Fábrica de Periodismo
Reportajes
Apoyar a la Fábrica
Manos a la piedra: <br>dos décadas de La Ceiba Gráfica 
Foto: cortesía La Ceiba Gráfica
Cultura

Manos a la piedra:
dos décadas de La Ceiba Gráfica 

El arte litográfico adaptado a un taller comunitario en Veracruz

Publicado el 6 de septiembre 2026
  • Cultura

Un sueco que llegó en barco carguero y un artista autodidacta mexicano fundaron en una antigua hacienda esclavista un taller que fabrica a mano todo lo que necesita para hacer litografía: piedra, tinta, papel y prensa. A 200 años de la llegada de la técnica litográfica a México, La Ceiba Gráfica cumple 20 como un ecosistema de soberanía artística.

Durante más de 200 años, los litógrafos creyeron que sólo la piedra caliza de Alemania podía recibir el trazo de un lápiz graso y devolverlo con su delicada precisión en un papel. Esa certeza, repetida durante generaciones, funcionó como un dogma: importar desde Europa estas enormes piedras, y desde Japón o Francia el papel. Esa era la única forma de hacer litografía.

En Coatepec, Veracruz, un taller comunitario ha roto esa máxima. Aquí la piedra no viene de Baviera, sino desde las montañas de Tatatila; la arena para pulirla no llega de Europa, sino de las playas de Alvarado; el papel se fabrica con la extracción de la fibra de un árbol milenario, y la prensa no es una máquina de decenas de miles de dólares, sino una estructura de madera construida a mano por un carpintero de la región.

–Por más de 200 años se pensó que el material lítico importado de Alemania era el único óptimo para hacer litografía. Nosotros rompimos este mito con el mármol mexicano –afirma Per Anderson, artista sueco radicado en México y uno de los fundadores de La Ceiba Gráfica.

La Ceiba Gráfica
La litografía es una técnica codiciada: permite a los artistas reproducir cientos de copias de su obra, sin perder detalles ni sutilezas del trazo | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

Ubicado en la ex-Hacienda de la Orduña, un lugar donde durante siglos se esclavizó a jornaleros para la industria cañera y cafetalera, La Ceiba es hoy uno de los epicentros de las artes gráficas en México. 

En tan sólo dos décadas, este espacio ha logrado una hazaña: fabricar las prensas, rodillos, máquinas, tintas, papel y todo tipo de insumos con materiales y artesanos locales con el fin de mantener vivas técnicas milenarias como la estampa, el huecograbado, la impresión en bajo relieve, el Moku Hanga o grabado japonés y, especialmente, la litografía: una técnica codiciada por artistas y grabadores de todo el mundo. 

Por las prensas de La Ceiba Gráfica ha pasado la producción artística de maestros como Francisco Toledo, Germán Venegas, José Luis Cuevas, Gilberto Aceves Navarro, Flor Minor, Shinzaburo Takeda e Irma Palacios. Asimismo, su catálogo de artistas incluye a los hermanos Francisco y Alberto Castro Leñero, Estrella Carmona, Robert Turnbull, Gustavo Monroy, Demian Flores, Luis Argudín, Raúl Herrera, Nunik Sauret y Carlos Gutiérrez.

Para “embellecer Oaxaca”, el gobierno municipal se lanza contra artistas urbanos

Una ceiba majestuosa

Afuera, una ceiba de siete décadas extiende sus ramas sobre la entrada de la hacienda. Sembrada por los antiguos propietarios, vigila el paso de los artistas que llegan de todo México y el mundo. Adentro huele a tinta, a madera recién cortada, a café cultivado y tostado en el mismo huerto. El sonido de las prensas es un rumor constante.

La Ceiba Gráfica ocupa una enorme casa cuya última remodelación data de 1950. Hoy, los pisos de mosaicos originales —rescatados de talleres cerámicos de Xalapa y Coatepec que los tenían arrumbados en viejas bodegas— han recuperado su color.

