Ibero documenta 58 fosas clandestinas relacionadas con feminicidios
De los casos analizados, el 60% de las fosas de feminicidios está en inmuebles privados. Las investigadoras llaman a tomar esto en cuenta: "¿Cuántas mujeres están enterradas en inmuebles privados, en sus casas?"
Este jueves se presentó en Ciudad de México un informe de la Universidad Iberoamericana que contabiliza 58 fosas clandestinas vinculadas a feminicidios. El periodo analizado comprende desde 2020 hasta septiembre de 2024. El estudio, titulado ‘Trazar la Ausencia, Caminar la Esperanza’, también revela que en esos espacios fueron hallados los cuerpos de 92 mujeres.
El trabajo académico rastreó de manera general los hallazgos de inhumaciones ilegales durante casi dos décadas, desde 2006 hasta 2024. Su publicación coincide con el momento en que el Estado mexicano tiene bajo su custodia 83 mil cuerpos sin nombre, mientras el registro oficial de desaparecidos supera ya los 134 mil casos.
El año que acumuló más localizaciones fue 2024, con 22 fosas documentadas hasta el mes de septiembre. Le siguen 2022 (13), 2023 (10), 2020 (7) y 2021 (6). Sin embargo, el periodo específico que va de 2020 hasta 2024 es cuando se han detectado 58 fosas clandestinas vinculadas a feminicidios.

El informe consigna que al menos 25 de las mujeres asesinadas eran madres. A raíz de esos crímenes, 40 niños y adolescentes quedaron huérfanos. En varios casos, el feminicida también era el padre. Algunas mujeres fueron enterradas junto a niños y adolescentes, un detalle que las investigadoras consideraron particularmente revelador de la violencia ejercida contra ellas y su entorno.
“No nos bastó, en la mayoría de los casos, con ver las notas sobre esos crímenes. Tuvimos que hacer una investigación adicional sobre la víctima y el contexto de desaparición para definir si era un feminicidio”, explicó en conferencia Mariana Marchand, investigadora del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana y coautora del informe.
Andrea Horcasitas, también investigadora de la Ibero, detalló la rigurosidad del método empleado. “Fuimos muy cuidadosas de no nombrar feminicidio a cualquier fosa que tuviera víctimas mujeres; nos basamos en el Código Penal”, aseguró. Además, las autoras del estudio no se limitaron a contabilizar cuerpos de mujeres. Para establecer la conexión con el feminicidio cotejaron los relatos periodísticos de cada hallazgo con los criterios de género que la ley federal define para este crimen.
Enterradas en casa
En 48 casos fue posible identificar a un probable perpetrador. De ellos, el 81 por ciento correspondió a particulares, mientras que alrededor del 18 por ciento está relacionado con grupos criminales. En más del 40% de los casos documentados, el responsable tenía o había tenido un vínculo sentimental con la víctima.
Horcasitas subrayó una diferencia clave con otros tipos de fosas clandestinas: “Una particularidad de los feminicidios que terminan en inhumaciones clandestinas es que sí se reconstruye la historia de la persona”, afirmó. Según la investigadora, la familia activa la búsqueda de forma inmediata y la mayoría de los casos involucra a las parejas sentimentales. En algunos casos, los responsables confesaron el crimen e indicaron dónde habían escondido el cuerpo; en otros admitieron su participación, pero se negaron a revelar el lugar donde abandonaron a la víctima.

El estudio arrojó otro hallazgo que complica la búsqueda de justicia. El 60.7 por ciento de las fosas se encontraba en inmuebles privados, frente al 14.3 por ciento localizado en predios y proporciones menores en caminos, cerros, barrancas, pozos o cuerpos de agua. Del total de inmuebles privados, un 38.2 por ciento corresponden a propiedades de la propia víctima o del perpetrador, o de una propiedad que compartían juntos.
“¿Cuántas mujeres hay, con lo que determinamos, enterradas en inmuebles privados que no sabemos dónde están?”, planteó Marchand. La investigadora señaló que hay una alta posibilidad de que “muchas mujeres víctimas de feminicidio” no hayan sido encontradas todavía, “sobre todo por estas dificultades técnicas de buscar en inmuebles privados”. El acceso a estos espacios está vedado para las familias y también para las propias autoridades si no cuentan con una orden judicial o con indicios suficientes que justifiquen un cateo.
Marchand enfatizó que “las autoridades deben tener en cuenta estos hallazgos en inmuebles para después, de cierta manera, facilitar los cateos a las familias buscadoras”. La experta destacó que este hallazgo es “especialmente revelador” para dimensionar el fenómeno de fosas clandestinas vinculadas al feminicidio, una vertiente poco documentada de las crisis de desapariciones y de violencia feminicida en el país.
Alrededor del 70 por ciento de los casos documentados fueron reconocidos oficialmente como feminicidios, aunque Marchand señaló que no existen elementos para atribuir los casos restantes a un intento deliberado de invisibilizar el delito. Las investigadoras calificaron de “atípica” una característica de estas fosas. A diferencia de lo que ocurre en otros casos de inhumaciones ilegales, cuando el crimen está relacionado con feminicidio suele ser posible dar nombre a las víctimas y conocer los detalles de su muerte.





