Fuga en pozo de Pemex cumple 137 días sin control
Organizaciones acusan a Pemex de incapacidad y denuncian la opacidad en la medición de la calidad del aire tras incendio del pozo Krem 1.
Vacas muertas, tierra seca, plantas sin vida, agua aceitosa en los ríos y arroyos. Esto es a lo que se enfrentan las comunidades del municipio de Las Choapas, Veracruz, debido a la explosión del pozo Krem-1 desde el pasado 5 de marzo.
Han pasado 137 días y Petróleos Mexicanos (Pemex) no ha podido controlar la fuga en el corto plazo. Por ello, organizaciones como Conexiones Climáticas y la Alianza Mexicana contra el Fracking señalan incapacidad y falta de voluntad por parte de Pemex, y advierten que “si ahora existen zonas de sacrificio por la industria fósil, el fracking podría ser el siguiente desastre”.
En su nota informativa más reciente sobre esta problemática, Pemex notificó que el pozo Krem-1 será taponado definitivamente mediante la instalación de un nuevo sistema de válvulas y tuberías para detener el flujo, “cuya conclusión se estima en los próximos días”.

La empresa también afirma que el Instituto Mexicano del Petróleo ha estado midiendo la calidad del aire. Sin embargo, las organizaciones denuncian que no han sido presentados datos sobre los horarios, vientos, ubicación y límites de detección. Sin esta información, señalan, no es posible evaluar si las mediciones captaron picos, exposición intermitente o desplazamiento de oxígeno.
Las organizaciones subrayan, además, que se trata de “un desastre anunciado”: aunque la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) clasifica el descontrol del pozo en la categoría más alta de peligro, concluye de forma contradictoria que el riesgo es tolerable y que no representa una amenaza para la población ni para el entorno.
Los impactos de la explosión
La población de la zona afectada reporta dificultad para dormir por el ruido, intensos dolores de cabeza, náuseas, vómitos y dificultad para respirar, lo cual se agudiza por la precaria atención médica y el desabasto de medicamentos.
La contaminación ha dañado a otros seres, tales como animales de traspatio y ganado. Familias enteras, como la de la señora María Alegría Palma, han perdido su milpa y sus cosechas de árboles frutales.

“Estoy pasando una crisis difícil, pues la verdad, la verdad, estábamos tranquilos, felices. Yo me mantenía de mis animales pero se murieron todos, nomás quedan unos cuantitos. Mis hijos se quedaron sin trabajo porque todo se destruyó, está seco toditito, ¿y ellos en qué van a trabajar?”, se pregunta María Alegría en un video compartido por la Alianza Mexicana contra el Fracking.
Asegura que al principio, personal de Pemex visitó su ejido, Ignacio López Rayón –uno de los más afectados–, en donde le prometieron que en 15 días se resolvería el problema. En otra visita, le dijeron que en un mes. Actualmente, María Alegría menciona que Pemex no ha regresado al ejido.




