La NASA confirma que microbios humanos sobreviven en la Luna
La NASA confirma que microbios de la piel humana son capaces de sobrevivir en el polo sur lunar. Esto complica la búsqueda de vestigios de vida en Marte.
La piel de los astronautas alberga millones de microbios, y ahora la NASA confirma que algunas de ellas podrían resistir en los rincones más sombríos del polo sur de la Luna. El hallazgo, publicado en Science Advances hace unos días, añade una capa de complejidad a la exploración humana del satélite.
Cada centímetro cuadrado de piel humana —aproximadamente la superficie que ocupa el borrador de un lápiz— contiene cerca de un millón de bacterias, según las estimaciones de la agencia espacial. Esa carga biológica, imposible de eliminar por completo, se desprende de los trajes y los hábitats durante las misiones espaciales. Mientras que los robots que preceden a los humanos pueden ser calentados hasta superar los 204 grados centígrados para eliminar la mayor parte de su carga orgánica, los astronautas viajan inevitablemente acompañados por su propia flora microbiana. La esterilización térmica, efectiva para sondas y vehículos automáticos, resulta impracticable en una misión tripulada.
Los investigadores seleccionaron cinco microorganismos asociados habitualmente a los entornos espaciales y a la piel humana. Entre ellos figuraba el Aspergillus niger, un hongo familiar en los hogares —presente en cuartos de baño y conductos de ventilación— que también ha colonizado, sin intención de sus anfitriones, los módulos de la Estación Espacial Internacional. Experimentos previos demostraron su capacidad para sobrevivir incluso en el exterior del laboratorio orbital.
La frontera biológica de la exploración espacial
La capacidad de supervivencia del hongo tomó por sorpresa a los investigadores. Aaron Regberg, geomicrobiólogo del Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston y coautor del estudio, confesó que su expectativa inicial era que los microorganismos sucumbieran a la desecación en un entorno tan hostil. “Habría esperado que estos microbios se hubieran secado”, afirmó.
Para determinar dónde podrían persistir, el equipo de investigación utilizó mapas de elevación y temperatura elaborados con datos del Orbitador de Reconocimiento Lunar, combinados con modelos de radiación ultravioleta. El análisis se centró en tres regiones cercanas al polo sur lunar —el borde del cráter Nobile, la Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache—, todas ellas consideradas como posibles lugares de alunizaje para la misión Artemis III.

El factor determinante es la geometría en los polos lunares. En los polos lunares, el Sol apenas se eleva por encima del horizonte. Su luz incide de manera rasante, de forma casi horizontal a la superficie. Ese ángulo casi transforma cualquier elevación del terreno —una montaña, el borde de un cráter, incluso una roca— en un muro de sombra. Estas zonas permanecen frías y protegidas de la radiación ultravioleta. Los modelos generaron mapas de estos refugios potenciales con dimensiones sorprendentemente variables. En el extremo más amplio, abarcaban el fondo de un cráter de más de un kilómetro y medio de diámetro. En el más pequeño, su extensión apenas superaba la superficie que ocupa la suela de una bota al pisar el regolito lunar.
De todos los organismos analizados, el Aspergillus niger resultó ser el más resistente a este clima y ambiente. Los modelos indicaron que el hongo podría mantenerse vivo incluso en áreas con cierta exposición a la luz solar, un hallazgo relevante porque la radiación UV es precisamente la herramienta que se utiliza para esterilizar superficies en los hospitales.
Los científicos subrayan una distinción fundamental: sobrevivir no equivale a crecer. En este estudio, la supervivencia se define como la capacidad de un microorganismo para mantenerse con vida durante al menos un día terrestre. La NASA aclara que no existe evidencia de que la Luna disponga de los ingredientes necesarios para que estos microbios se reproduzcan, como agua líquida estable, atmósfera o temperaturas moderadas. La preocupación es otra: que permanezcan en estado latente y terminen mezclándose con los materiales que los científicos llevan décadas esperando analizar.
Esa mezcla podría complicar la identificación de las señales químicas relacionadas con la historia geológica del satélite. Las implicaciones del estudio no se detienen en la superficie lunar. Si los microbios terrestres pueden confundir el registro geológico de la Luna, el desafío se multiplica en Marte en donde la NASA tiene planes de exploración humana para el futuro. Allí, donde la humanidad espera encontrar algún día evidencias de vida pasada, la capacidad de discriminar entre lo autóctono y lo transportado desde la Tierra se convertirá en una prueba de fuego para la ciencia.