–Hallamos varios talleres y aunque ahora se dedican a otros procesos, lograron sacar los moldes y las máquinas antiguas de sus viejas bodegas –cuenta Martin Vinaver, artista multidisciplinario y cofundador de La Ceiba–. Nos llevamos todo para elaborar y recuperar los mosaicos originales que decoraban los pisos de La Ceiba Gráfica y creamos otros diseños con la misma técnica.

Todo aquí es hecho a mano, a partir de sus técnicas originales. Incluso los muebles fueron diseños que Per Anderson trazó a lápiz y que después manufacturaron carpinteros de la región con madera de ciprés resistente a la polilla. Más que un taller de arte, esto es una fábrica artesanal, un laboratorio o un almacén vivo de objetos rescatados.

Prensa litográfica en La Ceiba
Prensa litográfica en La Ceiba
Prensa litográfica en La Ceiba
Prensa litográfica en La Ceiba
Prensas litográficas en La Ceiba Gráfica | Fotos: cortesía

En una mesa, un artista extranjero —uno de los más de mil 300 que han pasado por aquí desde 2005— traza un dibujo sobre un bloque de mármol con un lápiz graso. Su mano se mueve lenta, porque el trazo no admite correcciones: lo que dibuja sobre la piedra será lo que después se imprima en el papel.

A unos pasos, una joven prepara tinta. El aceite de linaza ha estado hirviendo durante dos horas, hasta alcanzar los 340 grados. Ahora espeso y oscuro, se mezcla con pigmento negro que ella recolectó en las panaderías de Coatepec: el tizne de las charolas y el hollín de las chimeneas. Luego añade cebo de borrego de los ranchos de Orizaba, cera de abeja y colofonia, una resina extraída de los pinos del bosque de niebla que rodea el valle. La mezcla se extiende sobre el mármol con un rodillo de cuero curtido en una tenería de Orizaba.

No hay catálogos de proveedores internacionales en La Ceiba. No hay facturas en dólares ni envíos de papel desde París o Chicago. Cada elemento que sostiene esta técnica —la piedra, la tinta, los lápices, el papel, la prensa, los muebles, todo— ha sido fabricado, recolectado o adaptado en un radio de pocos kilómetros. Los carpinteros son de Coatepec, San Marcos y Xico; los mecánicos que fabrican las imprentas, de Orizaba; los panaderos, de la misma calle.

Tal es la hazaña de este lugar: dos décadas de trabajo para demostrar que la litografía no necesita venir de fuera.

–La Ceiba Gráfica ha logrado involucrar a muchísimos artesanos, carpinteros, torneros, mecánicos, fundidores, especialistas en electricidad, biólogos, químicos –afirma Per Anderson–. Este es un espacio que se hace depender de recursos humanos y les da empleo a muchas personas, no sólo a las 20 que trabajan a diario al interior de este centro de artes.

Per Anderson de La Ceiba Gráfica
Per Anderson, uno de los fundadores de La Ceiba Gráfica, llegó de Suecia a México atraído por su lectura de Los Hijos de Sánchez, de Oscar Lewis | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

Llegar en un barco carguero

Esa obsesión por lo local no nació en La Ceiba, sino medio siglo atrás, cuando un joven sueco cruzó el Atlántico con una idea fija: entender el México que había leído en un libro.

Per Anderson nació en Malmö, Suecia, en 1946. Se formó como grabador en Estocolmo, donde le tocó vivir la efervescencia de los movimientos estudiantiles de finales de los sesenta. Un viejo profesor le dio entonces un consejo que marcaría su vida: “Para tener perspectiva en el arte, hay que moverse de lugar y abrir los dos ojos. Sólo así lograrás observar bien el mundo”.

Per eligió México. No tenía familiares ni conocidos aquí. Pero había leído Los hijos de Sánchez, del antropólogo Oscar Lewis, y la crónica de la pobreza mexicana lo había impactado. A los 24 años, dejó Estocolmo y se embarcó en Bilbao en el carguero Covadonga. Tras un mes de travesía, desembarcó en el puerto de Veracruz.

