Comunidades del Totonacapan exigen remediación por daños de industria petrolera y fracking
Los daños causados afectan el acceso al agua y amenazan cultivos ancestrales como la vainilla de Papantla.
En los últimos meses se han acentuado las exigencias de las comunidades del Totonacapan afectadas por la industria petrolera en Veracruz. Cien años de extracción de petróleo en la región ya han provocado derrames, incendios, infraestructura abandonada y contaminación del aire, el agua y el suelo.
Hace unos días, defensoras de los municipios de Papantla, Poza Rica y Coatzintla, leyeron un pliego petitorio a legisladores y autoridades locales, en donde exigieron reparación integral de daños, la prohibición del fracking, vigilancia ambiental con participación comunitaria y la protección del agua y los bienes naturales.
Antes de esta reunión, realizaron un recorrido en los territorios afectados junto con integrantes de la Alianza Mexicana contra el Fracking.
En Totonacapan y la Huasteca, la fracturación hidráulica no es un asunto nuevo: desde hace 20 años se utiliza esta técnica en la región, sin consulta previa a sus habitantes. Tan solo en el municipio de Papantla –en donde se realiza fracking desde 1996– se han registrado más de 1,200 pozos operados bajo esta técnica.
Los pobladores han denunciado opacidad en distintas ocasiones, pues no han sido informados sobre las sustancias utilizadas para la fracturación de rocas y los impactos que esto produce. Distintas organizaciones socioambientales señalan que se trata de una violación sistemática al derecho al acceso a la información de las personas que viven en los entornos adyacentes a los pozos, particularmente el pueblo totonaco.
Esto contraviene los principios del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe (Acuerdo de Escazú).
“Vemos una distancia muy larga en la justicia porque realmente no ha habido reparación del daño y remediación. Y cuando se intenta hacer, lo que hacen es poner montones de tierra. Eso nos demuestra que la distancia es muy, pero muy larga, entre la comunidad, Pemex y el gobierno. Además, vivimos en una situación de falta de información y transparencia”, expresó recientemente en un conversatorio Rodolfo Bibiano Jiménez, joven totonaca de Papantla.

Peligro para el agua y para la vainilla de Papantla
En la cosmovisión totonaca, el agua tiene su propio dueño: el aktsiní, dios de la lluvia, el trueno y el relámpago, patrón del Tajín.
Para el pueblo totonaco, el fracking transgrede su cosmovisión porque esta técnica utiliza millones de litros de agua por pozo. “El Totonacapan ha sido testigo de cómo esta técnica desde el momento de exploración ha secado, desviado mantos acuíferos y contaminado cuerpos de agua como arroyos y manantiales, violentando el derecho de sus habitantes al acceso al agua limpia”, plantea en un comunicado la Coordinadora Regional de Acción Solidaria en Defensa del Territorio Huasteca- Totonacapan (Corason).
Comunidades en las que antes abundaba el agua, hoy están rodeadas de pozos donde brota crudo. En Reforma Escolín, Emiliano Zapata y Ojital Viejo, ahora compran agua para su consumo doméstico.
“Para los habitantes de Papantla, la falta de agua es sinónimo de perder la sangre de la tierra que da vida y alegría a la misma, desde que ya no tienen agua sienten tristeza, un sentimiento que lo asemejan a la muerte de una persona en la comunidad. Además de las afectaciones al agua, el fracking y toda la industria petrolera ha generado enfermedades y ha afectado la rica biodiversidad de esta región”, lamenta el colectivo Corason.
Los pobladores de la región también denuncian que el sector agrícola –eje socioeconómico e identitario de esta región– enfrenta una severa crisis debido a la crisis climática, agudizada por técnicas de extracción como el fracking.
Esta situación vulnera a las comunidades campesinas, cuya subsistencia depende de ciclos climáticos estables. Un ejemplo crítico ocurre en comunidades como Ojital Nuevo, donde las sequías prolongadas amenazan la supervivencia de la vainilla de Papantla, cultivo ancestral con Denominación de Origen desde 2009 y pilar de la cultura totonaca.
En localidades como Rafael Rosas, los constantes derrames de crudo han provocado la infertilidad de los suelos y la pérdida de cultivos.




