4 de cada 10 jóvenes en México “no se hallan” en sus familias, escuelas ni trabajos
Una encuesta identifica que un sector de los jóvenes en México se sienten desvinculados de instituciones tradicionales y redes de apoyo.
Una falla sistémica acorrala a la juventud en México: 4 de cada 10 jóvenes experimentas distanciamientos de espacios tradicionales de pertenencia como lo son la escuela, el trabajo, la familia y las relaciones afectivas.
El dato proviene de la encuesta Jóvenes en México 2026, impulsada por
la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica. La encuesta fue realizada a mil 200 jóvenes de todo el país y considera que esta muestra es representativa de la población juvenil mexicana, estimada en más de 32 millones de personas.
Esta desconexión afecta de manera directa al 38.7 % de los jóvenes, quienes manifiestan que “no se hallan en ningún lugar”. Esta sensación se intensifica con la edad, al pasar del 35.3 % en el grupo de 15 a 17 años al 42.3 % entre los jóvenes entre 25 y 29 años, además de registrar una brecha de género considerable, siendo más frecuente en las mujeres (42.4 %) que en los hombres (34.8 %).

Este malestar generalizado se traduce en frustraciones específicas tanto en la esfera individual como en la social. En el plano personal, los principales desencadenantes son enfermar, no obtener lo deseado de forma inmediata y la falta de tiempo libre. En el ámbito social, la mayor carga proviene de la falta de dinero, seguida por el temor a que no les vaya bien en la escuela o en el trabajo.
Además, cada vez es más difícil independizarse para la juventud: el 76% de los jóvenes vive con su familia, el 15.9 % ha formado una nueva familia y sólo 8 % vive de manera independiente.
“Creo que tenemos que pensar mucho en los nuevos espacios de socialización juvenil y creo que tendríamos que crear muchos espacios lúdicos, muchos espacios de convivencia, porque la sociabilidad está muy rota y es la base de muchos aspectos de la vida de los jóvenes”, dijo durante la presentación del informe, María Teresa Almada Mireles, doctora en Ciencias Sociales y directora de CASA, Centro de Asesoría y Promoción Juvenil.
En conjunto, el estudio plantea que la desafiliación no debe interpretarse como una crisis meramente emocional o individual, sino como una falla estructural. El fenómeno pone de manifiesto cómo las instituciones y vínculos sociales tradicionales han ido perdiendo la capacidad de ofrecer certezas, apoyo y horizontes de futuro, dificultando que las juventudes puedan construir y consolidar proyectos de vida de largo plazo.

Pese a estas deficiencias estructurales, los jóvenes mantienen una valoración positiva de sus empleos, priorizando el ambiente laboral, el tipo de actividad y el aprendizaje adquirido al concebir estas primeras etapas como una transición hacia un mejor futuro profesional.
En el ámbito laboral, el acceso al empleo no garantiza estabilidad ni autonomía económica de los jóvenes, quienes se incorporaron principalmente al sector servicios, con bajos salarios, escasas prestaciones y condiciones de alta precariedad.
Interesados en la educación, pero con economías insuficientes
El 80% de los jóvenes de entre 15 y 19 años desea seguir estudiando, pero las barreras económicas, sociales y de género limitan sus aspiraciones, apuntan las juventudes encuestadas.
El informe revela que la educación sigue ocupando un lugar central en las aspiraciones de los jóvenes, pues confían mucho más en el sistema educativo y en las universidades que en los partidos políticos, el gobierno o las grandes empresas.

Las principales razones para continuar estudiando están relacionadas con las oportunidades a futuro. El 29.5% de los jóvenes quiere hacerlo para conseguir un mejor empleo, el 21.4 % para adquirir más conocimientos y el 17.7 % para ganar más dinero.
Para la juventud la educación aún se percibe como una vía de movilidad social y mejora de las condiciones de vida. Sin embargo, no todos los jóvenes pueden seguir ese camino. Entre quienes abandonaron sus estudios, casi el 40% lo hizo por la necesidad de trabajar y por la falta de dinero. Otras razones están relacionadas con enfermedades propias o de alguna persona cercana, embarazos, problemas familiares y adicciones.





