Para “embellecer Oaxaca”, el gobierno municipal se lanza contra artistas urbanos
La política de "embellecimiento" de Oaxaca ha derivado en hostigamiento y criminalización contra el Colectivo Subterráneos y otros artistas.
La noche del pasado 3 de julio, integrantes del Colectivo Subterráneos fueron agredidos por presuntos trabajadores del Ayuntamiento mientras colocaban obra gráfica en el Centro Histórico de Oaxaca. Colectivos artísticos denuncian que el gobierno municipal de Raymundo Chagoya ha emprendido una política de persecución que criminaliza el arte callejero, bajo el pretexto de “limpiar” la ciudad para el turismo.
“La gráfica es un arte popular y los muros nuestra galería”. La frase, emitida en un comunicado del Colectivo Subterráneos tras la agresión a dos de sus integrantes, resume la disputa que desde hace meses sacude el Centro Histórico de la capital oaxaqueña. Lo que para el gobierno municipal es “contaminación visual”, para decenas de artistas es la expresión de una tradición que ha convertido a Oaxaca en un referente internacional del arte urbano.
La noche del viernes 3 de julio, cuando integrantes del Colectivo Subterráneos colocaban obra gráfica en distintos puntos de la ciudad fueron abordados, amedrentados, golpeados y agredidos por un grupo de personas que, según denunciaron, trabajan bajo órdenes del presidente municipal Raymundo Chagoya Villanueva. Además de golpearlos, los agresores utilizaron gas pimienta.
Entre los compañeros golpeados se encuentra el artista plástico Mario Guzmán Olivares.
Desde hace semanas, el gobierno municipal, emanado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en alianza con Morena, implementó una “limpieza” masiva de fachadas en vísperas de las celebraciones de la Guelaguetza. En sus redes sociales oficiales, el Ayuntamiento calificó estas expresiones críticas como “contaminación visual”. Para los artistas, esto forma parte de una campaña de desprestigio.

El prestigio internacional de Colectivo Subterráneos se criminaliza en Oaxaca
En una carta abierta dirigida al Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, firmada por ciudadanía, artistas, académicos y gestores culturales, los firmantes manifestaron su preocupación ante las acciones de hostigamiento, persecución y retiro sistemático de la obra realizada por el Colectivo Subterráneos: “Es alarmante que un gobierno que administra una de las ciudades con mayor riqueza cultural del país haya decidido emprender una política de ‘limpieza’ de los muros sin distinguir entre vandalismo y producción artística de alto valor cultural”.

El Colectivo Subterráneos, señala la carta, no representa una forma de deterioro urbano. “Constituye uno de los proyectos de gráfica pública más importantes surgidos en Oaxaca en los últimos años“. Desde 2021, el colectivo desarrolla obra gráfica, mural y paste-up —una técnica de intervención urbana que consiste en adherir impresiones sobre papel mediante engrudo, sin pintar directamente los muros y permitiendo su retiro sin afectar las superficies—. Lejos de ensuciar la ciudad, argumentan, sus intervenciones “enriquecen visualmente el espacio público”.
La contradicción resulta evidente, sostienen los firmantes: mientras diversas instituciones culturales nacionales e internacionales reconocen el valor de su producción, el gobierno municipal los trata “como si fueran delincuentes”. La obra de Subterráneos ha sido presentada en museos y universidades de Canadá y Estados Unidos, incluyendo el Museo Maxwell de Antropología de la Universidad de Nuevo México, donde su trabajo fue reconocido precisamente por su aportación al arte público, la gráfica social y la educación artística.
Subterráneos, además, no es sólo un colectivo de artistas. De manera autogestiva, Subterráneos sostiene una escuela gratuita de arte donde jóvenes reciben formación en dibujo, grabado y muralismo: “En un país donde el acceso a la educación artística continúa siendo profundamente desigual, este esfuerzo representa una aportación social ejemplar”.
