Detectan materia fecal y sustancias químicas nocivas en 17 pozos y cenotes de Yucatán
Un nuevo análisis de Greenpeace y la Red To’oné Ja’o’on confirma contaminación por materia orgánica, bacterias dañinas, exceso de nutrientes e indicadores fecales porcinos en cenotes y pozos de Yucatán.
El agua de 17 pozos y cenotes en Yucatán está contaminada por materia fecal porcina y una mezcla de químicos que rebasan los límites fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo indica un nuevo análisis de Greenpeace y La Red To’oné Ja’o’on (Somos Agua), titulado “Megagranjas porcícolas: Una amenaza constante para los cenotes”.
Tras realizar un monitoreo comunitario y análisis de laboratorio en 17 pozos y cenotes de las comunidades Kinchil, Sitilpech, Motul, Chocholá, Molas, Celestún y San Antonio Tedzidz, la organizaciones advirtieron que el suelo kárstico —caracterizado por roca caliza porosa— facilita la infiltración de contaminantes hacia la principal fuente de agua potable de la región, lo que amenaza la salud humana y la estabilidad de los ecosistemas locales.
Las pruebas de laboratorio identificaron concentraciones de nitratos (compuestos tóxicos provenientes del estiércol y fertilizantes) en la mayoría de las muestras, que en comunidades como Motul y Chocholá rebasaron el límite de 50 mg/l fijado por la OMS. También se hallaron niveles elevados de fósforo, un químico del estiércol que pudre el agua; sólidos suspendidos que la vuelven turbia; y demanda química de oxígeno, lo cual indica que el agua está perdiendo la oxigenación necesaria para sostener la vida que alberga.
No sólo eso: en el ámbito microbiológico, el análisis confirmó la presencia de materia fecal. De las 17 muestras, 16 registraron el límite superior de medición para un grupo de bacterias llamadas coliformes totales, 13 sobrepasaron los 1,800 NMP/100 ml de coliformes fecales y 4 alcanzaron niveles máximos de enterococos fecales, lo cual confirma una presencia bacteriana capaz de provocar enfermedades e infecciones a las personas.

Pruebas genéticas señalan a las megaagranjas de cerdos
Aunque el reporte reciente señala inicialmente una contaminación generalizada sin detallar el origen, investigaciones científicas desarrolladas entre 2024 y 2026 por la Red To’one Ja’o’on lograron identificar la causa del problema. Mediante análisis de biología molecular (Pig2Bac) procesados por laboratorios de la UNAM y del Instituto Johns Hopkins en Mérida, Izamal, Kinchil, Chapab y Maxcanú, se confirmó que el foco de la contaminación de los cenotes de Yucatán proviene de materia fecal de cerdos vinculada a las megagranjas porcícolas.
El monitoreo científico comprueba un deterioro de la calidad del agua en toda la península durante la última década. Los riesgos socioambientales que esto conlleva se ven agravados por un incumplimiento regulatorio generalizado: datos previos de Greenpeace indican que más del 90% de las megagranjas porcícolas en la región operan sin el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA).
Las organizaciones señalan que esta problemática trasciende el ámbito local. En marzo de este año, Marcos Orellana, entonces relator especial de las Naciones Unidas sobre sustancias tóxicas y derechos humanos, recorrió distintas localidades de Yucatán y respaldó la necesidad de considerar una declaratoria de emergencia sanitaria y ambiental para la península, impulsada por pueblos mayas desde 2024.

A un año de una denuncia popular por riesgos relacionados con la actividad porcícola en Yucatán
Hace un año, comunidades mayas de la Red Somos Agua, presentaron una denuncia popular ante autoridades federales. Actualmente, a propósito del nuevo análisis en los 17 pozos y cenotes, la Red denuncia que “persisten demandas sin resolver y respuestas insuficientes frente a los señalamientos de contaminación ambiental y riesgos para la salud relacionados con la actividad porcícola en Yucatán”.
La Red exige que la Profepa, la Conagua y la Semarnat cumplan con sus responsabilidades en materia de inspecciones, resultados de procedimientos administrativos, aplicación de sanciones y clausura de instalaciones reincidentes, así como la reparación integral de los daños que han provocado las megagranjas.
Entre los casos señalados se encuentran granjas operadas por empresas como Kekén (granjas 1 a 6) cerca de Kinchil y Celestún, así como las granjas GARY (en Chocholá) y MOBA (en Maxcanú), las cuales ya cuentan con antecedentes de irregularidades, multas y clausuras temporales.
La Profepa realizó una nueva inspección a las granjas GARY y MOBA en junio de 2026, pero los resultados aún no se han hecho públicos.