Se inscribió como alumno oyente en la Academia de San Carlos de la UNAM, pero la capital no era el México que buscaba. Preguntó por los “hijos de Sánchez” y le dijeron que ya no vivían en Tepito, sino en Nezahualcóyotl. Allí se instaló, en una vivienda precaria, sin agua potable ni drenaje regular.

Fue en Neza donde Per aprendió español, ayudando a los niños del vecindario con sus tareas de primaria. Y fue allí también donde entendió algo que marcaría el resto de su carrera: la creatividad no surge de la abundancia, sino de la escasez.

En 1974, Carlos Jurado fue nombrado director de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana en Xalapa. Fue él quien invitó a Per Anderson a regresar a Veracruz | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

–No conocía a nadie y me volví más observador; aprendí a solucionar problemas –recuerda–. En mi país todo está ordenado, no falta nada. Pero en Neza, si se rompía un vidrio de la ventana, tapaban el hoyo con papel periódico; si a un auto le robaban el tapón de la gasolina, le colocaban un trapo… buscaban alternativas todo el tiempo. 

En la Academia de San Carlos, Per encontró un ambiente efervescente, marcado por los vínculos entre el arte y las movilizaciones sociales de obreros, maestros y ferrocarrileros. Allí conectó con creadores de la tercera generación del Taller de Gráfica Popular, por ejemplo. Así fue hasta que, en 1974, Carlos Jurado, pintor, grabador, muralista, fotógrafo y recién nombrado director de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana en Xalapa, lo invitó a regresar a Veracruz, el lugar donde él había desembarcado. Quería que se sumara al cuerpo docente. 

Per aceptó sin dudarlo. 

La Revolución Permanente

Los procesos primitivos

En Xalapa, Per conoció a Martin Vinaver, un joven artista autodidacta de apenas 15 años que crecía en el rancho de su padre, el fotógrafo francés George Vinaver, y la bailarina, coreógrafa, escultora y actriz mexicana Rocío Sagaon –su nombre real fue Rosa María López Bocanegra, era hermana del prominente fotógrafo Nacho López–. 

Jurado también invitó a Martin a incorporarse a la Facultad de Artes, lo cual fortaleció la amistad entre Per y Martin. Pronto, ambos notaron los obstáculos que enfrentaba la Universidad Veracruzana: los estudiantes carecían de un espacio real para poner en práctica lo que aprendían en las aulas. En Suecia, Per había aprendido en talleres perfectamente equipados. Pero en Xalapa, montar un taller de litografía era una utopía.

De entrada, los costos eran altísimos: la piedra litográfica venía de Alemania a un precio elevado, las prensas estadounidenses costaban hasta 22 mil dólares, los rodillos de cuero más de 400 dólares y las tintas llegaban de París o Chicago. Un alumno que quisiera montar su propio taller necesitaba al menos un millón de pesos.

–Como profesores nos preguntábamos: ¿vale la pena enseñarles a los alumnos algo que, después, no van a realizar, una vez que egresen de la escuela? –recuerda Per–. Queríamos escapar de esta ratonera en la que nos mantenía esa dependencia total de productos importados. Nos tomó mucho tiempo resolverlo.

-¿Le plantearon a Carlos Jurado la urgencia de hallar alternativas?
-Carlos también impartía clases de fotografía y como artista hacía serigrafía, así que entendió bien nuestro proyecto –responde Per–. Él mismo retomó los procesos primitivos de la fotografía al revitalizar el uso de la cámara estenopeica (una caja oscura con un diminuto orificio por donde entra la luz) para que todos sus alumnos lograran tomar fotos, sin necesidad de comprar una costosa cámara profesional. 

Fue hasta 1990 que encontraron el secreto. Per decidió asistir a un célebre simposio de litógrafos que se celebra cada cuatro años en Europa. Allí, un viejo impresor de la República Checa le contó una historia: tras la Segunda Guerra Mundial, las piedras litográficas de la Academia de Artes de Praga quedaron destruidas. Pero, entre los edificios bombardeados, hallaron fragmentos de escaleras de mármol que cortaron en bloques y pulieron con una arena especial, con buenos resultados.

