
Más de 100 mil migrantes de origen haitiano viven en México. La violencia armada de su país les empuja hacia Estados Unidos, pero México los retiene con trámites enredosos o con operativos de la Guardia Nacional. Cuando llegan a la capital, la hostilidad chilanga los orilla a las periferias, en donde la vida se limita a pocas cosas: esperar en las banquetas, buscar hospedaje y conseguir trabajo como cocinera en alguna fonda, o cargando fardos de ropa en los tianguis de paca.








