Regulaciones contra celulares en escuelas avanzan en 11 estados
Las entidades han aprobado medidas entre 2025 y 2026 que van desde modificaciones legales hasta protocolos administrativos, mientras estudios en la Ciudad de México revelan una brecha entre la percepción de estudiantes y docentes sobre el valor educativo del dispositivo.
Un total de 11 entidades federativas han implementado durante el último año distintas regulaciones para restringir el uso de teléfonos celulares en las escuelas, en un movimiento que coloca a México dentro de una tendencia global, aunque con un ritmo que especialistas califican como tardío frente a naciones como Brasil y Chile.
Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México, Tamaulipas, Querétaro, Guerrero y Morelos han aprobado disposiciones que, en su núcleo, prohíben el uso de dispositivos en el aula salvo que el docente lo autorice con fines pedagógicos. Las normas también incluyen restricciones para grabar o difundir contenido sin consentimiento dentro de los planteles, y en algunos casos contemplan el resguardo de los equipos y la aplicación de sanciones graduales.
Implementar estas medidas ha requerido distintas rutas. Ocho de estas entidades —Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México y Tamaulipas— modificaron sus leyes educativas para establecer las restricciones, de acuerdo con el documento “El impacto de las pantallas en las Niñas, Niños y Adolescentes en el aprendizaje y sus diversas repercusiones”, elaborado por la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública. En contraste, Querétaro, Guerrero y Morelos optaron por protocolos administrativos.
La discusión no es nueva en el ámbito internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha documentado que entre el 40% y el 50% de los estudiantes reconocen distracciones en clase atribuidas al uso de dispositivos móviles, una cifra que supera el promedio internacional. La UNESCO, por su parte, ha señalado que más de la mitad de los países del mundo ya han implementado regulaciones al uso de celulares en las escuelas. Para finales de 2024, 79 países —equivalentes al 40% del total— ya habían impuesto prohibiciones.
El debate académico: la mente extendida vs. la distracción
Más allá de las cifras, investigaciones recientes han puesto el foco en cómo estas regulaciones al uso de celulares y otros dispositivos digitales impactan en procesos cognitivos de las niñas, niños y adolescentes en las escuelas. Un estudio publicado a mediados de 2025 en la Revista de Investigación Educativa, Intervención Pedagógica y Docencia (RIEIPD), de la Unidad Académica de Docencia Superior de la Universidad Autónoma de Zacatecas, analizó el fenómeno en una escuela secundaria pública de la alcaldía Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México.
Los autores, Luis Fernando Castañeda Fuentes, de la Universidad Rosario Castellanos, y Karen Fernanda Amezcua Kosterlitz, de la UNAM, aplicaron cuestionarios a 298 estudiantes y 37 docentes entre el 24 de junio y el 26 de julio de 2024. Los hallazgos revelan una desconexión profunda. Mientras los estudiantes consideran que los teléfonos son herramientas valiosas para reforzar el aprendizaje, colaborar en proyectos y responder rápidamente a preguntas académicas, la mayoría de los docentes asocia el celular principalmente con distracciones, pérdida de atención y un impacto negativo en el rendimiento académico.

Esta brecha tiene consecuencias concretas. El estudio respalda la hipótesis de que las restricciones limitan el proceso de “extensión de la mente”, es decir, la capacidad del dispositivo para funcionar como una prótesis cognitiva que apoya la búsqueda de información, la retención de conocimiento y la resolución de tareas complejas. Restringirse el acceso en el aula –más como una prohibición que como un proceso de deliberación y participación con el estudiantado–, se frena el potencial de los dispositivos digitales para actuar como memorias externas o aprender a usarlos de manera creativa o como métodos de gestión del conocimiento.
Los investigadores advierten que las regulaciones que prohiben los celulares echan de menos la posibilidad de usar el dispositivo de manera constructiva para apoyar la concentración y las habilidades cognitivas cuando se emplean adecuadamente en las escuelas. En la práctica, el uso que los estudiantes dan al celular se limita a funciones utilitarias —como buscar datos rápidos— sin que se integre en procesos que transformen su estructura cognitiva, lo que refleja una falta de estrategias pedagógicas que aprovechen el potencial tecnológico.
Sin embargo, la discusión no está zancada. En otros países de América Latina, la prohibición tajante del uso de celulares ha mostrado ser benéfica para las poblaciones infantiles y adolescentes.
Brasil y Chile aceleran, México se rezaga
Mientras México avanza por entidades, otros países de América Latina han optado por leyes nacionales. Brasil introdujo la prohibición a nivel federal tanto al interior de las aulas como en los recreos en todos los planteles de primaria, secundaria y bachillerato a principios de 2025. Un estudio reciente de la Escuela de Educación de la Universidad de Stanford encontró que, a tan solo meses de su entrada en vigor, la medida mejoró los resultados en matemáticas y lengua, además de aumentar los niveles de atención y la interacción entre maestros y alumnos.
Chile, por su parte, aprobó el 2 de diciembre de 2025 una ley nacional que prohíbe el uso de teléfonos inteligentes en todos los planteles escolares públicos y privados, con vigencia a partir de marzo de 2026. El ministro de Educación chileno calificó el uso descontrolado de estos dispositivos en las aulas como una “pandemia” y un “flagelo que no tiene control”.
Especialistas señalan otros beneficios de regular el uso de celulares más allá del rendimiento académico. Reducir el uso de dispositivos móviles puede reducir la incidencia de acoso escolar y el ciberbullyng, por ejemplo, mejorando la salud mental, las habilidades sociales y el bienestar de la planta estudiantil.

Más que prohibir, formar
Las políticas de restricción, por sí solas, no resuelve la crisis de atención provocada por el abuso de pantallas, insisten académicos y especialistas educación. Fernando Castañeda y Fernanda Amezcua subrayan la urgencia de capacitar al profesorado en metodologías activas para un entorno digital, e invitan a redefinir las políticas educativas para transitar de la prohibición a una integración estratégica, regulada y pedagógica del dispositivo móvil. Advierten que la percepción docente desfavorable y la falta de formación impiden que el celular se convierta en una herramienta de efectiva que, además, se adapte al contexto cotidiano de los estudiantes.
Pero esta opinión se limita a las condiciones en que los académicos realizaron su estudio, tal como ellos mismos reconocen. La muestra se limitó a una sola escuela pública, en un contexto urbano, y no analizó a la población a lo largo de un periodo de tiempo prolongado.
Aun así, la discusión no termina. Mientras la regulación avanza, queda todavía pendiente la maner en que la pedagogía integrará a la tecnología a los procesos de aprendizaje e impulsará, o no, la alfabetización digital para que los alumnos puedan usar estas herramientas de manera constructiva cuando se encuentren fuera de las aulas.




