México, la capital latinoamericana de los ultraprocesados
Factores como los bajos ingresos de millones de personas, el ritmo de vida acelerado y la fuerte presencia de la industria alimentaria, han llevado a México a ser el cuarto consumidor mundial de productos ultraprocesados.
A pesar de esfuerzos como el etiquetado frontal en alimentos, México ocupa el primer lugar en producción y distribución de productos ultraprocesados en América Latina, y es el cuarto consumidor de éstos a nivel mundial, según información del Laboratorio de Datos contra la Obesidad (LabDO).
El LabDO atribuye el alto consumo de alimentos ultraprocesados en México al acelerado ritmo de vida en las ciudades y a las distancias y largas jornadas laborales que impiden la preparación de alimentos. “Comer fuera de casa se ha convertido en un estilo de vida, lo que ha impulsado una mayor demanda de alimentos que ahorren tiempo, facilitando a las personas opciones hipercalóricas, de bajo costo y amplia disponibilidad”, analiza el Laboratorio.
Existen otras razones: en México, 26.4 millones de personas no cuentan con ingresos suficientes para costear una dieta saludable. En su más reciente informe sobre seguridad alimentaria y nutrición en el mundo, la FAO y otros organismos internacionales revelan que el costo de una dieta saludable aumentó en el mundo a 4,28 dólares de paridad de poder adquisitivo, y fue América Latina y el Caribe la región con el costo más elevado con 4,91 dólares.
Además, la industria de ultraprocesados cuenta con gran capacidad de distribución masiva que llega hasta los rincones más aislados del país, en donde el consumo de alimentos frescos y tradicionales se ha ido desplazando.

Radiografía del consumo de ultraprocesados
Cada persona en México compra, anualmente y en promedio, 212 kilos de comestibles ultraprocesados. La Secretaría de Economía reporta que los productos que más se consumen son las botanas saladas, las bebidas azucaradas, dulces, chocolates, caramelos, pastelitos, galletas, pan dulce empaquetado y/o de caja, y sopas instantáneas.
Este panorama sitúa al país en una crisis de salud pública porque el consumo ilimitado de estos productos tiene implicaciones negativas, como el incremento de sobrepeso, obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, cáncer y un mayor riesgo de mortalidad.
Entre 2020 y 2023, el 40.4% de las y los adolescentes en México vivían con sobrepeso u obesidad, según Unicef. Como esta población es la que más consume ultraprocesados, los especialistas se enfocan en la prevención: aprender a interpretar las etiquetas nutricionales, dar prioridad a alimentos locales, moderar el consumo de comestibles nocivos, incentivar el ejercicio como parte de su rutina diaria.

El poder corporativo frente al derecho a la salud
Organizaciones como El poder del consumidor y Alianza por la salud alimentaria, entre otras, han difundido que la industria de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas interfiere sistemáticamente a nivel global y local para retrasar, debilitar o bloquear políticas públicas que buscan proteger la salud.
Subrayan que para defender sus intereses económicos, estas corporaciones despliegan un abanico de estrategias que van desde el cabildeo agresivo y las batallas legales, hasta la publicidad masiva y la creación de alianzas con grupos fachada para moldear la opinión pública a su favor.
Las organizaciones sostienen que esta interferencia llega a la captura corporativa de espacios clave como la academia y las instituciones gubernamentales y legislativas. Así, enfatizan, las empresas logran incidir directamente en las decisiones del Estado en detrimento de la salud de la población.