Un Centro Histórico “bonito” y despolitizado
“Ninguna ciudad fortalece su patrimonio cultural persiguiendo a sus artistas. Ninguna política de embellecimiento urbano puede justificarse cuando elimina precisamente aquello que distingue a Oaxaca frente al mundo: su extraordinaria capacidad para producir cultura desde las calles, desde los talleres, desde la gráfica popular y desde las iniciativas ciudadanas”.
Con estas palabras, los firmantes de la carta abierta resumen el núcleo del conflicto.
El grabado, el muralismo y las intervenciones urbanas han acompañado la historia reciente de Oaxaca y son parte de una tradición profundamente arraigada en la vida cultural del estado. Desconocer ese legado, advierten artistas y gestores culturales, significa despreciar “una parte fundamental del patrimonio cultural contemporáneo de Oaxaca”.
Un parteaguas para el arte callejero en Oaxaca fue la revuelta popular de 2006, por ejemplo. El movimiento fue acompañado de una producción de distintas expresiones artísticas como el grafiti, pintas, esténciles y grabados que expresaban la represión y la rebeldía del pueblo oaxaqueño.
En este contexto surgieron esfuerzos como la Asamblea de Artistas Revolucionarios (ASARO) como un esfuerzo parapara incorporar a los artistas a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Según el grabador y diseñador Arnulfo Quino Casas, fallecido en abril de 2025 pero citado por Avispa Media, el colectivo surgió para “rechazar y trascender las formas autoritarias de ejercicio del poder y la cultura institucional”.
Otros ejemplos de esta tradición son el colectivo Armarte —arte, resistencia, mujeres en el arte—. Fundado en 2018, agrupa a mujeres de entre 17 y 38 año –algunas hijas o herederas de luchadores sociales asesinados– que decidieron salir a las calles para hacer arte de denuncia.
También ellas han denunciado en las últimas semanas las labores de “limpieza” por parte del Ayuntamiento: “Vamos a pegar un día y al día siguiente ya no estamos. Desde la gestión municipal pasada, se están poniendo más rigurosos en su política de dejar el centro ‘bonito y limpio’. Están criminalizando artistas callejeros ya sea que estén o no metidos en el tema político”.
El Colectivo Subterráneos denuncia, por su parte, que su obra gráfica expuesta en el Centro Histórico de Oaxaca se ha vuelto incómoda por varias razones. En principio porque muchas de sus piezas rescatan la memoria de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, por ejemplo, o se pronuncian abiertamente sobre el genocidio en Palestina o sobre las políticas de Donald Trump.
“Lo incomodo para ellos es que nuestra gráfica tiene un contenido político de denuncia que se ha opuesto, tajantemente, a la política de gentrificación y desplazamiento en el Centro Histórico de nuestra ciudad”.
Además, en las últimas semanas, el Colectivo acompañó la lucha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores por la Educación (CNTE): “las calles vieron expresada nuestra obra acompañando a los trabajadores de la educación en su demanda por una pensión digna; no es casualidad que el municipio de Oaxaca de Juárez, en conjunto con instancias como el INAH, arrecieran su campaña de linchamiento en contra de nosotros”.
Otros colectivos, como la Unión Revolucionaria de los Trabajadores del Arte (Urtarte) acusó de violencia institucional al presidente municipal: “Con el pretexto de ‘embellecer’ el Centro Histórico para el turismo, el gobierno municipal ha puesto en marcha una política de simulación y represión estética. Mientras financian programas como Fachadas Bienestar y costean murales para promover lo que hemos denominado el Mundial del Despojo, el municipio censura y criminaliza el arte gráfico, los murales y las pintas de protesta popular”.
“El gobierno municipal ha dejado de usar únicamente a la policía como brazo represor; hoy recurre a prácticas porriles que creíamos exclusivas de los viejos regímenes del PRI. Hoy la agresión fue contra compañeros que se manifestaban pacíficamente, pero mañana puede ser contra cualquiera de nosotros”.









