Angela Davis llega a la UNAM entre protestas anticarcelarias
"El primer trabajo de los activistas radicales es generar esperanza", aseguró la activista Ángela Davis en la UNAM.
Sin embargo, el diálogo magistral quedó marcado por una protesta estudiantil que denunció los métodos de criminalización de la misma UNAM y las seis mujeres que han muerto bajo condiciones extrañas en el Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla.
El esperado encuentro con Angela Davis en la UNAM comenzó con una interrupción que expuso las contradicciones internas de la institución. Mientras la filósofa estadounidense, una de las voces más críticas del sistema penitenciario, esperaba en el escenario de la Sala Miguel Covarrubias, un contingente estudiantil ocupó el estrado para denunciar a la propia universidad.
La protesta denunció a la propia Universidad Nacional Autónoma de México por perseguir y encarcelar a estudiantes, específicamente en uno de los últimos casos: el de Arturo Lugo Macías, conocido como “Shevek”, quien fue golpeado por porros, quemado y detenido en 2020 por apoyar una toma feminista en la FES Acatlán.
La interrupción se prolongó durante más de 15 minutos. Las asistentes, que habían hecho fila durante más de diez horas desde la mañana, observaban la escena sin saber si la conferencia llegaría a realizarse. La transmisión oficial de la UNAM cambió de toma durante el pase de lista de las mujeres fallecidas recientemente en el penal de Santa Martha Acatitla, presentando la protesta como únicamente el reclamo de un hombre, sin explicar la gravedad de lo que se denunciaba.
Fue Amneris Chaparro, directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), quien tomó la palabra para intentar mediar. “Ninguna institución es perfecta, esta tampoco lo es”, admitió. Rosa Beltrán, titular de Cultura UNAM, también intervino: “Este momento es único, si ustedes revientan este momento se van a perder la gran oportunidad de escuchar a Angela Davis”.

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM
Las palabras de Angela Davis
Finalmente, Davis tomó la palabra. La activista de 83 años —que en su juventud fue condenada a muerte en tres ocasiones y pasó 16 meses en prisión— se dirigió a los estudiantes con un gesto de apertura: “Me encanta escucharlos. Me impresiona su energía”.
El diálogo, titulado “Abolición, feminismo, ¡ahora!”, reunió a Davis con la especialista en estudios feministas Gina Dent –su “camarada y pareja”–, la investigadora Amneris Chaparro y la escritora Rosa Beltrán. La expectativa había desbordado la capacidad de la Sala Miguel Covarrubias, que apenas cuenta con 714 lugares. La UNAM tuvo que habilitar la Sala Carlos Chávez, tres salas de cine y la explanada de La Espiga, donde instaló una pantalla gigante con 700 sillas. Aun así, cerca de 200 personas permanecieron sentadas en los accesos del Centro Cultural Universitario sin poder seguir el evento.
La primera pregunta de la tarde abordó el lugar de los libros en una época dominada por la inteligencia artificial. Davis, que ha dedicado casi toda su vida a la lectura, llevó la discusión hacia las prisiones. “He encontrado algunas de mis experiencias más intensas con la lectura entre personas encarceladas”, afirmó. “Muchos descubren que la única manera de saborear cómo podría ser la libertad es a través de la lectura”.

Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro
La conversación derivó hacia el libro Abolición: Políticas, prácticas y promesas y Abolición, feminismo, ¡ahora! que Davis escribió junto a Dent, Erica Meiners y Beth Richie. Dent describió el proceso: “Desarrollamos una sola voz”, afirmó. “No repartimos capítulos para después unirlos; discutimos cada párrafo hasta encontrar un lenguaje común que nos representara a todas”. Para Davis, ese método fue una metáfora del trabajo político: académicas de distintas disciplinas que aprendieron a escuchar y ceder.
Para Dent, el abolicionismo feminista va más allá del derribo de instituciones represivas. Su apuesta, explicó, es resignificar el concepto de seguridad y edificar nuevas arquitecturas de poder comunitario. Davis subrayó que las herencias de la esclavitud y el colonialismo persisten. “Seguimos viviendo con la vida posterior de la esclavitud”, dijo, y señaló que en México “también está el colonialismo: todos esos ingredientes que han producido el capitalismo racial”.
Por una UNAM anticarcelaria
El debate sobre la visita de Angela Davis en la UNAM se ha centrado, sin embargo, en la protesta inicial antes que en sus palabras o en su libro. Sin embargo, las consignas que interrumpieron el evento no surgieron de la nada.
Otro caso reciente que involucra a la UNAM y al sistema penal y penitenciario es el de Jorge Emilio Esquivel Muñoz, conocido como “El Yorch”, quien fue detenido primero en 2022 por agentes federales bajo los cargos de narcomenudeo, algo que sus defensores y colectivos a los que pertenecía calificaron como un montaje. El Yorch mantuvo durante años un trabajo político en torno al espacio conocido como Okupa Che: un auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras que lleva más de dos décadas tomado y gestionado de manera autónoma. Murió el año pasado en prisión tras enfrentar un grave deterioro de salud luego de varias denuncias por negligencia médica.
En el caso de Shevek fue el que animó la protesta de este miércoles. El joven fue arrestado el 8 de enero en Naucalpan, y permaneció durante casi un mes recluido en el penal del Altiplano, el mismo complejo que albergó a Joaquín “El Chapo” Guzmán. La UNAM lo acusa de daños a la propiedad con agravante de pandillerismo, por hechos ocurridos durante una ocupación estudiantil en 2020.

Los colectivos que exigen su libertad sostienen que la detención de Shevek fue una represalia. El 5 de abril de 2020, cuando las estudiantes de la FES Acatlán mantenían una toma para denunciar casos de acoso y violencia de género, un grupo de entre siete y diez porros encapuchados irrumpió en el edificio. Portaban pasamontañas y chalecos antibalas. Llevaban tubos, palos, un pico, pistolas y bidones de gasolina.
Según testimonios recabados por el medio Zona Docs, Shevek fue golpeado brutalmente hasta fracturarle la mandíbula. Las estudiantes del edificio 6 fueron agredidas física y sexualmente. Los atacantes, según las denuncias, pronunciaron frases como “por eso las violan y las matan, por vergueras”. La policía no acudió hasta después del incendio que los agresores provocaron en el edificio de gobierno, donde las autoridades presumieron la participación de los estudiantes. Ninguno de los encapuchados ha sido identificado ni detenido.
Pero los nombres que resonaron en la Sala Miguel Covarrubias no fueron solo los de Shevek. Los manifestantes leyeron los nombres de seis mujeres: Rosa, Vanessa, Viridiana, María Elena, Mónica Valeria y Diana Laura. Todas fallecieron entre marzo y junio de este año en el penal de Santa Martha Acatitla. Las muertes llevaron a la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México a abrir expedientes de investigación por posibles violaciones a los derechos humanos, cuestionando las condiciones de reclusión y la responsabilidad del Estado.
La protesta en la UNAM adquiere así un significado particular frente a Angela Davis. La activista estadounidense fue detenida en 1970 y pasó 16 meses en prisión acusada de asesinato, secuestro y conspiración, hasta que en 1972 fue absuelta tras una campaña internacional. Su experiencia como persona privada de la libertad se convirtió en el germen de su crítica al sistema penitenciario.
La esperanza en medio del fascismo
Hacia el final de la conversación, alguien preguntó a Davis cómo sostener la esperanza cuando avanzan el fascismo y la indiferencia. Nacida en Birmingham, Alabama, en plena segregación, Davis recordó que “los afrodescendientes no podían entrar a una escuela, un museo o una biblioteca”. Aun así, dijo, “la esperanza nos motivó a luchar. Nunca dudé que las cosas serían diferentes algún día”. “El primer trabajo de los activistas radicales —concluyó— es generar esperanza”.

Dent completó la idea con una frase de su compañera Miriam Kaba: “La esperanza es una disciplina”. No consiste en esperar sentado, explicó, sino que se construye trabajando, organizándose, cruzando fronteras.
Davis y Dent terminaron reivindicando el espacio común para escuchar, leer, disentir y construir colectivamente. La paradoja no pasó desapercibida: la UNAM invitó a una pensadora que critica radicalmente el sistema penal, pero en sus pasillos persigue a los estudiantes que denuncian violencia de género.