–Esa conversación me dio la clave –dice Per. 

Martin Vinaver
Martin Vinaver tenía 15 años cuando conoció a Per Anderson, desde entonces ambos han estado involucrados en la adaptación de procesos y técnicas gráficas al contecto mexicano | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

Tiempo atrás, había ubicado una mina de mármol en el municipio de Tatatila, Veracruz, donde la extracción se hacía con un largo hilo de acero, sin dinamita, para que el material no se contaminara.

Al regresar a México, Per y Martin viajaron a Tatatila, a una hora de Xalapa, y adquirieron varias placas de mármol a 500 pesos el metro cuadrado. Todavía faltaba un elemento: arena de sílice con granos limpios, duros y sin tierra, indispensable para pulir la superficie y darle la porosidad necesaria. Les sugirieron ir al municipio de Alvarado, Veracruz, donde las playas ofrecen arena de dióxido de silicio de alta pureza.

Sometieron el material a una prueba de fuego: cernieron la arena sobre el mármol y lo pulieron con movimientos homogéneos hasta lograr una superficie mate pero microporosa, que permitiera fijar el trazo del lápiz. Los bloques respondieron bien. Más tarde sabrían que aquel mármol veracruzano contenía un 98% de carbonato de calcio puro, una sustancia idónea para la litografía.

Vicente y los otros Rojos comunistas

Pepenadores de objetos

Con la piedra resuelta, el equipo —al que se había sumado el fotógrafo Adrián Mendieta— se volcó a construir las prensas. Per investigó en libros antiguos, visitó museos, consultó manuales y recibió incluso una carta de David Takas, director de la empresa estadounidense que fabricaba las prensas de 22 mil dólares, con especificaciones técnicas para construir sus propias máquinas.

Prensa litográfica en La Ceiba
La Ceiba Gráfica
La Ceiba Gráfica
La Ceiba Gráfica
Fotos: cortesía La Ceiba Gráfica

Per trazó a lápiz sus diseños. La primera prensa, una mezcla entre el modelo alemán y el francés, fue construida en Coatepec por el herrero Enrique González, quien elaboró las partes metálicas, mientras Per se encargaba de la madera. El costo total fue de apenas 25 mil pesos, frente a los 150 mil que valía una prensa importada. Hoy, las prensas de La Ceiba las fabrica el taller de Erick Torres en Orizaba, Veracruz.

Pero no sólo construyeron prensas. Per también diseñó y fabricó cinco pilas holandesas —un mecanismo inventado en Holanda en 1650 que originalmente se movía con molinos de viento— para producir papel hecho a mano. “Logré construir cinco pilas para que las fibras de algodón se entrelacen en muchos puntos produciendo así un papel fuerte y bien anclado”, explica.

Para conseguir materiales, los integrantes de La Ceiba se convirtieron en “pepenadores de objetos”, según se definen. Recorrieron depósitos de desechos industriales en Coatepec donde Coca-Cola y Nestlé abandonan maquinaria vieja. Per acudía a ese sitio con su amigo mecánico Francisco Beltrán, en busca de motores, soportes, llaves de acero y cables. “Aprovechamos todo, conseguimos piezas buenísimas que, de otra forma, no podríamos adquirir por sus costos”, dice.

Prensa litográfica
En La Ceiba cada máquina y material usado está hecho a mano, con insumos que pueden encontarse a pocos kilómetros de distancia, por artesanos de la región | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

Cada seis meses, Per recorría hoteles de Xalapa y el Puerto de Veracruz en busca de toallas viejas de algodón. Convencía a los gerentes: “Tu pantalón más viejo y gastado puede cumplir una última misión: convertirse en papel y ser portador de una idea o sentimiento en una obra de arte”. Las toallas donadas se transformaban en papel artesanal.

