantidad total de biomasa que existe en toda la Península de Yucatán es equivalente a una cuarta parte del territorio nacional; por eso la relevancia de su preservación.
–¿Por qué importa medir el carbono concentrado en la vegetación?
–De las emisiones de carbono en la atmósfera, los bosques capturan el 30% y los océanos el 22%. La principal fuente de captura de carbono es la vegetación, por eso la importancia de su conservación. El dióxido de carbono tiene un efecto en la atmósfera y provoca el calentamiento global. Una forma de mitigar este cambio es a través de la vegetación.
Pero necesitamos saber cómo se distribuye la cantidad de carbono en las diferentes regiones. Por eso hacemos mapas de carbono forestal capturado. Son muy necesarios para diseñar políticas públicas de prevención y mantener un importante almacén de carbono.
Los gobiernos tienen la responsabilidad de planear y hacer un ordenamiento territorial para que no se dispare más la devastación.
El problema no sólo es el tren, es todo lo que trae encima. Se debe delimitar hasta cuánto permiten cortar para evitar que aumenten las tasas de deforestación en la Península de Yucatán.

Peligro: de bosques a tierras agrícolas y ganaderas
Aunque la devastación por la construcción del Tren Maya es altamente relavante, para Hernández-Stefanoni la deforestación de las selvas en toda la Península de Yucatán es aún más alarmante.
Entre 2002 y 2022, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) reportó la deforestación de más de un millón de hectáreas de bosque en la Península de Yucatán; esto significa 50 mil hectáreas por año.
“Con base en los datos de la Conafor, podemos decir que, si bien las hectáreas taladas por la construcción del Tren Maya representan lo que se deforesta en un año en toda la península, el quebrantamiento de ecosistemas no es menor”, asegura Hernández-Stefanoni.
La deforestación en la Península de Yucatán es grave, detalla el científico, debido a la expansión de las ciudades, el turismo y la industria alimentaria, así como la construcción de megaproyectos de energía renovable. “Esas son las amenazas más significativas y una fuente importante de emisión de gases de efecto invernadero”.
Pero, principalmente, la conversión de ecosistemas a tierras para la ganadería y la agricultura.
La entidad que más problemas presenta es Campeche, donde los menonitas han sustituido el bosque por terrenos agrícolas. “Ellos deforestan entre 18 mil y 21 mil hectáreas de bosque al año para dedicar ese territorio a la agricultura. Aunque la infraestructura urbana también deforesta, la mayor parte se concentra en la ganadería y en la conversión a tierras agrícolas”.

