Detienen al último exmilitar involucrado en el asesinato de Víctor Jara, el “trabajador de la guitarra y la canción”
"Esperamos que la Policía de Investigaciones de Chile logre encontrar a todos los fugados por crímenes de lesa humanidad", señala Amanda Jara, hija del cantautor chileno.
El exmilitar Nelson Haase Mazzei, de 80 años, ingresó a la cárcel para cumplir una pena de 25 años por su responsabilidad en el secuestro y asesinato del músico y cantautor Víctor Jara. Haase era el único exmilitar involucrado en el caso que permanecía prófugo desde agosto de 2023, cuando el Poder Judicial dictó la sentencia definitiva contra siete militares en retiro, poco antes de la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile.
Hasee Mazzei fue capturado en una zona rural de la región de Los Lagos, a unos 950 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Con su detención se cierra la búsqueda de los juzgados por este crimen; otro de los condenados, el militar Hernán Chacón, se suicidó en 2023 antes de ser aprehendido.
“Una noticia que valoramos. Sin embargo, para nosotros es importante recalcar que, después de medio siglo del asesinato de Víctor Jara y Littré Quiroga, es difícil considerar esto como justicia”, declaró de forma pública, Amanda Jara, hija del músico y presidenta de la Fundación Víctor Jara.

El cantautor fue detenido, torturado y asesinado brutalmente, con 44 disparos, el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del inicio de la dictadura de Augusto Pinochet. Su asesinato es considerado uno de los episodios más trágicos de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
Víctor Jara fue también director de teatro, formó parte del elenco central de la Peña de los Parra y trabajó con los grupos Cuncumén, Quilapayún, Inti-Illimani, Los Curacas, entre otros. Compuso y cantó más de 150 temas que incluyen clásicos como “Te recuerdo Amanda”, “El derecho de vivir en paz” o “Plegaria a un labrador”.
Victor Jara, “un trabajador de la guitarra y la canción”
En la casa de Víctor Jara siempre había una guitarra: su madre era cantora en bautizos, bodas y velorios. La música que recorría su sangre nació en el campo.
Como miles de personas en Chile, los papás de Víctor fueron campesinos que trabajan para un terrateniente a cambio de un pedacito de tierra para vivir temporalmente. “Inquilinos”, les llamaban.
En la década de 1940, la familia Jara migró a Santiago, capital chilena, en donde Víctor se integró al coro de la Universidad de Chile y logró potenciar su legado cantor que incluía la recopilación folclórica de su mamá, Amanda Martínez.
Jara militó en el Partido Comunista y apoyó el proyecto socialista de Salvador Allende. “Mi canto va con ese tiempo, me parece que en lo que yo escribo y canto, el veredicto final, el juicio final, lo da el pueblo y la juventud de mi país, o el continente que me escucha”, planteó el músico en una entrevista realizada por el presentador Ernesto García Calderón.

A la música de Víctor Jara se le asocia con el término “canción de protesta”, popularizado por la prensa musical e instituciones, y asociado con movimientos sociales y denuncia de injusticias. Sin embargo, Jara no estaba de acuerdo con ese término, pues él decía que era “un trabajador de la guitarra y la canción”, y que cantaba “de los trabajos, del hombre, de sus combates, de sus luchas, de sus alegrías, de sus penas”.
El 16 de septiembre de 1973, Víctor Jara fue torturado y asesinado por el ejército en el Estadio Chile. Hoy, ese estadio lleva su nombre.
“No es su asesinato por los militares, en septiembre de 1973, lo que hizo de Víctor Jara uno de los artistas más trascendentes de nuestro país, aunque ese hecho le ha dado una enorme universalidad a su nombre. Lo que lo consagra definitivamente como una de las más grandes figuras de la cultura chilena es su trabajo artístico y su obra”, recalca la Fundación Víctor Jara.