También descubrieron otra fuente: en el puerto de Veracruz, los trenes descargaban enormes rollos de papel de 350 kilos que, al caer al suelo durante la maniobra, quedaban manchados y eran descartados por la industria. Per preguntó al encargado qué hacían con ellos y consiguió que le donaran varios. “Salí feliz de allí. Conseguí un transporte para trasladar los rollos hacia La Ceiba Gráfica. Así nos abastecemos con material de extraordinaria calidad que desecha la industria y lo aprovechamos para nuestro taller de papel”, comenta.

Tinta y bambú: de Japón a Coatepec

La Ceiba Gráfica se ha alimentado de los intereses minuciosos de cada una de las personas involucradas en su funcionamiento. Antes de que se fundara el taller y asociación civil, por ejemplo, Martin Vinaver viajó a Japón a estudiar el Moku Hanga: una técnica de grabado con 300 años de antigüedad. 

–Estudié esta técnica en Japón durante cuatro años. Todo es manual, sin máquinas –especifica Martin–. Al regresar a Veracruz, decidí con Per que también enseñaríamos este arte. Comencé a buscar todos los insumos que se necesitan para adaptar el Moku Hanga a la realidad de México.

Para hacer este grabado japonés se necesitan gubias, por ejemplo, herramientas con afiladas hojas de acero necesarias para el grabado. Martin visitó a un artesano de Coatepec y le preguntó si podía fabricarlas El artesano respondió: “Mira, hay otra manera de hacer las cosas. Tengo un tambache de limas de acero super duro que se utilizaban para lijar metal. Probaré para hacer las hojas afiladas que necesitan tus gubias.” Utilizó una máquina esmeriladora para darles forma, les colocó mangos de madera de encino asegurados con anillitos de cobre.

Martin Vinaver
Martin Vinaver viajó a Japón a estudiar el Moku Hanga: una técnica de grabado con 300 años de antigüedad | Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

La elaboración de las tintas ha sido un proceso más lento. Durante años, Martin recolectó tierras de la región con diversas tonalidades, las limpió y cernió hasta convertirlas en finos polvos de colores. “Esos polvitos de colores se mezclan con un engrudo hecho con arroz”, explica.

Otra de las herramientas que construyó Martin fue el Baren, un soporte manual en forma de disco plano que se usa para frotar el reverso del papel sobre una matriz de madera entintada. Este material requiere del uso de bambúes que, por fortuna, estaban disponibles en el rancho familiar.

De esta forma, Martin Vinaver logró poner en práctica una técnica tradicional del grabado que en México no existía. Hoy, La Ceiba Gráfica imparte el Taller de Moku Hanga, que está a cargo de Marco Antonio Avilés Herrera, egresado de la Facultad de Artes Plásticas y miembro del equipo desde 2018.

Un bosque de Kozos

El camino ha implicado resolver problemas al vuelo. Cinco años después de inaugurar La Ceiba Gráfica, por ejemplo, el equipo notó que el papel que estaba fabricando con las toallas de los hoteles comenzaba a mancharse de amarillo. Pronto notaron que el problema no era su técnica para fabricarlos, sino la calidad del algodón: de golpe, todas las toallas comenzaron a usar nylon y las lavanderías utilizaban cada vez más aditivos para suavizar y perfumar los tejidos.

Fue cuando Martin Vinaver recordó que, en Japón, se usa papel de fibra de Kozo: un árbol milenario de Asia. Intentó conseguir semillas pero los japoneses –asegura– “no comparten sus secretos”. La búsqueda los llevó a Atlanta, lugar donde visitaron un museo dedicado al papel hecho a mano con una exposición dedicada al Kozo. 

La directora del museo los puso en contacto con un profesor de la Universidad de Alabama, quien respondió: “Aquí tengo plantitas de Kozo, vénganse y se las regalo”. 

–No perdimos tiempo y viajamos a Alabama -explica Martin-. Llegamos al día siguiente y el profesor ya nos esperaba en el campus de la universidad. Caminamos hacia el jardín botánico, donde tenía sembradas aquellas pequeñas plantas de Kozo, de tallo duro y ramificado. Fue la primera vez que vi una.

El profesor extrajo un par de plantas con sus raíces y las envolvió en periódico húmedo. Las colocaron bajo el asiento del auto y regresaron a México. 

Es difícil comunicar el entusiasmo que sentían. No se comparaba con lo que sucedería meses después cuando Per recibió un puñado de semillas de Kozo de Juan Barbé, uno de los expertos en papel más importantes de España, a quien había conocido en uno de esos místicos encuentros de litógrafos en Europa.

Con ayuda de un agrónomo, hoy La Ceiba Gráfica cuenta con mil ejemplares de Kozo plantados en Coatepec. Elaboran 200 hojas diarias de papel artesanal de distintos gramos, que se usan para litografía, acuarela, grabado, impresiones digitales, libros y encuadernaciones.

Recuperar el arte colectivo

El modelo de La Ceiba Gráfica trasciende al de un taller comunitario convencional. Desde mediados de 2005, el Programa de Residencias por Intercambio de Trabajo ha albergado a más de 1.300 huéspedes de todo el mundo, incluyendo artistas de Canadá, Argentina, Chile, Colombia, Inglaterra, Francia, España, Italia, Suecia, Japón, Australia y Estados Unidos. Este verano, 15 artistas seleccionados comenzarán su residencia a partir del 23 de agosto.

La Ceiba Gráfica
Foto: cortesía La Ceiba Gráfica

Pero el conocimiento generado en Coatepec no se quedó allí. Egresados del taller han impulsado la creación de más de 40 espacios de litografía en todo el país, desde Mérida hasta Tijuana.

–Lo que comenzamos dos personas hace 52 años, ahora se multiplica. La intención no es ganar dinero, sino ofrecerle a la comunidad artística piedra, tinta, prensa y papel a bajo costo para que logren realizar sus trabajos –concluye Per.

México celebra este año 200 años de litografía (1826-2026). En ese marco, La Ceiba Gráfica Centro de Producción, Educación y Residencias Artísticas –el nombre completo del espacio impulsado por la asociación civil Artistas Veracruzanos Bajo la Ceiba– lanzó la convocatoria para su Concurso de Litografía sobre Piedra Mexicana. La exposición colectiva se inaugurará el 14 de noviembre y, a partir de esa fecha, comenzarán un ciclo de charlas, mesas de diálogo y conversatorios sobre el pasado y el futuro de la litografía en el país.

Bajo la ceiba de la vieja hacienda, el mármol de Tatatila sigue siendo pulido con arena de Alvarado. La litografía, que parecía una técnica en extinción, ha encontrado en un rincón de Veracruz no sólo un taller, sino un ecosistema completo, sano y vigoroso, que se ramifica por todo México y otros rincones del mundo.

Síguenos en flipboard

Síguenos en Flipboard

Por Carmen García Bermejo

Las andanzas de un poeta en Milpa Alta

    Las andanzas de un poeta en Milpa Alta

    Más de medio siglo después, la figura del poeta Abigael Bohórquez sigue iluminando a quienes lo conocieron en Milpa Alta. Un libro reúne los testimonios de 20 de sus alumnos y revela la historia de un poeta inundado de ternura y rebeldía que cambió para siempre a una generación de jóvenes.
    29.08.26
    Ver todos nuestros reportajes

    La actualidad de la fábrica directo a tu buzón.

    Suscríbete a nuestra newsletter vía correo electrónico o a nuestro canal de WhatsApp y te enviaremos lo más relevante de Fábrica de Periodismo.


    Unirse al canal
    Fábrica de Periodismo

    Síguenos:

    Fábrica de:

    • Reportajes
    • Investigaciones
    • Entrevistas
    • Noticias
    • Cómo aportar
    • Nosotros
    • Contáctanos
    • Aviso de privacidad
    Fábrica de Periodismo

    Fábrica de:

    • Inicio
    • Reportajes
    • Investigaciones
    • Entrevistas
    • Noticias

    Explorar por tema:

    • Cultura
    • Derechos Humanos
    • Internacional
    • México
    • Seguridad
    • Sociedad
    • Nosotros
    • Contáctanos
    • Cómo aportar
    • Aviso de privacidad